La casa de tres siglos de antigüedad que se trajeron dos argentinos en 1979 desde Tokio: "Es puro encastre"

Guillermo Bierregaard y su esposa Patricia vivieron 32 años en Japón y se enamoraron de su cultura. Antes de regresar, adquirieron una casa tradicional de campo del siglo XVIII en los Alpes japoneses, la desarmaron pieza por pieza y la trajeron a Boulogne.

22 de mayo, 2026 | 18.37

Lo que comenzó como una visita a un anticuario en Tokio terminó siendo un proyecto monumental. Guillermo Bierregaard estaba buscando biombos de 350 años cuando el dueño del local le ofreció algo inusual: una casa tradicional japonesa completa, con tres siglos de antigüedad, por casi el mismo valor. El detalle era que debía desarmarla y trasladarla desde las montañas al norte de Kyoto hasta la Argentina. Guillermo, que ya planeaba volver al país después de más de tres décadas en Japón, aceptó el desafío.

Hoy, esa casa —bautizada Minka (que significa “casa de Japón”)— se levanta en Boulogne, provincia de Buenos Aires. Tiene 1.000 metros cuadrados y fue reconstruida pieza por pieza con la misma técnica de encastre que usaban los carpinteros japoneses hace siglos: no tiene un solo clavo ni tornillo. “Son como las manos en posición de rezo”, explica Guillermo a los visitantes.

El desafío de traer una reliquia

La operación no fue sencilla. Antes de embarcar la casa en el puerto de Nagoya, los dueños la armaron en un 80% para verificar el estado de las maderas ancestrales. Seis carpinteros especializados en pagodas y palacios trabajaron durante un mes y medio.

Luego, cuatro de ellos viajaron a Buenos Aires para supervisar el armado final. Durante tres semanas, Guillermo hizo de intérprete entre el equipo japonés y los obreros locales. “Es puro encastre. Una vez que se fueron los japoneses, concluir los detalles nos llevó 22 años, 9 arquitectos y varias complicaciones”, cuenta risueño.

Uno de los mayores desafíos fue reemplazar el techo original de paja (que demandó 55 camiones para su retiro) por pizarra, un material más durable para el clima argentino.

Una colección de arte única en su tipo

Durante los cinco años que la casa estuvo desarmada en Japón, Guillermo se obsesionó con aprender sobre arte y artesanías niponas. Visitaba exposiciones, charlas con curadores, museos y talleres de artistas. “Como país isleño, Japón no suele aceptar que un extranjero se presente con la idea de hacer un proyecto cultural, pero cuando vieron que era genuino, comenzaron a abrirme las puertas”, relata.

El resultado es una colección de 1.000 piezas de alto valor artístico: cerámica, porcelana, vidrio, hierro, metales, piedra, madera, fibras y kimonos. Muchos de los artistas que conoció cuando tenían 30 años hoy son “tesoros nacionales vivientes” (designados por el Ministerio de Cultura de Japón). Por falta de espacio, solo exhiben el 10% de la colección en la casa-museo.

Una filosofía de vida integrada a la naturaleza

La casa Minka no es solo un museo. Refleja la cosmovisión japonesa que los Bierregaard adoptaron durante sus 32 años en el país asiático. “No existe la dualidad interior-exterior. La naturaleza marca el ritmo cotidiano: cuándo despertarse, cuándo trabajar o dormir. El jardín se diseña desde el interior y está integrado a la casa. Se trata de ser parte de la naturaleza, no un observador”, explica Guillermo.

Actualmente, Guillermo y Patricia ofrecen visitas guiadas en Minka. Los recorridos permiten conocer la arquitectura, la colección de arte y la historia de una familia que vivió más de tres décadas en Japón y decidió traer un pedazo de ese mundo a la Argentina.