La gigantesca multitud que convoca el último adiós a Carlos "Indio" Solari en el Polideportivo Gatica de Avellaneda solo es comparable, en la historia argentina, a la de las despedidas a otro puñado de figuras e ídolos populares.
Fueron pocos los artistas y dirigentes políticos que, al momento de fallecer, tuvieron grandes velorios públicos, generalmente en recintos oficiales, a los que asistieron miles de personas: desde Carlos Gardel, Rodrigo Bueno y Mercedes Sosa a Raúl Alfonsín y Gustavo Cerati.
Aun así, fueron todavía menos los que lograron reunir una masividad calculable en cientos de miles de personas, en funerales que a veces se extendieron a lo largo de varios días o incluso semanas.
Hipólito Yrigoyen (1933)
Menos recordados en épocas modernas, el funeral del expresidente Hipólito Yrigoyen fue uno de los más masivos de la historia argentina, reuniendo, según fuentes de aquella época, una multitud nunca vista hasta ese entonces.
Yrigoyen murió a los 80 años el 3 de julio de 1933, con una salud que se deterioró rápidamente luego de su derrocamiento en 1930, que le valió un encierro duradero en la cárcel de la Isla Martín García.
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Al morir, el exmandatario radical fue velado durante dos días y medio en su casa de la calle Sarmiento al 900. Luego, su féretro fue llevado en procesión hacia el Cementerio de Recoleta acompañado por decenas o incluso cientos de miles de personas, en un trayecto que duró cuatro horas pese a la corta distancia.
Según algunos contemporáneos, todo su funeral, que se convirtió en una protesta contra el régimen de la Década Infame, reunió a casi medio millón de personas, una cifra inédita. Los restos de Yrigoyen permanecen en el Panteón de los Caídos en la Revolución de 1890 junto con otros dirigentes de la UCR, como Leandro N. Alem y Arturo Illia.
Eva Perón (1952)
Según la mayoría de las fuentes, el funeral de Eva Perón fue el más multitudinario de la historia argentina. A su condición de "abanderada de los humildes" y de líder política del gobierno de Juan Domingo Perón se le agregaron las trágicas circunstancias de su muerte, a raíz de un cáncer de útero a la joven edad de 33 años.
Evita murió el 26 de julio de 1952 en la residencia presidencial, ubicada entonces en Recoleta, tras una larga agonía que había ido deteriorando su salud progresivamente.
Su cuerpo fue entonces embalsamado y trasladado primero a la Secretaría de Trabajo (actual Legislatura porteña), donde permaneció dos semanas. La despidieron en ese lapso cientos de miles de personas de todo el país, en una fila constante que superaba las 35 cuadras.
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Recién en 9 de agosto los restos de Evita fueron trasladados al Congreso de la Nación en una procesión solemne liderada por Perón, también frente a una gigantesca multitud. Ese mismo día fueron depositados en la sede de la CGT de la calle Azopardo. Los cálculos indican que cerca de 2 millones de personas participaron de su funeral a lo largo de esos 16 días.
Luego, el cuerpo de Eva Perón fue secuestrado por la Revolución Libertadora en 1955, enviado secretamente a Italia, enterrado bajo un nombre falso en Milán y devuelto a Perón en Madrid en 1971. Recién en 1974 fue repatriado por el gobierno de Isabel Perón y desde 1976 descansa en la bóveda de la familia Duarte en el Cementerio de Recoleta.
Juan Domingo Perón (1974)
El entonces presidente Juan Domingo Perón murió el 1º de julio de 1974 en la Quinta de Olivos, con 78 años de edad. Su salud ya frágil se agravó por el lógico estrés asociado a su reasunción como jefe de Estado, solo nueve meses antes. Finalmente, terminó falleciendo a causa de una neumonía contraída luego de un viaje a Paraguay, en el que permaneció constantemente a la intemperie bajo la lluvia.
El cuerpo de Perón fue trasladado primero a la Catedral Metropolitana para una misa de cuerpo presente. Ese mismo día fue conducido en procesión hasta el Congreso de la Nación, donde permaneció hasta la mañana del 4 de julio.
Se calcula que unas 135.000 personas lograron entrar al Parlamento para despedirlo, pero que cerca de un millón más se quedó afuera sin tener tiempo para ingresar.
Su cuerpo permaneció en la Quinta de Olivos, junto con el de Evita, hasta el golpe militar de 1976. Recién entonces fue enterrado en el Cementerio de Chacarita, en donde sufrió el robo de sus manos en 1987. En 2006, los restos del expresidente fueron trasladados a su histórica Quinta de San Vicente.
Sandro (2010)
Roberto Sánchez, más conocido como Sandro, murió el 4 de enero de 2010 a los 64 años en Mendoza. Su salud pulmonar se había deteriorado luego de décadas como fumador empedernido, y no logró superar el trasplante cardiopulmonar al que había sido sometido en noviembre previo.
Al día siguiente, su cuerpo fue trasladado en avión hasta Buenos Aires para ser velado en el Congreso de la Nación, donde llegó a haber unas 15 cuadras de fila.
Finalmente, el 6 de enero sus restos fueron llevados a un cementerio privado de Longchamps, en una procesión masiva acompañada por unas 100.000 personas.
Néstor Kirchner (2010)
El expresidente Néstor Kirchner murió repentinamente de un paro cardíaco en El Calafate, el 27 de octubre de 2010, a los 60 años de edad.
Desde el mediodía de ese mismo día, feriado por la realización del censo nacional, decenas de miles de personas comenzaron a congregarse en Plaza de Mayo para despedirlo.
Sus restos fueron velados en Casa Rosada entre el 28 y el 29 de octubre, acompañados por la entonces presidenta y viuda Cristina Kirchner. Frente a la conmoción por la noticia, se acercaron a despedirlo cientos de miles, sumando quienes hicieron la fila para ingresar y quienes permanecieron en la plaza.
Luego, el cuerpo de Kirchner fue trasladado en hasta Aeroparque en un cortejo fúnebre seguido también por miles de personas. De allí voló hacia hacia Río Gallegos, para ser enterrado en un mausoleo de la familia Kirchner en el cementerio municipal de esa ciudad.
Diego Maradona (2020)
Más allá del deterioro de su salud en los años previos, Diego Armando Maradona murió repentinamente a los 60 años el 25 de noviembre de 2020 durante su internación domiciliaria en un country de Tigre, mientras se recuperaba de una operación por un hematoma en la cabeza.
El gobierno de Alberto Fernández dispuso la Casa Rosada para el último adiós al ídolo futbolístico. Pese a las restricciones de circulación por la pandemia, cientos de miles de personas se acercaron a despedirlo en una fila que se alargaba por decenas de cuadras más allá de Plaza de Mayo.
Sin embargo, por pedido de la familia, el funeral debía durar solo 10 horas. Eso hizo que, cuando se acercaba el momento final de traslado de su cuerpo, miles de personas que se estaban quedando afuera se agolparan y terminaran ingresando intempestivamente a la Casa Rosada, causando disturbios que llevaron al fin abrupto del velatorio.
Ese mismo día, su cuerpo fue trasladado al cementerio privado Jardín Bella Vista, donde también descansan los restos de sus padres, Doña Tota y Don Diego.
