En 2017, la Fundación Vida Silvestre Argentina entregó 78 hectáreas para crear la Reserva Nacional Silvestre Alto Iguazú, un espacio fundamental para conservar la biodiversidad y mantener conectadas áreas protegidas clave en Misiones. Este territorio es uno de los sectores mejor preservados de la Selva Paranaense, vital para la supervivencia de muchas especies.
La reserva se ubica en un punto estratégico, cerca de la frontera con Brasil, y funciona como un corredor biológico entre el Parque Nacional Iguazú y el Parque Provincial Yacuy. Esta conexión facilita la continuidad del bosque nativo y permite que animales puedan desplazarse, buscar alimento y reproducirse en un ambiente seguro.
El corazón de la Selva Paranaense: biodiversidad única y un escudo para el yaguareté
Además, protege la cuenca alta del arroyo Yacuy, lo que tiene un impacto directo en la conservación de los recursos hídricos de la región, un elemento fundamental para el ecosistema y las comunidades cercanas.
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La Selva Misionera es uno de los ecosistemas más ricos en biodiversidad del país, con una gran variedad de flora como palmitos y helechos arborescentes, y una fauna impresionante que incluye cerca de 300 especies de mamíferos, más de 1.000 de aves y más de 300 variedades de peces. Entre ellas, destaca el yaguareté, una especie amenazada que depende de la protección de estos bosques para sobrevivir.
¿Cómo se combate la tala ilegal y la caza furtiva en la frontera?
La ubicación de la reserva también es fundamental para la vigilancia ambiental. Guardaparques argentinos y brasileños trabajan coordinadamente para combatir amenazas como la tala ilegal y la caza furtiva, que ponen en riesgo la fauna y flora local.
¿Por qué son clave los corredores biológicos para la fauna en Misiones?
La donación de estas 78 hectáreas representa un aporte significativo a la superficie protegida en un área crucial para asegurar la continuidad del bosque nativo. La conservación de espacios conectados es esencial para mantener la biodiversidad y favorecer que especies con grandes territorios, como el yaguareté, puedan seguir existiendo.
Así, esta reserva no solo preserva la Selva Misionera, sino también sus fuentes de agua y su valiosa fauna, siendo un ejemplo concreto de cómo la suma de esfuerzos privados y públicos puede generar un impacto positivo en el ambiente.
