Ciencia: descubren por qué no podés parar de rascarte la piel

Un equipo de científicos reveló el papel clave del canal iónico TRPV4 en frenar el rascado excesivo. ¿Podrá este avance mejorar el tratamiento de millones con picazón persistente?

23 de febrero, 2026 | 16.09

El impulso de rascarse frente a una irritación cutánea es algo común, pero detenerse a tiempo es vital para evitar daños en la piel. Ahora, un equipo de la Universidad de Lovaina en Bruselas dio un paso fundamental para entender este proceso.

La bióloga molecular Roberta Gualdani lideró la investigación que identificó el papel del canal iónico TRPV4 en el mecanismo que le indica al cuerpo cuándo debe parar de rascarse. Este hallazgo, presentado en el 70º Encuentro Anual de la Sociedad Biofísica en San Francisco, podría cambiar la forma de tratar la picazón crónica, que afecta a millones en todo el mundo.

La picazón persistente representa un desafío para quienes sufren enfermedades como eccema, psoriasis o problemas renales. Mientras que factores climáticos como el frío o la sequedad provocan irritaciones temporales, muchas personas enfrentan un picor que limita su calidad de vida.

Entender cómo se origina y regula la necesidad de rascarse es clave, porque la incapacidad para controlar ese impulso puede empeorar las lesiones en la piel y agravar las condiciones subyacentes. "Aunque el problema afecta especialmente a pacientes en América Latina y España, los mecanismos biológicos responsables de indicar cuándo cesar el rascado no estaban del todo claros hasta el momento", explicaron los investigadores.

El equipo de Lovaina reveló que el canal TRPV4, presente en las neuronas sensoriales, no solo genera la sensación de picazón, sino que también activa una señal de retroalimentación negativa. Esta señal avisa a la médula espinal y al cerebro que el rascado ya fue suficiente, provocando alivio y deteniendo el movimiento.

Roberta Gualdani afirmó que “en lugar de un fenotipo relacionado con el dolor, lo que surgió claramente fue una alteración en cómo se regula la conducta de rascado”. Antes, el canal TRPV4 se había estudiado principalmente en el contexto del dolor, pero su vínculo directo con el picor recién se confirmó ahora.

El avance que genera esperanza

Cuando esta señal no está presente, el rascado se prolonga más allá de lo normal, lo que puede mantener o agravar la picazón crónica. Para demostrarlo, el equipo utilizó ratones modificados genéticamente para eliminar el canal TRPV4 en sus neuronas sensoriales. Estos animales se rascaban mucho más tiempo en cada episodio, evidenciando la importancia del canal en la regulación del comportamiento.

Gualdani explicó que sin TRPV4 “los ratones no sienten esa retroalimentación, por lo que continúan rascándose mucho más tiempo de lo normal”. Este descubrimiento sugiere que un mal funcionamiento de este canal podría ser clave en la persistencia del picor crónico.

Sin esa señal, el rascado se prolonga y empeora las lesiones.

Este avance abre la puerta a desarrollar terapias específicas para tratar la picazón, especialmente en enfermedades como la dermatitis atópica. Sin embargo, bloquear TRPV4 en todo el organismo no sería ideal, por lo que las futuras estrategias podrían enfocarse en intervenciones localizadas en la piel, preservando la función nerviosa esencial que ayuda a controlar el impulso de rascarse.

De esta forma, se avanza hacia tratamientos más precisos y efectivos, que no solo alivien la sensación de picor, sino que también respeten los mecanismos biológicos que indican cuándo detener el rascado. Esta línea de investigación representa una esperanza concreta para quienes sufren picazón persistente y limitante en su día a día.