La Patagonia argentina, y en particular la provincia de Chubut, enfrenta una crisis ambiental y humanitaria de proporciones históricas. Una combinación letal de la peor sequía desde 1965, vientos intensos y una persistente ola de calor extremo que avivan y propagan los incendios forestales que ya han arrasado con miles de hectáreas de bosque nativo.
Las llamas, que se mantienen activas e impredecibles, han forzado la evacuación de decenas de familias y motivado el despliegue operativo más grande jamás visto en la región para combatir el fuego.
El gobernador chubutense Ignacio Torres fue contundente al describir la gravedad de la situación climática de base: “Estamos atravesando la peor sequía desde 1965”. Ante este escenario, las autoridades provinciales y nacionales coordinan esfuerzos en un Comité de Emergencia que monitorea constantemente los focos activos, principalmente en áreas de alto valor ambiental y turístico como el Parque Nacional Los Alerces, Puerto Patriada, y las zonas de Epuyén y El Hoyo.
El operativo de combate: un despliegue histórico contra el fuego
Para hacer frente a la emergencia, se ha montado un operativo de magnitud inédita. Según detalló la coordinadora del Comité de Emergencia, Laura Mirantes: “Nunca en la historia de nuestra provincia tuvimos un despliegue tan amplio de medios aéreos y de brigadistas de distintos puntos del país”.
En concreto, más de 400 brigadistas trabajan de manera coordinada en dos grandes frentes. El despliegue aéreo es masivo: se utilizan 14 medios aéreos en el Parque Nacional Los Alerces y cinco adicionales en la zona de Puerto Patriada. Sin embargo, la tarea es extremadamente peligrosa. El propio gobernador Torres explicó que, por ejemplo, el martes los aviones no pudieron operar “ya que corría riesgo la vida de los pilotos” debido a las densas columnas de humo que reducen la visibilidad a niveles críticos.
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Zonas afectadas y evacuaciones
El fuego no da tregua y afecta áreas de invaluable riqueza natural. Las llamas avanzan sobre el valle del arroyo Planicie, los cañadones de El Trueno y Bahía Las Percas, donde bosques nativos se encuentran seriamente dañados. La angustia entre vecinos y brigadistas es palpable, con la sensación de que “esto no termina más”.
Hasta el momento, la emergencia ha provocado la autoevacuación de seis familias, que suman 15 personas, en el sector de Lago Rivadavia. Este foco se habría iniciado el 9 de diciembre tras la caída de un rayo. En Epuyén, el trabajo de brigadistas y bomberos voluntarios ha dado frutos: el incendio se encuentra contenido en un 85%, sin riesgo inmediato para la vida humana ni la infraestructura. No obstante, la situación en el Parque Nacional Los Alerces sigue siendo de máxima vigilancia y extrema preocupación.
El pronóstico que no alivia: calor extremo y vientos intensos
El pronóstico meteorológico para los próximos días no trae noticias alentadoras y, de hecho, obliga a redoblar las tareas preventivas. El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) anticipa una semana sin lluvias significativas y con registros térmicos muy elevados para la época.
Para este viernes y sábado, las temperaturas máximas rondarán los 23°C y 24°C, muy por encima del promedio, bajo una alerta por calor extremo vigente en toda la zona cordillerana. El domingo la situación se complicará aún más: si bien el calor se mantendrá, se sumará un viento intenso del oeste con ráfagas de hasta 50 km/h, un factor clave para la propagación descontrolada de nuevos focos. Recién el próximo lunes se esperan lluvias, pero con una probabilidad baja (entre 10% y 40%), lo que no garantiza un alivio contundente.
Frente a este panorama, la consigna de las autoridades es clara: redoblar la coordinación, las recorridas permanentes y las tareas de enfriamiento para impedir que el fuego gane más terreno. Cada amanecer, las localidades afectadas se despiertan cubiertas por una densa capa de humo, una imagen que marca a fuego la huella del desastre y la urgencia de una solución que parece depender de un cambio climático que no llega.
