Marcelo Sasso: "Mi música, más que de fusión, es música de confusión"

En su nuevo disco, Marcelo Sasso entremezcla el jazz, el folklore, el tango y el blues:  Mi música, más que de fusión, es música de confusión”

15 de mayo, 2026 | 21.36

Piedras Rosettas es el sexto álbum del proyecto encabezado por Marcelo Sasso desde octubre de 2016 cuando, al cumplir 46 años, comenzó la tarea de grabar las varias composiciones que se le habían acumulado desde sus lejanos 18 en papeles sueltos, casetes, CDs y discos rígidos.

Los cinco discos anteriores agruparon temas según sus géneros: jazz en Perlas Abruptas, ritmos latinoamericanos en Vitraux, rock de raíz argentina en Cruces, rock y pop en inglés en Shadows & Rain I y II. El nuevo disco retoma los estilos de los 2 primeros discos añadiendo ahora algún gesto tanguero. El álbum consta de 10 piezas compuestas por Sasso. Seis son instrumentales y juegan con elementos del jazz, los ritmos folclóricos, el tango y el blues, respetándolos y alterándolos indistintamente. Cuatro son cantadas: 3 en español y 1 en el “inglés shakerspireano” (inspirado por el dialecto uruguayo del idioma inglés que inventaron Los Shakers) con el que ya jugaron en el disco anterior Sasso y la cantante Pilar Icazuriaga. Estas composiciones conforman “un EP dentro del álbum”, bautizado “Panic Suite” que a través de los estilos mencionados (y algún otro como el dodecafonismo o la jazz-ballad) cantan/cuentan desde un romance nacido de la guerra de Malvinas en 1982 hasta un ataque de pánico en 1992.

Sasso nació en 1970 en Buenos Aires y desde 1988 hasta los 40 años estudió música en forma particular mientras inventaba canciones que nunca mostraba. Desde 2012 es Licenciado en Filosofía (Diploma de honor - Universidad de Buenos Aires). En 2015 publicó un libro sobre la filosofía en la obra de J. L. Borges (Borges en clave de Elea. Repercusiones estéticas). El Destape habló con Sasso, quien se presentará el 7 de junio en Bar de Fondo, acompañado por Marcelo Sasso (piano), Pilar Icazuriaga (voz), Nicolás “Mú” Sánchez (guitarra),  Pablo Martín (bajo), Rodrigo Genni (batería).

En la música de tu disco se entremezclan el jazz, algo del folklore, el tango y el blues... ¿la música es una sola? ¿Qué camino recorre Piedras Rosettas?

— Cierto, en todos los discos mezclo bastante los géneros. A veces me parece que más que música de fusión es música de confusión la que hago. O música para aclarar esas confusiones. O para navegarlas. En cualquier caso, la música (y la mezcolanza) que grabo se unifica en el hecho de que soy el compositor de todas las canciones. Y ese yo compositor viene con una serie de obsesiones y manías que al menos me sirven para equilibrar la tendencia a la dispersión. En cuanto al último disco, Piedras Rosettas, tal vez se acentúa la mezcla de géneros porque colabora con el concepto del disco, que apunta a jugar con la idea de lo indescifrable pero que, sin embargo, se puede entender.

La Piedra de Rosetta está asociada al descifrado de los mensajes de los egipcios antiguos ¿el nombre de tu flamante disco tiene que ver con eso? ¿Por qué se llama así?

— El disco se llama así a partir de la ocurrencia de un amigo que me hizo reír mucho (mi amigo es muy ocurrente y yo me río muy fácil) relacionada, sí, con lo difícil de descifrar. Charlábamos por WhatsApp (recurso que de algún modo es una piedra de Rosetta de este tiempo) en referencia a cierta dificultad para expresar sentimientos de cualquier índole, que me lleva a no expresarlos o a hacerlo de un modo incomprensible. La ocurrencia que dijo mi amigo a modo de conclusión, y me causó gracia, fue “sos la piedra rosetta del amor”. De esa broma entre amigos salió el nombre del disco. Yo ya había seleccionado algunas piezas que tenían en común estar cargadas de varias referencias crípticas y, luego de llevar esa humorada amistosa a título de disco, insistí con más autoconsciencia en ese criterio de elección para cerrar las partituras que integrarían el álbum. Por ejemplo en el primer tema del disco (“Carwin”) la partitura indica, en la zona del interludio, “tocar como Curly de Los 3 Chiflados”. En mi imaginación, ese gesto debe necesariamente implicar amor en cualquiera de sus formas: desde uno de esos “Me gusta” que valen más que el oxígeno en el mundo de las redes, hasta un incremento en mi débil cuenta bancaria. En la realidad, ese gesto es casi indescifrable. O directamente invisible.

¿Por qué seguís eligiendo ser músico?

— Bueno, acá voy a contestar en forma opuesta al concepto “rosetero” del disco. Elijo ser músico porque la paso bien escuchando música e inventando canciones. Al punto que tal vez habría que anular la idea de elección. Diría que no puedo ser (o hacer, que es lo mismo) otra cosa (aunque esta respuesta se acerque peligrosamente a Manuel Darío, el confundido personaje de Les Luthiers). O que puedo, pero (ahí sí elijo) no quiero.

Sos autor de Borges en clave de Elea, un trabajo que ronda la filosofía en la obra de uno de los máximos escritores argentinos. ¿Hay música en la obra literaria de Borges?

— Hay música en el modo preciso en que usa las palabras, que parecen estar escritas como si no admitieran ninguna variante, como conformando un texto sagrado. Por supuesto que eso es sólo un efecto de su escritura. Pero tal vez no hay otra cosa más que efectos, que superficies sin profundidad donde lo que parece equivale a lo que es. Ese efecto, esa sensación de que “acá no se puede/debe cambiar nada”, lo siento con la música de los grandes compositores de cualquier género (desde Bach hasta Charly García). En cuanto a los pequeños compositores: yo le pongo punto final a una partitura cuando creo que ya no puedo modificarla (en mí caso, no es un “creo” producto de una deliberación racional al fin de la cual concluyo “esta pieza es impecable”, sino más bien un “me creo” de autoengaño, por supuesto).

Si por un rato fueras el DT de una selección integrada por músicos ¿Quiénes integrarían la delantera goleadora de tu equipo?

— Hermosa la referencia futbolera, ya que si bien no miro fútbol, me gusta mucho jugarlo, tal vez lo más lindo que puede hacer un cuerpo. Dentro del “equipo de la música popular hecha por compositores que viven o vivieron entre el primer mundial en 1930 y ahora”, los titulares inamovibles serían Charly García, Chico Buarque y Thelonious Monk. Pero tendría que llevar un plantel con 100 suplentes al menos. Como dice Borges, la belleza es algo bastante común (aunque como vemos en el presente, lo horrible también lo es).

Se viven tiempos de vértigo, tanto en lo político, como en lo social, lo económico. ¿Cómo atravesás este momento desde tu condición de artista?

— Como artista, la paso bien. Como persona, la paso pésimo. Pero la distinción es absurda porque ambos somos el mismo. Leí menos historia de la que debería, pero sospecho que todas las épocas fueron horribles. Aunque claro que no todo es lo mismo. No hace tantos años, al menos en Latinoamérica, hubo un tiempo un poco más luminoso.

Se vienen presentaciones del disco ¿Qué te significan el vínculo con el público, el aplauso?

— Ese vínculo me da fobia y ganas de quedarme leyendo en mi casa. Pero también me genera un profundo agradecimiento hacia las personas que se toman el tiempo de escuchar mi música (ya sea en vivo, o en los videos de YouTube, o a través de cualquier formato). En verdad, nuestra música, ya que el grupo de músicos que la interpreta es inseparable de las composiciones. Me gustaría cerrar diciendo sus nombres: Pilar Icazuriaga, Rodrigo Genni, Pablo Martín, Nicolás “Mú” Sánchez. Ellos 4 en este disco y todos los que participaron en los 5 discos anteriores también me generan un profundo (a veces invisible) agradecimiento.