El enemigo silencioso de las parejas modernas: por qué cada vez cuesta más compartir tiempo

Especialistas advierten que el creciente individualismo, el estrés y la hiperconectividad están reduciendo el tiempo de calidad en pareja y poniendo a prueba los vínculos afectivos.

25 de julio, 2026 | 15.53

En una época marcada por la hiperconectividad, las agendas saturadas y la búsqueda constante de crecimiento personal, las relaciones de pareja enfrentan un nuevo desafío, encontrar un equilibrio entre la autonomía individual y la construcción de un proyecto en común. Especialistas advierten que el problema no es que cada integrante tenga sus propios intereses, sino cuando el individualismo termina desplazando al vínculo.

En Argentina, donde las largas jornadas laborales, el estrés económico y el uso intensivo de la tecnología forman parte de la rutina cotidiana, esta tendencia se hace cada vez más visible. Según el psiquiatra y sexólogo Walter Ghedin, las parejas actuales deben lidiar con un contexto social que consume gran parte del tiempo y la energía disponibles, dejando el vínculo afectivo en un segundo plano.

Autonomía e individualismo: una diferencia clave

Para Ghedin, es importante distinguir dos conceptos que suelen confundirse. La autonomía es una característica saludable que permite a cada persona desarrollar su identidad, tomar decisiones propias y mantener espacios personales sin perder la capacidad de negociar y construir junto al otro.

El individualismo, en cambio, implica una postura mucho más rígida. Quien actúa desde ese lugar prioriza sus propios intereses, rechaza los acuerdos y rara vez cuestiona sus conductas, incluso cuando afectan la relación. "La autonomía permite ceder sin renunciar a la propia identidad. El individualismo, en cambio, dificulta cualquier tipo de negociación", explica el especialista.

Las relaciones de pareja enfrentan un nuevo desafío, encontrar un equilibrio entre la autonomía individual y la construcción de un proyecto en común.

Las primeras etapas de una relación suelen estar impulsadas por el deseo y la necesidad de compartir momentos juntos, incluso sacrificando horas de descanso o modificando rutinas. Sin embargo, con el paso de los años aparecen nuevas responsabilidades, trabajo, hijos, tareas domésticas, obligaciones económicas y compromisos sociales.

La situación no es exclusiva de Argentina. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce al estrés como uno de los principales problemas de salud pública y advierte que la sobrecarga laboral y la dificultad para desconectarse repercuten tanto en la salud mental como en las relaciones interpersonales. A su vez, investigaciones de la American Psychological Association muestran que el estrés sostenido puede deteriorar la comunicación, aumentar los conflictos cotidianos y disminuir la satisfacción en la pareja.

Para Ghedin, el problema no pasa únicamente por la falta de tiempo, sino también por la forma en que ese tiempo restante se utiliza. Las redes sociales, las plataformas de entretenimiento, el uso constante del celular e incluso las herramientas de inteligencia artificial ocupan espacios que antes podían destinarse al encuentro con la pareja.

A eso se suma una fuerte presión social vinculada al rendimiento, crecer profesionalmente, mantener hábitos saludables, entrenar, cuidar la alimentación, sostener una intensa vida social y responder a múltiples demandas diarias. Como consecuencia, muchas parejas terminan funcionando como dos individuos que conviven bajo un mismo techo, pero organizan sus vidas en paralelo.

Una problemática que también atraviesa a la Argentina

Datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) muestran que una parte importante de la población económicamente activa trabaja jornadas extensas o combina más de un empleo, una realidad que reduce el tiempo disponible para el ocio y la vida familiar. A esto se suma el impacto de la incertidumbre económica, señalada por distintos estudios en salud mental como un factor asociado al aumento del estrés cotidiano.

En paralelo, el crecimiento del uso de teléfonos inteligentes y redes sociales modificó las formas de interacción. Diversas investigaciones internacionales indican que la presencia constante del celular durante los momentos compartidos, un fenómeno conocido como phubbing, puede afectar la percepción de cercanía emocional y disminuir la satisfacción con la relación.

En este escenario, la intimidad puede transformarse en un espacio para recuperar la conexión emocional. Sin embargo, Ghedin aclara que mantener relaciones sexuales no garantiza, por sí solo, una mayor satisfacción de pareja. "Frecuencia sexual no es lo mismo que satisfacción sexual", sostiene.

El especialista explica que llegar al encuentro íntimo cargando el estrés acumulado durante todo el día dificulta disfrutar plenamente de la experiencia. Para alcanzar una vivencia gratificante resulta necesario lograr un cambio de foco, dejar por un momento las preocupaciones cotidianas y concentrarse en el contacto con el otro.

La llamada "conciencia plena" durante la intimidad favorece una experiencia de mayor bienestar y fortalece el vínculo afectivo. Lejos de proponer que cada integrante renuncie a sus proyectos personales, Ghedin plantea que el verdadero desafío consiste en no asumir que la relación funcionará por inercia.

La comunicación, la flexibilidad para negociar tiempos, la creación de espacios compartidos y la capacidad de priorizar el encuentro aparecen como herramientas fundamentales para evitar que la pareja se convierta únicamente en una organización logística.