El Gobierno está empeñado en convencer a la mayoría de los argentinos de que su vida no es real. Que los despidos, los aumentos en bienes y servicios, la precarización de las condiciones de trabajo y el empeoramiento en la calidad de vida son producto de una ilusión óptica provocada por la prensa y el "efecto kuka" que el propio Presidente invoca cuando su relato choca con la realidad. Pero los datos y los testimonios desarman la patética remake del eslogan menemista "Estamos mal pero vamos bien" con la que el gobierno busca mantenerse en pie.
Las estadísticas son demoledoras. Según la Encuesta de Supermercados del INDEC, las ventas en grandes superficies registraron en febrero de 2026 una caída interanual del 3,1% y se ubican un 11,3% por debajo del promedio de 2023. La mejora mensual fue de apenas 0,3%, una décima que no alcanza ni para hablar de tendencia. En los autoservicios mayoristas, donde la clase media y los sectores populares hacen la mayor parte de las compras cotidianas, la caída fue aún más pronunciada: retroceso de 0,7% respecto a enero y de 1,0% en términos interanuales.
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El cuadro se agrava cuando se analiza en perspectiva. En el período acumulado que va desde diciembre de 2023 hasta febrero de 2026, las ventas en supermercados cayeron un 10,3% respecto al ciclo previo (enero 2022-noviembre 2023). En los mayoristas, esa brecha negativa trepa al 16,1%. Como resulta evidente, no son datos de una economía en recuperación: son los trazos de una contracción estructural del consumo de los hogares argentinos.
Los números de la Universidad Torcuato Di Tella y de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios confirman la misma tendencia. Las ventas en shoppings cayeron 2,1% interanual en febrero, sumando su novena baja consecutiva. En marzo, el Indicador de Consumo de la CAC retrocedió 1,3% interanual. "Cabe enmarcar esta evolución del consumo en el comportamiento de los precios", señaló la CAC, recordando que en marzo la inflación llegó a 3,4%, el nivel más alto en un año.
El canal de barrio tampoco escapó al patrón: los autoservicios independientes minoristas retrocedieron 3,8% interanual en febrero, según la consultora Scentia.
El salario que nunca alcanza
Detrás de la caída en las góndolas hay una explicación simple: el poder adquisitivo de los trabajadores se erosiona de forma sostenida desde diciembre de 2023. El salario registrado del sector privado cayó un 3,5% en términos reales tomando como referencia el IPC oficial del INDEC para febrero de 2026. Pero si se ajusta por la estructura de gastos reales de los hogares —conforme a la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2017/2018—, la pérdida de poder adquisitivo trepa al 13,5%.
Casi el mismo porcentaje que lleva acumulado el derrumbe en las ventas de supermercados desde el inicio de la gestión Milei.
La dispersión salarial dentro de ese sector es otra evidencia de la desigualdad que el modelo profundiza. Según la Encuesta de Supermercados, desde noviembre de 2023 hasta enero de 2026, los salarios de los gerentes superaron a la inflación en 12,2 puntos porcentuales. Los cajeros, en cambio, perdieron: su salario se ubica 1,2 puntos por debajo del aumento de precios en el mismo período. El mismo sector, la misma empresa, dos realidades económicas opuestas.
Es la síntesis de las “dos Argentinas” que diagnostican los expertos en consumo. Hay una élite que incrementó su capacidad de consumo extrayendo recursos de una masa salarial cada vez más deteriorada. Y para sostener esa vida que se achica, los hogares argentinos recurren al crédito en condiciones de usura. En febrero de 2026, el 43,6% de las compras en supermercados se financiaron con tarjeta. Es el retrato de una clase media que ya no puede llegar a fin de mes con lo que gana. Para tener dimensión del cambio estructural, basta comparar: entre enero de 2022 y noviembre de 2023, el promedio de compras financiadas con plástico era del 36,9%. Entre diciembre de 2023 y febrero de 2026, ese promedio saltó al 44,1%. Un incremento de casi 7,2 puntos porcentuales en el uso del crédito para financiar la alimentación.
La industria que se cae a pedazos
Mientras el oficialismo celebra los números de la explotación minera y el agro —que crecen al 9,9% y 8,4% interanual respectivamente—, la industria manufacturera retrocede 8,7% y el comercio cae 7,0% en la misma comparación. En febrero de 2026, la actividad económica global cayó 2,6% respecto a enero. El dato es contundente: los sectores que ganan con el modelo de Milei emplean al 9,2% de los trabajadores registrados privados. Los que pierden —construcción, manufactura, comercio— concentran el 44,4% de los puestos de trabajo formales. Si se mantuviera el ritmo del primer bimestre de 2026 durante todo el año, la economía crecería apenas 0,9%: muy por debajo del 3,3% que proyectaba el relevamiento de expectativas del propio Banco Central.
La apertura de importaciones es uno de los ejes del desmantelamiento. Así lo describió ante la Comisión de Economía de la Cámara de Diputados —presidida por Julia Strada— el dirigente sindical Javier Ditto, de la Confederación de Sindicatos Industriales: "La apertura de importaciones, ni hablar, vemos cada vez más cantidad de autos chinos en el país. Todavía no sabemos si tienen repuestos o garantía. El aumento de los costos productivos, el incremento de las tarifas, el aumento de los insumos, las altas tasas de interés. Acá coincidimos todos los expositores de los distintos rubros."
Ditto fue más allá en su diagnóstico. "Todas las industrias son importantes, el campo es importante, la minería es importante, la energía es importante. Tiene que ser un país concreto, con ciencia, con tecnología, industria, con campo, con minería. De los 45 millones de habitantes, si no, la van a pasar bien unos pocos y los otros no sé. Comeremos de la basura, como dijo algún expositor."
La jornada en Diputados funcionó como un catastro del daño. Norberto Fedele, dueño de Laminación Paulista y presidente de la Unión Industrial de San Martín, presentó un diagnóstico de cinco puntos que resume las condiciones de supervivencia de la industria: financiamiento productivo accesible, control de importaciones con reglas claras y antidumping, reducción de la carga impositiva, tipo de cambio competitivo e inversión en infraestructura logística. "No podemos competir si mover un camión de Tucumán cuesta más que traer un contenedor desde Egipto", graficó.
El sector textil lleva dos años consecutivos de caída. Luciano Galfione, dueño de Textil Galfione y presidente de la Fundación Pro Tejer, reveló ante los diputados que tienen seis de cada diez máquinas paradas. "Entre los años 21 y 23 invirtieron más de 1.400 millones de dólares en bienes de capital. Tenemos la tecnología más moderna del mundo", sostuvo, desmontando el argumento de que la industria nacional no puede competir por ineficiencia propia.
Emanuel López, titular de la cervecería Portlander, construyó una fábrica para producir 200.000 litros mensuales. Hoy opera al 20% de su capacidad. "Estamos vendiendo 40.000 litros por mes. Es muy complicado sostener el emprendimiento con estos números. La economía está prácticamente quebrada", dijo.
Las voces del desempleo
Pero más allá de las cifras y los gráficos, la sesión de la comisión tuvo otro registro: el de quienes perdieron su trabajo y llegaron al Congreso a decirle a la cara a los legisladores lo que los índices maquillan.
Pablo Sigot, trabajador de Ayres del Sur en Tierra del Fuego, lleva 56 días peleando porque la empresa los abandonó. "140 compañeros con la familia que para mí son familia, porque queremos trabajar. El trabajo dignifica, le da poder mirar a los hijos a los ojos, de llevarlo a una educación digna. Y este gobierno está destruyendo todo eso. Destruye familia cuando dice 'levanto leones'. ¿A dónde está levantando leones? La familia está destruyendo, pueblos enteros se están destruyendo. Están matando familias."
Cuando el diputado oficialista Adrián Ravier les sugirió que se "reconviertan", Sigot lo cortó en seco: "¿Qué quiere? ¿Que el país se prenda fuego como en 2001? Hace cuatro meses que no cobro el sueldo, hay 140 compañeros que no cobran. No nos pagan ni la indemnización. Dice 'reconviértanse', ¿con qué, con UBER? Nunca tuve deudas en mi vida y hoy tengo deudas. Tengo que ver si vendo mi casa y vos estás diciendo cómodamente 'hay que esperar'. Tus tiempos no son los mismos que los de los trabajadores."
Rubén Fernando Brandán, trabajador despedido de NEBA en Catamarca, puso en palabras lo que los eufemismos del poder evitan nombrar: "Las industrias argentinas, bajo este Gobierno, las está aniquilando. Con mi edad, que no me alcanza la jubilación, sin poder darle a mi hijo el pan de cada día. Muchos compañeros no podemos conseguir un puesto de trabajo nuevo por la edad que tenemos. Nos cierran las puertas. ¿Qué hizo este Gobierno? Destruir nuestra industria argentina."
Norma Morales, secretaria adjunta de la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular, describió el retroceso concreto en derechos: "Cobrábamos 78.000 pesos, que es un vuelto para todos pero para nosotros era un piso de derecho. Antes cobrábamos la mitad de un salario mínimo vital y móvil, éramos monotributistas, teníamos la posibilidad de aportar a nuestras futuras jubilaciones, de ser parte de un sistema integral de salud. Hoy no lo tenemos. Este gobierno nos quitó todo."
El caso de FATE condensa el modelo en su expresión más cruda. Sebastián Tesoro, trabajador de la planta de San Fernando, fue al hueso: "Si Madanes Quintanilla no quiere reabrir la planta, la vamos a poner a producir los trabajadores. Somos los que movemos al mundo. Somos los que tenemos las necesidades, pero también tenemos las facultades para hacerlo. Si hay que vender las cubiertas, también las vamos a vender los trabajadores. Porque vamos a poner la comida sobre la mesa para nuestras familias, para nuestros hijos."
Fernando Pérez, de John Foos en San Isidro, resumió el esquema con una frase que vale como diagnóstico de época: "El martes cierra la producción nacional. La empresa se va a dedicar a importar. Esto propone este modelo. Cierra la industria nacional e importar todo."
La vida estrecha
Los datos duros del INDEC sobre condiciones de vida confirman que el deterioro avanza. Al segundo semestre de 2025, la proporción de hogares con acceso a los tres servicios básicos simultáneos —agua corriente, cloacas y gas natural— retrocedió del 54,3% al 52,7%. Desde el inicio de la administración Milei, 110.000 personas pasaron a vivir en hogares sin acceso a la red de cloacas. Los hogares cercanos a basurales crecieron en 64.000 casos. Las viviendas en zonas inundables pasaron de 679.000 a 836.000.
La cobertura de salud sigue el mismo patrón. Al segundo semestre de 2025, el 34,3% de la población contaba solo con atención médica a través del sistema público, lo que equivale a 10.293.000 personas. Un año antes, ese guarismo era del 32,8%. La precarización laboral —que alcanza al 43% de los trabajadores según el propio INDEC— tiene consecuencias sanitarias: más gente sin obra social, más demanda sobre un sistema público que el ajuste fiscal martiriza.
MÁS INFO
Envuelto en un delirio místico, el presidente Milei pidió aire en un canal de streaming amigable para contar que lo elogió Peter Thiel, el oscuro ultra rico que persigue al anticristo y vende sistemas de vigilancia y seguridad. En ese frontón mediático (parte del 5% del periodismo que el presidente excluye de su cobarde campaña de odio contra la prensa), Milei prometió que "la inflación va a empezar a ceder" y "va a empezar con cero este año". También anunció que irá por la reelección: "No solo voy a terminar este mandato, voy a aplicar a otro". Y atribuyó la desaceleración de la economía a un "riesgo kuka" que habría operado luego de las elecciones legislativas.
El argumento empieza a perder efecto por trillado y mendaz. Así lo exhiben las encuestas, que muestran un derrumbe en la imagen y la confianza gubernamental. Los escándalos de corrupción contribuyen al deterioro de un gobierno que asumió con un contrato electoral de dos artículos: eliminar la inflación y repeler a “la casta”.
Cada vez más argentinos advierten que falló en los dos.
