Sebastiana Barrera, la madre del soldado Omar Carrasco, murió este miércoles en la localidad neuquina de Cutral Co a los 75 años. Las redes sociales la despidieron y recordaron la lucha que llevó adelante tras el asesinato del joven conscripto y que derivó en la disolución del servicio militar obligatorio en la Argentina.
La noticia fue confirmada por su familia en las últimas horas. "Con profundo dolor despedimos a Sebastiana Barrera. Hoy descansa en paz junto a sus hijos Claudia Estela Carrasco y Omar Octavio Carrasco. Su amor, su fortaleza y su recuerdo vivirán por siempre en nuestros corazones. Que brille para ella la luz eterna", expresaron sus allegados.
Junto a su esposo Francisco Carrasco, Sebastiana fue la expresión de un incansable reclamo de justicia que traspasó las fronteras de la provincia de Neuquén: su hijo había muerto al tercer día de haber ingresado al servicio militar obligatorio y destapó una red de encubrimientos dentro del Ejército Argentino.
Los organismos de derechos humanos de Neuquén también se pronunciaron por el fallecimiento de la madre del soldado Carrasco, quien había sido visto por última vez el 6 de marzo de 1994 por sus compañeros en el Grupo de Artillería de Zapala, donde tras ser sometido a "un baile" de ejercicios físicos extremos, burlas y golpes murió.
Cómo fue el caso Carrasco
A inicios de marzo de 1994, Omar Octavio Carrasco se había despedido de sus padres Francisco y Sebastiana en Cutral Co y partió a Zapala, ya que el 3 debía empezar el Servicio Militar Obligatorio; era la primera vez que dormiría fuera de su casa. Hasta ese entonces, ayudaba en su hogar con changas de albañil.
Sin embargo, a los tres días de haber sido reclutado, se lo declaró como desaparecido y desertor, algo que le fue comunicado a sus padres dos semanas después, cuando habían ido a visitar a su hijo y no lo encontraron. Francisco y Sebastiana nunca lo creyeron y denunciaron su desaparición.
El 6 de abril de 1994, el cuerpo del soldado Omar Carrasco apareció en el regimiento del Grupo de Artillería 161 de Zapala, donde cumplía el servicio militar. Lo encontraron en un descampado cerca del Cerro Gaucho con signos de momificación, la piel ennegrecida, un ojo en estado de putrefacción y con un pantalón militar pulcro y planchado. El cadáver apareció a 700 metros de la compañía donde había sido reclutado durante un segundo rastrillaje, ya que en el primero una patrulla pasó por ese mismo lugar 15 días antes y no había encontrado nada.
El cuerpo de Carrasco estaba con el torso desnudo, tenía un ojo reventado, varias costillas quebradas y, peritajes que se le practicaron, determinaron que había sido movido antes de permanecer en un sitio húmedo y oscuro, lo que explicaba el estado de momificación que exhibía.
La causa del caso Carrasco
El juez de Neuquén Rubén Caro —que años más tarde debió afrontar un pedido de juicio político por su actuación en la causa— orientó la investigación hacia "un baile" y varios castigos físicos que recibió Carrasco en los primeros días de la instrucción por parte de los conscriptos "viejos" Cristian Suárez y Víctor Salazar, quienes habían recibido órdenes directas del subteniente Ignacio Canevaro.
Un año y medio después del crimen, Canevaro recibió una condena de 15 años, en tanto que Suárez y Salazar fueron sentenciados a 10, y el sargento Carlos Sánchez recibió una pena de tres años por encubrimiento. Tras ese juicio se abrió un segundo proceso conocido como el caso Carrasco II, en el cual se investigaron las circunstancias que siguieron tras la muerte de Carrasco en esa unidad militar de Zapala.
En esa investigación, una pericia de la Policía Federal estableció que Carrasco tuvo una sobrevida de entre 48 y 60 horas luego de la golpiza que le propinaron. Esta pericia apuntaba a que, como producto de una mala atención médica, Carrasco sufrió una hemorragia interna y una lesión pulmonar que le causó la muerte, pero las conclusiones de este informe no fueron tenidas en cuenta en el juicio por el encubrimiento, y 11 años después del crimen, esa causa prescribió.
El caso Carrasco causó una gran conmoción social y contribuyó a desacreditar la implementación del Servicio Militar Obligatorio, o "Colimba" -acrónimo de Corre, Limpia y Barre- como se lo designaba popularmente. En medio de ese rechazo, y cuando se iniciaba una campaña electoral por la reelección que recientemente había sido aprobada por una reforma constitucional, Menem decidió suprimir el Servicio Militar y reemplazarlo por un sistema de reclutamiento voluntario y rentado, que aún continúa vigente.
