Mujeres trabajadoras resisten, insisten. Trabajaron todas sus vidas, en sus casas, en casas de otros, en oficinas, en hospitales, escuelas. Prestaron servicio y ofrecieron cuidados remunerado y no remunerado. A muchas de ellas, la moratoria jubilatoria les permitió tener la compensación por tantos años de trabajo no reconocida. Por eso mismo, fueron reconocidas como trabajadoras hechas y con derechos. Hace unos meses no dejan de ir todos los miércoles al Congreso, como lo hizo en los ‘90 Norma del Plá. No pensaron que iban a tener que marchar por el futuro de sus hijas, sus nietas y bisnietas. Hoy son un símbolo de resistencia y le enseñan a las nuevas generaciones a luchar ante la avanzada de la ultra derecha de Milei. En el marco del 8M, su voces reivindican la lucha de las trabajadoras y revelan que no se detiene en la jubilación: se transforma en resistencia organizada, en memoria viva y en legado para las generaciones que vienen.
Susana, Graciela y Nora tienen entre 80 y 70 años y marchan todos los miércoles con cientos de jubilados. A ellas nada las para: ni el gas pimienta ni policía ni un infiltrado. Supieron recibir su jubilación tanto por las tareas de cuidado como por sus trabajos en relación de dependencia. Viajan kilómetros para llegar al Congreso, van solas, con amigas, a veces con algún familiar. Toman el transporte público con sus carteles y banderas. Llegan y comienzan a cantar por ellas, por ellos, lxs jubiladxs. Resistieron gobiernos de derecha y hasta dictaduras militares, pero aseguran que nunca vieron sus derechos tan vulnerados como con el gobierno de Milei. Sus hijas, sus nietas, sobrinas las acompañan pero en el fondo saben que esa lucha es por ellas. Las viejas tienen más fuerza porque saben lo que es luchar, como las abuelas y madres de Plaza de Mayo. Ellas saben que están luchando por el futuro de las próximas generaciones.
Susana Sassano: la memoria viva de las trabajadoras
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“Mi nombre es Susana Sassano, soy jubilada de la mínima… trabajé toda mi vida, pero siempre en negro”, comienza contando a El Destape con crudeza, la mujer que con 83 años, sigue vendiendo perfumes y remeras para sobrevivir. Su historia es la de miles de mujeres que sostuvieron familias enteras con trabajos precarizados, invisibles para el sistema. Llegó a organizar 900 vendedoras, pero nunca recibió aportes.
La voz de Susana se entrelaza con la de tantas trabajadoras que ponen en palabras lo que antes se ocultaba: la explotación, la falta de derechos, la desigualdad estructural. “El trabajo para mí fue siempre indispensable porque tuve que mantener a mis hijos… y hoy estoy padeciendo, porque uno piensa que se jubiló y puede estar con los nietos, y no es así. Es la degradación del ser humano”. Su presencia en las marchas de los miércoles de jubilados frente al Congreso es parte de una genealogía de lucha que conecta con las Madres de Plaza de Mayo y con figuras como Norma Plá. “Primero y principal tenemos que entender que jubilados somos todos, solo es cuestión de tiempo”, dice, mientras denuncia los recortes y la violencia institucional:
El mensaje de Susana se proyecta hacia las nuevas generaciones: “Que se pongan al lado nuestro, que nos escuchen… nosotros tenemos la sabiduría, ellos la fuerza”. Su advertencia es dura: “No hay futuro. Se destruyen las industrias, se manipula la cultura… a mis nietos les vamos a dejar un país terminado”.
El horizonte es desolador ante la avanzada del gobierno de Milei. Los jubilados en Argentina enfrentan un escenario de retroceso en derechos con propuestas de elevar la edad jubilatoria y eliminar moratorias. Las mujeres jubiladas son las más afectadas, ya que muchas no logran completar los 30 años de aportes exigidos y dependen de estas moratorias para acceder a una jubilación. Hasta ahora, las moratorias permitían que quienes no alcanzaban los 30 años de aportes pudieran jubilarse a la edad legal (60 años mujeres, 65 hombres). El gobierno de Milei rechazó prorrogar estas moratorias, lo que deja a miles de mujeres sin acceso a una jubilación plena, obligándolas a conformarse con la Pensión Universal al Adulto Mayor (PUAM), que equivale al 80% de la mínima y no incluye beneficios como la pensión por viudez. Por otra parte, el Ejecutivo planea elevar la edad jubilatoria hasta los 70 años, una de las más altas del mundo, y avanzar hacia la privatización del sistema, en línea con compromisos asumidos con el FMI. Esto implicaría un fuerte ajuste fiscal y una reducción significativa de ingresos para los jubilados. Sólo 1 de cada 10 mujeres logra completar los 30 años de aportes requeridos, frente a 3 de cada 10 hombres. Esto se debe a trayectorias laborales más fragmentadas, trabajos informales y tareas de cuidado no reconocidas
Nora Viayo: la docencia, la jubilación y la resistencia organizada
Nora Viayo es integrante del Plenario de Trabajadores Jubilados. Su historia expone las grietas del sistema previsional: años de aportes no reconocidos, salarios en negro que no entran en el cálculo jubilatorio y un haber que se reduce a la mitad de lo que debería ser. “Jubilarme fue hacer cumplir un derecho, el salario diferido, por el cual nos descuentan el 16% de cada cargo”. La mujer se jubiló como docente en la Provincia de Buenos Aires con 33 años de trabajo y 27 reconocidos. Recibe el 70% del básico docente. La lucha jubilatoria, para Nora, siempre estuvo ligada al sindicalismo y a la oposición interna. “Fuimos miles de docentes a La Plata para frenar la armonización que pretendía Scioli. Lo mismo con Vidal. Y durante la pandemia, cuando Alberto Fernández congeló las jubilaciones, organizamos caravanas y actos en todo el país. De ahí nacieron los Jubilados de los Miércoles”.
“Milei vino a arrasar con ANSES, PAMI y las cajas provinciales. El gobierno no gira los fondos coparticipables y pavimenta el camino para imponer nuevamente la jubilación privada. Es un vaciamiento extremo de la caja jubilatoria”, apuntó en diálogo con este medio. La mirada de Nora es dura y clara: “Los jubilados del futuro no van a existir. Nos están liquidando a nosotros y a los trabajadores que hoy pierden sus empleos. Sin trabajadores no habrá jubilaciones”. Frente a este panorama, reclama un aumento de emergencia que lleve la mínima a 1.500.000 pesos, la restitución de la moratoria y la defensa del PAMI como derecho colectivo: “La plata del PAMI es la plata de los jubilados. Queremos que se atienda en forma integral y que vuelvan los medicamentos gratuitos”.
“Consideramos que tiene que haber una huelga general. Que lo que hace el sindicato en Fate es el camino: ocupar toda fábrica que cierre y reclamar que funcione bajo control obrero. Eso es lo que planteamos los miércoles los jubilados”, cerró.
Graciela, la enfermera que nadie le regaló nada
“Mi nombre es Graciela. Soy jubilada de los miércoles y te quería contar de mi vida”, se presentó en diálogo con El Destape. Desde joven, relató, se trasladó a Buenos Aires en busca de trabajo y estudio, aunque atravesando situaciones difíciles. “Me vine de situaciones medio jodidas, pero acá en Buenos Aires, desde los 18 años, empecé a trabajar, estudiar… un poco dura la vida, pero bueno, soy enfermera”, recordó. Explicó que su jubilación fue fruto de décadas de esfuerzo: “Trabajé 60 años y en relación de dependencia 35. En el 2022 me jubilé y ahora estoy en la lucha. Nadie me regaló nada”. En ese recorrido, también tuvo participación sindical: fue delegada general de clínicas y defendió derechos laborales que hoy, advirtió, “ellos quieren sacarlos”.
Su jubilación, confesó, fue inicialmente una alegría inmensa, aunque pronto se transformó en un nuevo desafío. “Cuando me jubilé iba al médico por la zona del Congreso y vi a un grupito de jubilados con un parlante. No llegaban a diez. Me acerqué y ahí me tocó ver las cosas que estaban pasando y lo que se nos venía”, relató. Desde entonces, hace dos años, participa en las marchas sin descanso: “Me siento muy bien cuando voy, me siento útil”.
Graciela describió la violencia que enfrentan en las movilizaciones: “Me gusta ir y ayudo a los abuelos cuando nos atacan, nos gasean, nos golpean. Por mi profesión me siento útil, pero también me siento mal por todos los abuelos que cayeron recibiendo golpes y gases”. La emoción, dijo, la acompaña en cada protesta: “La última del miércoles lloré cantando el himno frente a todas las fuerzas de seguridad que estaban preparados para atacarnos”.
En su mensaje, también apeló a las nuevas generaciones: “A los jóvenes les quería decir que tienen que luchar y defender sus derechos, no bajar los brazos y seguir adelante. Que tengan mucha fe. No nos van a quitar la dignidad. Nosotros vamos a luchar hasta el final”. Y destacó el rol de las mujeres en esta pelea: “Es importante estar en la lucha, somos muy importantes para todo. Trabajamos en el hogar, con los hijos y también afuera. Nos costó tanto la reforma laboral, costó sangre. Defender nuestra dignidad y nuestros derechos es fundamental porque nos quieren quitar todo lo que logramos con la pelea y la lucha”.
Las nuevas generaciones de trabajadoras: un legado de resistencia
“Admiro cómo Susana Sassano va todos los miércoles con su bastón a poner el cuerpo”, comienza diciendo Cecilia Fiel, documentalista y docente universitaria. Su mirada sobre las marchas de jubilados conecta la memoria de quienes hoy reclaman frente al Congreso con la responsabilidad de las generaciones más jóvenes: “Lo que reciben de la policía represora son palos, cuando en realidad hacen esto porque necesitan tener presencia… no les estarían regalando nada, son simplemente sus derechos”.
Cecilia, que a los 50 años combina su trabajo académico con la dirección de cine documental, reconoce que los avances conquistados por las mujeres trabajadoras en el campo cultural y científico están en riesgo. “Durante los gobiernos de Cristina, un montón de mujeres empezamos a dirigir gracias a las políticas del INCAA. Ahora volvemos a un retroceso espantoso. Y muchas veces escucho: ‘cuando cambie el gobierno cambiamos la ley’. No, hay cosas que una vez que se cambian no se pueden recuperar”.
“El futuro lo veo horrible por todos los derechos que se nos están quitando… pienso en los discapacitados, en los científicos, en los universitarios. Por eso creo que hay que sumar sectores en lugar de pelear cada uno por su lado”. Pero para Cecilia, la resistencia no es solo memoria: es práctica cultural y política.
En esta línea, Romina del Plá, legisladora del Frente de Izquierda pero ante todo hija de Nora, remarcó que “como mujer trabajadora entiende que tenemos un papel muy importante”. En diálogo con El Destape, señaló que no solo deben enfrentar al gobierno de Milei y sus cómplices por los ataques laborales y previsionales, sino también por los embates contra los derechos y conquistas de las mujeres.
La dirigente contextualizó la lucha de las y los jubilados de los miércoles, que lleva décadas y que en los últimos años cobró fuerza por el deterioro brutal de los ingresos. “No es un regalo ni una limosna, es el salario diferido para el cual el trabajador ha aportado durante toda su vida”, remarcó. Recordó que los sucesivos gobiernos han saqueado los aportes jubilatorios, primero con la privatización impulsada por Menem y Cavallo, y luego con la estatización de las AFJP, aunque la situación nunca dejó de empeorar. Del Plá describió la gravedad de los haberes actuales, que “están por debajo de la línea de indigencia” y colocan a los adultos mayores en una situación desesperante, obligándolos a movilizarse durante meses y años, incluso enfrentando la represión. “Los jubilados han sido atacados una y otra vez con gases y palos, y hasta fotoreporteros como Pablo Grillo fueron agredidos”, denunció.
Finalmente, vinculó esa lucha con su propia historia familiar: “En mi caso, mi madre Nora es una luchadora incansable. Lo ha hecho en todos los terrenos y ahora es vocera de ese movimiento”. Reconoció que siente orgullo al verla movilizarse cada miércoles, aunque también tiene temor por la represión. “Me llena de orgullo”, concluyó.
En el marco del 8M, las voces de las jubiladas y las nuevas generaciones resaltan la herencia de un legado de lucha que no puede darse por sentado ante la avanzada de la ultraderecha. Es la trama de un movimiento que se rehace en cada época: la lucha de las mujeres trabajadoras como memoria, presente y futuro.
