El conflicto diplomático por las Islas Malvinas sumó un nuevo capítulo luego de que un cable filtrado generara tensión entre gobiernos. Sin embargo, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, buscó bajarle el tono a la controversia al calificar el documento como "solo un email".
La controversia se desató tras la filtración de un cable diplomático que sugería que Estados Unidos podría revisar su respaldo a territorios considerados "posesiones imperiales", entre ellos las Islas Malvinas. El documento, según trascendió, habría sido redactado por un funcionario de bajo rango y planteaba posibles represalias contra aliados que no apoyaran la estrategia militar en Medio Oriente. Entre esas opciones figuraba la posibilidad de reevaluar el apoyo diplomático a enclaves europeos, lo que encendió alarmas tanto en Argentina como en el Reino Unido.
Frente al revuelo generado, Rubio salió a descomprimir la situación en declaraciones al medio británico The Telegraph. "Fue solo un email. La gente se está entusiasmando demasiado con un email. Era solo un email con algunas ideas", afirmó el jefe de la diplomacia estadounidense.
Sus dichos apuntaron a descartar un cambio real en la política exterior de Estados Unidos respecto a las Malvinas. De hecho, voceros oficiales ratificaron que Washington mantiene su histórica postura de neutralidad en el conflicto de soberanía. "Nuestra posición sigue siendo de neutralidad. Reconocemos que existen reclamos de soberanía en disputa entre Argentina y el Reino Unido", señaló un portavoz del Departamento de Estado.
La respuesta argentina
Desde Argentina, el presidente Javier Milei volvió a insistir la semana pasada en el reclamo histórico. "Las Malvinas fueron, son y serán argentinas", expresó en su centa de X. En la misma línea, la vicepresidenta Victoria Villarruel fue más contundente al sostener que los habitantes de las islas “son ingleses que viven en territorio argentino” y que, si se consideran británicos, “deberían regresar a su país”..
A pesar del ruido diplomático, fuentes tanto estadounidenses como británicas citadas por The Telegraph coincidieron en que el memo no representa una política oficial ni un cambio de rumbo en la postura de Washington. En ese marco, también se conoció que Milei decidió suspender un viaje previsto al Reino Unido, donde tenía planeado reunirse con Starmer. Según trascendió en el medio extranjero, la decisión se tomó antes de que estallara la polémica y respondió a cuestiones de agenda.
