La cordobesa Silvia Valdivia, de 64 años, se jubiló después de trabajar 15 años como supervisora en una empresa de cosméticos y decidió cambiar para siempre su vida. Con más tiempo libre, la advertencia médica de que debía priorizarse y su separación, decidió contar con un hogar diferente: una minicasa container de 15 metros cuadrados en Villa Flor Serrana, una reserva natural de Tanti, Córdoba.
La idea de mudarse al medio de la naturaleza nació en agosto del 2021 cuando se encontraba en la Reserva Natural Privada Cascada Los Chorrillos. "Estábamos tomando mates y sentí el ruido de unos caballos bañándose en el río. Salieron del agua, se revolcaron en la arena y uno de ellos hizo contacto visual conmigo; se me vino encima. En ese momento miré a mi ahijada y le dije: ‘Este es el lugar’”, contó en declaraciones a Infobae.
Tras años de vivir en compañía y en medio de dinámica familiar, priorizó la conexión con la naturaleza en lugar de un espacio amplio. Tras visitar diferentes terrenos, sintió algo diferente en un monte cercano al río. "Sentí la energía de los árboles. Antes de que la vendedora me dijera el precio, yo ya sabía que el lote era mío”, manifestó.
Por qué la jubilada eligió vivir en una minicasa container
La jubilada no quería tener una construcción tradicional y, para evitar las bolsas de cemento y mantener un estilo de vida sustentable, eligió apostar por una casa modular. "Vi un video de un minicontenedor marítimo transformado en un hogar compacto pero confortable y quedé fascinada”, recordó sobre una publicación que vio en Instagram.
Así, se puso en contacto con la empresa y empezó a diseñar su casa en medio del paisaje serrano. Decidió que sea de color verde agua para "acercar el mar a la montaña".
La vivienda fue construida en Córdoba en solo 90 días y fue trasladada como un módulo al terreno sobre una base de cemento. Hoy, una propiedad de ese estilo, solo de un ambiente, cuesta $20.000.000.
En detalle, la casa cuenta con living, baño completo, cocina y un termotanque. Solo cuenta con una ventana y un ventanal doble que sirve para acceder, todas de aluminio. Además, cuenta con techo y paredes revestidas en madera para mejorar la sensación hogareña y conservar el calor del ambiente.
La casa se convirtió en el escenario de las reuniones familiares, pero la jubilada no se mudó allí. “Es mi refugio energético, suelo venir todos los fines de semana y, cuando me organizo, me quedo seis o siete días corridos”, remarcó.
