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Encuentro Plurinacional en Córdoba: el feminismo recupera su potencia de tsunami

El 39° Encuentro desborda las calles, las plazas y los talleres de Córdoba. Frente a las violencias, el endeudamiento y los ataques del gobierno de Milei, mujeres y disidencias se reúnen para escuchar, discutir e imaginar estrategias políticas. Una crónica de la marea que vuelve a crecer: paciencia con el gobierno es lo único que falta.

10 de octubre, 2026 | 21.45

Al atardecer, ya con la lluvia conjurada detrás de unos tajos rosados en el cielo, el centro de la ciudad de Córdoba había expulsado al tránsito para dejarse recorrer por más de una manifestación. La más grande fue la que denunció los travesticidios y transfemicidios, crímenes alentados por el odio y también por la brutalidad policial. Cinco cuadras de la avenida General Paz cubiertas de cantos, de redoblantes, de banderas, de rabia y de dolor por Azul Semechenko, por Sofía Fernández, Fernanda Arias, Diana Sacayán, por Tehuel de la Torre, el joven transmasculino que sigue desaparecido, entre tantos otros nombres, se iban a encontrar en la puerta del Patio Olmos con el kufiyazo que denunció el genocidio sobre el pueblo palestino. Cerca de esa zona elegante, otras plazas se llenaban de gente porque en este 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans y No Binarias se multiplican las causas, las referentes, el deseo de estar con otres y con otras, de imaginar futuros libres de fascismo y de racismo, de dejar de ponerle el cuerpo a los cuidados y el tiempo a pagar las deudas al sistema financiero. El Encuentro, como se lo llama sin más entre quienes le dan esa vitalidad desbordante que ya se vio en las calles, recuperó su potencia de tsunami.

Para que lo entiendan quienes nunca tuvieron la oportunidad de asomarse a uno: el Encuentro es una herramienta política que desde hace 40 años viene demostrando su capacidad de transformación social, de transversalidad política, de ser laboratorio de politización para más de tres generaciones. Desde la ley de divorcio hasta la de acceso al aborto legal, seguro y gratuito, pasando por el cupo femenino o la ley de fertilización asistida, estos encuentros fueron el terreno de elaboración de esas herramientas legales que permitieron ganar cada vez más autonomía para mujeres y disidencias sexuales. Los Encuentros son una fuerza descomunal que fue hackeada por la pandemia —porque parte de su poder es el encuentro federal cuerpo a cuerpo— pero que ahora vuelve a desplegar masividad, heterogeneidad, capacidad política, hartazgo frente a los ataques del gobierno fascista, el endeudamiento, la intención declarada del mileísmo de exterminar los lazos sociales, sindicales, comunitarios.

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La apertura había sido a la mañana sobre la diagonal Hipólito Yrigoyen, pleno centro de Córdoba. El escenario se montó frente al Museo El Buen Pastor y se recordó la gesta de la fuga de presas políticas, en los ’70, de esa cárcel que supo ser manejada por monjas; en esa memoria combativa se referenció la Comisión Organizadora que se forma cada año en distintas ciudades. La entrada de referentes de distintos pueblos preexistentes a la nación argentina llegó con el aroma de las plantas medicinales, las que abren el pecho y el corazón cuando se las quema. El humo envolvió las palabras de las mujeres del pueblo comechingón, de las afrodescendientes de las poblaciones esclavizadas, de quienes trajeron la memoria del pueblo Quilmes, expulsado de los Valles Calchaquíes, pero que, en el sincretismo de la supervivencia, hizo de las coplas su propio canto de guerra. Después subieron las familias de víctimas de femicidio, algunas de las miles que se acumularon en estas décadas de Encuentros itinerantes por todo el país. Araceli Fulles, Wanda Taddei, Agostina Vega, la niña de 15 que conmovió al país antes del último 3 de junio, cuando se cumplieron once años del primer grito de Ni Una Menos que politizó esas muertes cotidianas. Ninguna enumeración de nombres sería posible: cada 30 horas una mujer o una travesti es asesinada en nuestro país y, en el 80 por ciento de los casos, por alguien a quien habían amado o conocido, o en quien habían confiado.

Fue un acto largo el de apertura, siguió aunque muchas, muchxs de quienes literalmente tomaron la ciudad mediterránea con sus modos de reconocerse en los pañuelos verdes, los trapos pintados a mano y los que representan las agrupaciones políticas tuvieron que irse a otras actividades ya programadas para antes de que empezaran los talleres, ese verdadero latido de los Encuentros. En la plaza Colón hubo una asamblea multitudinaria contra el endeudamiento en busca de estrategias federales para politizar esa forma de explotación de la fuerza vital de las trabajadoras y les trabajadores, sobre todo de quienes cuidan y no pueden dejar de comprar comida, insumos, remedios, boletos para ir a la escuela. El sindicato de prensa de Córdoba desbordó de mujeres y trans sindicalizades de distintos gremios que se juntaron para pensar colectivamente el sentido de haber degradado el Ministerio de Trabajo a secretaría y por qué Capital Humano no es un ministerio que absorbió a otros para achicar gastos del Estado sino para destruir derechos y facilitar negocios a algunas empresas. En la plaza Independencia se reunieron para denunciar la criminalización de las mujeres frente a eventos obstétricos que se condenan como homicidios agravados por el vínculo. Ese fue el caso de Paola Ortiz, presa durante 14 años en esta provincia por haber sufrido un parto en avalancha y liberada poco antes de este Encuentro por la presión de las organizaciones feministas.

De eso se trata el desborde, de ver en cualquier dirección a grupos de jóvenes, a grupos de señoras, a bandas que caminan en montón y no se sabe qué une a esas personas que se desmarcan del género binario —varón o mujer— y charlan con otras de distintas edades y corporalidades, hasta que se ve un bombo con la insignia de un sindicato o de un club barrial o de una escuela, porque las grupalidades que se juntan para venir son extremadamente variadas. Y por ese desborde es que las escuelas donde los talleres tienen lugar —hay 99 temas puestos en cuestión, que van desde la misma organización del Encuentro hasta la extranjerización de la tierra, por marcar un arco posible— no dan abasto. El taller de “imaginación política” tuvo que desdoblarse en seis grupos. El taller de tecnoactivismo en tres, pero uno ocupaba todo el patio de recreos de una escuela. El de “soberanía alimentaria” se transformó en cuatro y el de “movimientos campesinos e indígenas” ocupó todo un salón de actos de otra escuela.

¿A qué se debe este desborde? ¿Es la necesidad de encontrar alivio en este contagio de potencia, de discusión política, la ansiedad por pensar con otras y con otres cómo se sale de este laberinto de fascismo en el que estamos todes metidos desde el fin de 2023? A todo eso, sí. También a que Córdoba es una ciudad del centro del país a la que es fácil llegar desde distintos puntos y esa ubicación permitió la llegada de caravanas de micros a esta ciudad. Pero sobre todo a la necesidad creciente de seguir poniendo a funcionar esta tecnología de la escucha que son los Encuentros, este espacio de entrenamiento para escuchar lo que piensan sobre todo aquellas personas con las que no estamos de acuerdo. A la urgencia por seguir fortaleciendo los feminismos y transfeminismos como laboratorio de prácticas y estrategias políticas. De sostener un espacio en el que siempre se encuentran fuerzas para sostener el deseo. Ahora mismo, el deseo de que el 15 de octubre la movilización federal acabe con el DNU 70/23. Que la ley de financiamiento universitario se cumpla de una vez y que se deje en paz a les estudiantes que se plantaron porque ya no hay más paciencia. En este Encuentro paciencia con el gobierno es lo único que falta, todo lo demás sobra.

A la noche, aunque el domingo es día de debates y también de la marcha de cierre, el sábado tiene para ofrecer fiestas y juntadas con todo tipo de músicas y de artes puestas en juego. En todas correrá, como lo hizo todo el día, la propuesta de que el año que viene el Encuentro sea en CABA, porque a este desmadre hay que cuidarlo y alimentarlo. Y en la ciudad de Buenos Aires, de frente a los poderes centrales, este desborde, esta marea, sin dudas será tsunami.

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Marta Dillon
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