Después de más de tres décadas vistiendo a generaciones de argentinos con sus tradicionales abrigos de lana europea, un histórico comercio porteño anunció el cierre de sus puertas en el contexto de crisis económica que generó Javier Milei.
Lodenhaus comunicó el fin definitivo de su histórico local de Recoleta. La tienda, pionera en la importación de prendas confeccionadas con loden austríaco, dejará de funcionar a fines de julio, poniendo fin a una historia comercial que comenzó en 1990 y que logró convertir a la marca en un referente del segmento de indumentaria de alta calidad.
El cierre fue confirmado por Cecilia Bellucci, actual responsable del negocio e hija de la fundadora, María Silvia de Eléspuru de Bellucci, quien hace 36 años decidió apostar por un producto prácticamente desconocido en Argentina. La idea surgió tras numerosos viajes por Europa, donde descubrió las propiedades del tradicional paño de lana utilizado desde hacía siglos en Austria y el norte de Italia para confeccionar prendas capaces de soportar el frío, la humedad y el viento.
El local ubicado sobre la calle Libertad al 1200, en pleno barrio de Recoleta, será el último en cerrar sus puertas. Durante sus años de mayor expansión, Lodenhaus llegó a contar con sucursales en Belgrano, Martínez, San Isidro, Galerías Pacífico y Unicenter, además de presencia en ciudades como Rosario y Salta.
Incluso logró expandirse al exterior, con operaciones durante más de dos décadas en Chile y también en Punta del Este, Uruguay. Sin embargo, el crecimiento comenzó a revertirse a partir de las restricciones a las importaciones implementadas entre 2011 y 2015, que obligaron a la empresa a reducir progresivamente su estructura comercial hasta conservar únicamente un local en la Ciudad de Buenos Aires.
Los motivos del cierre de Lodenhaus
Según explicó Cecilia Bellucci, la decisión de cerrar no responde exclusivamente a la coyuntura económica actual, sino a una combinación de factores que fueron modificando el negocio con el paso del tiempo. Entre ellos mencionó la inestabilidad económica que históricamente afectó al país, los cambios climáticos que acortaron significativamente la temporada de venta de abrigos y cuestiones personales relacionadas con la continuidad del emprendimiento familiar.
"Antes la temporada arrancaba en marzo y se extendía hasta octubre. Hoy prácticamente se vende durante cinco meses y el resto del año hay que sostener toda la estructura", detalló a La Nación. A esa realidad se suma la falta de un recambio generacional. Bellucci aseguró que ninguno de sus hijos ni de sus sobrinos tiene previsto continuar con el negocio familiar, lo que terminó inclinando la balanza hacia el cierre definitivo.
El anuncio llega además en un contexto complejo para el sector textil, que enfrenta una caída del consumo interno y una creciente competencia de prendas importadas de menor precio. No obstante, Bellucci aclaró que el público de Lodenhaus siempre fue particular, ya que se trata de productos de alta gama que suelen adquirirse de manera esporádica y con una lógica distinta a la del consumo masivo. En la puerta del local ya hay un cartel que muestra el adiós: "Última temporada, nos vamos".
