Donald Trump no podrá ver los resultados ecónomicos del negocio ilegal que acaba de hacer en Venezuela. Las inversiones petroleras que el presidente de Estados Unidos anunció tras la captura de Nicolas Maduro en Caracas van a tardar bastante más de lo que quisiera. En eso coinciden todos los especialistas.
El gap entre la conmoción política que generó la operación de secuestro de Maduro y la intención explícita de tomar el control del petróleo en Venezuela es tan grande como incierto.
Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos, Venezuela tiene las mayores reservas probadas de petróleo crudo del planeta, alrededor de 303 mil millones de barriles que representan el 17% de las reservas mundiales de petróleo. Pero hoy produce la tercera parte de lo que llegó a producir hace un cuarto de siglo y está en los mismos niveles que Brasil. A esa realidad no solo contribuyó el chavismo como suelen señalar las voces empresarias, sino también las sanciones de Estados Unidos que afectaron a sus propias empresas, como lo retrató un informe reciente de Reuters y lo contó Sebastian Premici en El Destape.
Un empresario con inversiones energéticas dentro y fuera de Argentina advierte que es muy temprano para trazar un escenario en medio de la inestabilidad. “Lo que sí te puedo decir es que, una vez que el panorama se aclare, tomará un año tener un modelo de contratos para inversión, otro año de rehabilitar yacimientos e infraestructura y otro año para empezar a ver resultados de producción”, dice.
La estimación del sitio especializado británico Argus indica que en noviembre pasado la producción de crudo de Venezuela fue de 934.000 barriles por día. De ese total, que iba en su mayoría a China, Trump anunció el martes a la noche que recibirá entre 30 y 50 millones de barriles al año, lo que hace presumir que habrá menos para China. Se trata de cantidades importantes pero muy menores comparadas con las posibilidades de Venezuela y las promesas de Trump. Salir de esa meseta demandaría que el sector petrolero y gasífero reciba inversiones de hasta 110.000 millones de dólares, según los números de Rystad Energy que comparten todos los analistas. Son 20 mil millones de dólares más de lo que invirtieron en conjunto las cinco petroleras más grandes de Estados Unidos durante 2024. A eso se suma un escenario de sobreoferta global, cuando el precio del barril de petróleo es uno de los más bajos de los últimos años -ronda los 60 dólares en el mercado mundial- y no se vio alterado por las bombas sobre Venezuela.
Trump debería lograr un cheque en blanco de los sobrevivientes del chavismo que quedaron a cargo de la presidencia para que las petroleras se decidan a iniciar en este momento grandes proyectos de capital que están pensados a 15 o 20 años. Más todavía cuando gigantes como Exxon y ConocoPhillips tienen litigios pendientes desde hace años con el país de Hugo Chávez. Por eso, los especialistas hablan de una transformación que, si empieza ahora, va a demorar por lo menos una década.
En el corto plazo, la invasión a Venezuela puede tener efectos inciertos. El economista especializado en energía de la Universidad de Houston, Ed Hirs, le dijo al sitio Semafor que un aumento modesto en la producción venezolana podría hacer bajar aún más el precio del petróleo con consecuencias paradójicas. Lo que puede beneficiar a los automovilistas estadounidenses puede perjudicar a las petroleras que quieren aprovechar al máximo sus yacimientos de petróleo y gas de esquisto.
La doctrina Monroe y la dictadura del más fuerte pueden afectar las refinerías chinas porque Xi Jinping le entregó al chavismo créditos por 100.000 millones de dólares con la expectativa de reembolsarlos en petróleo. Para las refinerías estadounidenses, en cambio, una suba del crudo pesado venezolano es una buena noticia porque el de Canadá venía escaseando. Desde China, sin embargo, ya afirman que pueden prescindir de la alianza energética con Venezuela. Lo que no pueden ni van a hacer es ignorar el golpe que abre a un nuevo escenario global, donde el derecho internacional que Xi Jinping por ahora defiende se confirmó como letra muerta.
Por lo pronto, los más beneficiados serán la petrolera Chevron, que nunca abandonó Venezuela pese a todo tipo de presiones, y Paul Singer, el CEO del fondo buitre que litigó contra el gobierno de Cristina y ganó con el de Mauricio Macri. Singer, que hace dos meses se quedó con los activos de la petrolera Citgo gracias a un fallo de un juez de Delaware, puede multiplicar sus ganancias en el Caribe sin hacer demasiado. Si la empresa hoy vale entre 12 mil y 18 mil millones de dólares, la subordinación de los Rodriguez a Marco Rubio podría multiplicar sus márgenes de rentabilidad tanto como la asunción de Cambiemos en Argentina, hace exactamente 10 años.
Como lo admitió Rubio, Trump necesita que el gobierno de Venezuela dé marcha atrás con la piedra basal del chavismo energético y resigne la participación societaria de PDVSA en los proyectos de las petroleras extranjeras.
El impacto mayor es político. Para el columnista de Bloomberg Javier Blas, el imperio petrolero de Trump le ofrece una influencia económica y geopolítica que ningún presidente estadounidense tuvo desde Franklin Roosevelt. Pero el impacto del petróleo venezolano, dice, será menor ahora y mayor en la próxima década, cuando otras fuentes de energía hayan entrado en declive.
Aunque Trump borró la palabra democracia de su diccionario y confesó sus interés comercial detrás del bombardeo sobre Caracas, el golpe que acaba de dar es una lección de terror para todos los gobiernos no alineados con su política. También para todas las administraciones que le abren la puerta a China. Con una guerra que pretende quirúrgica, Trump saca de la cancha en un solo acto a una figura que incomodaba a Washington desde hace 13 años y demuestra que es capaz de cualquier cosa. Impone su poder armado, deja expuestos a los organismos internacionales en su ineficacia y pasa por arriba de casi todos en el continente. Para el presidente de Estados Unidos, la rentabilidad del petróleo venezolano va a demorar en llegar y su legitimidad política está a prueba. Lo que se extiende es el disciplinamiento y el poder extorsivo.
