En el remoto oeste argentino, al pie de la cordillera de los Andes, un grupo de multimillonarios del sector tecnológico está construyendo un santuario para resistir un eventual colapso global. Se trata de la estancia Wamani, un predio de 32.000 hectáreas en el departamento de San Carlos, Mendoza, adquirido en diciembre de 2023. La compra se concretó apenas semanas después de la asunción de Javier Milei, cuya política de desregulación y libre mercado despertó un fuerte entusiasmo entre los magnates de Silicon Valley. El impulsor del proyecto es el empresario argentino-español Martín Varsavsky, fundador de cinco compañías que alcanzaron el estatus de unicornio.
Según un reciente artículo publicado en Financial Times, el desarrollo de Wamani, un territorio que duplica varias veces la superficie de ciudades importantes, busca la autosuficiencia absoluta frente a catástrofes nucleares o climáticas. Con una inversión colectiva que ya roza los 10 millones de dólares, Varsavsky y cinco socios —entre ellos Alec Oxenford, cofundador de OLX y actual embajador de Milei en Washington, y Dan Lubetzky, creador de las barras Kind— instalaron paneles solares, viviendas prefabricadas, domos geodésicos y hasta una pista de aterrizaje privada. Entre sus planes más singulares figura la descarga de modelos de inteligencia artificial en computadoras locales para crear un "internet limitado" si los servidores globales colapsan.
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Sin embargo, esta fantasía de supervivencia no está exenta de contradicciones y genera recelo en la población local. En el cercano pueblo de Eugenio Bustos, los habitantes observan la iniciativa con desconfianza. "Es muy raro comprar tanta tierra solo para uno mismo sin un plan comercial", señaló una vecina del emprendimiento de los megamillonarios, en un testimonio recogido por el medio británico.
Asimismo, el proyecto enfrenta severos desafíos climáticos: los expertos advierten que el calentamiento global agravará el estrés hídrico en los Andes, y la estancia sufre los embates de vientos cordilleranos tan extremos que impiden salir al exterior. A esto se suma el escepticismo de analistas que recuerdan que, en caso de un colapso real, la tecnología de consumo y las billeteras virtuales de los dueños de Wamani de nada servirían sin insumos básicos como antibióticos o repuestos mecánicos.
La "visa de la tranquilidad" y el negocio del apocalipsis
El alineamiento político de Varsavsky con Milei es clave para convertir este temor al apocalipsis en una política de Estado. El empresario, quien acompañó al Presidente en sus giras por Silicon Valley, le propuso la creación de una "visa de la tranquilidad" para atraer a extranjeros ricos dispuestos a pagar USD 500.000 a cambio de residencia.
Lejos de rechazar la idea, el gobierno de Milei decidió capitalizar geopolíticamente la inestabilidad internacional y la lejanía de Argentina de los de los principales centros de conflicto. Mediante el Decreto de Necesidad y Urgencia 366/2025 y el posterior Decreto 524/2025, el Poder Ejecutivo modificó la Ley de Ciudadanía para otorgar la naturalización exprés a extranjeros que realicen una "inversión relevante" en el país, creando para tal fin la Agencia de Programas de Ciudadanía por Inversión.
Algunos sectores críticos ven la medida como una mercantilización de la soberanía nacional, diseñada a la medida de corporaciones y magnates extranjeros como Peter Thiel, quien ya adquirió una mansión en Buenos Aires. Con todo, queda claro que, mientras el ciudadano de a pie vive en una realidad cada vez más asfixiante, el Gobierno busca construir un marco legal para que recursos estratégicos queden en manos de un puñado de millonarios globales.
El debate sobre la extranjerización y el caso Wamani
Es importante destacar que este tipo de proyectos se dan en un contexto donde el gobierno libertario impulsa una agenda orientada a flexibilizar el régimen que limita la compra de tierras rurales por parte de extranjeros. La iniciativa formó parte del proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada y llegó a contemplar una posible ampliación de ese límite, aunque finalmente los artículos vinculados a la extranjerización de tierras fueron retirados del texto que obtuvo media sanción en el Senado.
Aunque la reforma no se concretó, el intento expone una línea de acción consistente con otras medidas del oficialismo: reducir restricciones a la llegada de capital extranjero y posicionar a la Argentina como un destino atractivo para grandes inversores globales. Es en ese contexto donde proyectos como Wamani adquieren una dimensión más amplia.
El campo de más de 30 mil hectáreas adquirido por empresarios tecnológicos no depende de esa eventual reforma, pero funciona como una postal concreta de una discusión de fondo: quién puede acceder a grandes extensiones de territorio en la Argentina, bajo qué condiciones y hasta qué punto el país se está convirtiendo en un espacio pensado como refugio para millonarios ante escenarios globales de crisis.
