En los últimos años, las casas hechas con contenedores marítimos ganaron popularidad como una opción económica y autosuficiente frente al mercado inmobiliario tradicional. Sin embargo, una especialista del sector advirtió sobre algunas cuestiones a tener en cuenta antes de elegirlas como vivienda.
La arquitecta y urbanista Margherita Valle Pilia, nacida en Costa Rica, alertó desde sus primeras investigaciones sobre los múltiples desafíos técnicos y estructurales que esconden estas construcciones.
En ese sentido, marcó problemas ocultos tras la estética industrial. Valle Pilia destacó complejidades como el aislamiento térmico y acústico, la posible presencia de materiales tóxicos en los recubrimientos, riesgos de corrosión y complicaciones para su transporte y adaptación a diferentes climas. En sus palabras, “reutilizar un objeto no garantiza una construcción sostenible”.
La arquitecta explicó que la sostenibilidad no depende solo de rescatar un objeto destinado a ser chatarra, sino de un sistema integral que considera el costo energético de transporte y transformación, materiales adicionales para acondicionamiento, comportamiento energético durante su vida útil y durabilidad.
Los contenedores fueron diseñados exclusivamente para transportar mercancías por mar, sin pensar en la habitabilidad humana. Por eso, para convertirlos en viviendas requieren modificaciones profundas, como abrir vanos, reforzar estructuras y eliminar puentes térmicos, lo que diluye la mayoría de sus supuestas ventajas económicas y de rapidez.
Con el paso del tiempo, el interés por estas casas dejó de ser solo por el atractivo del acero corrugado y comenzó a enfocarse en la necesidad real de replantear el tamaño y la flexibilidad del espacio vital. Así, el verdadero valor de este fenómeno fue abrir camino a alternativas como las casas pequeñas y la arquitectura modular flexible, centrada en las personas y no en la rigidez del objeto arquitectónico.
Actualmente, el uso de contenedores completos se reserva para casos puntuales, como instalaciones temporales, proyectos experimentales o arquitectura de emergencia cuando el material está disponible en el lugar. Para viviendas permanentes, los expertos recomiendan sistemas diseñados desde cero para habitar, que ofrecen mayor libertad de diseño y mejor rendimiento ambiental.
El debate ya no se centra en si un contenedor puede funcionar como casa, sino en cómo crear estructuras modulares versátiles que evolucionen con el estilo de vida de sus habitantes.
Las casas container en Argentina
Un ejemplo concreto es la “Casa Container” ubicada a 12 minutos del centro de Neuquén, un proyecto a cargo de los arquitectos Federico Forestier y Gastón Golia, egresados de la UBA. Ambos reconocieron que construir con contenedores fue un desafío técnico que requirió mucha investigación y trabajo para garantizar el confort y la habitabilidad.
Federico recordó que enfrentaron problemas como el aislamiento frente a temperaturas extremas, desde heladas de -10°C hasta veranos de 40°C, y vientos fuertes. Para ello, usaron distintos materiales para frío y calor, ruptores de puente térmico y cámaras de aire ventiladas para mantener la temperatura estable. Además, cubrieron los techos con decks de madera y optaron por un sistema de climatización fan coil, poco común en Argentina, que circula agua caliente o fría para reducir costos.
El proceso de construcción incluyó cortar y soldar contenedores en un galpón en Plottier, cuidar las caras menos oxidadas para las uniones, y reforzar estructuralmente los módulos, con columnas ocultas dentro de los muros de dormitorios. El terreno también requirió trabajos previos, como fundaciones y rellenos, ya que estaba unos dos metros por debajo de la calle.
Tras meses de trabajo intenso, con soldaduras, pintura automotriz y trámites, la familia pudo mudarse en febrero de 2022. Luego, avanzaron con el cerramiento del lote, gaviones de piedra, tabiques de hormigón, veredas, pileta, parquizado y una parrilla metálica con chimeneas de chapa, completando así la vivienda.
