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Qué es "El niño" y "La niña" en el clima, según la Organización Meteorológica Mundial

El Niño y La Niña son dos fases opuestas de un fenómeno climático natural que modifica las temperaturas del océano Pacífico y los patrones de lluvia en distintas regiones del mundo. La Organización Meteorológica Mundial explica cómo se producen, cuánto duran y qué consecuencias pueden tener.

13 de octubre, 2026 | 22.45
Alerta por tormentas fuertes.

El Niño y La Niña son fenómenos climáticos que influyen en las temperaturas, las precipitaciones y la frecuencia de determinados eventos meteorológicos extremos. Si bien suelen mencionarse al hablar de inundaciones, sequías y olas de calor, no significan lo mismo ni producen los mismos efectos en todas las regiones.

De acuerdo a la Organización Meteorológica Mundial (OMM), ambos forman parte del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), un patrón natural que surge de la interacción entre el océano y la atmósfera en el Pacífico ecuatorial. El organismo advierte que comprender su evolución resulta fundamental para anticipar riesgos y preparar respuestas ante posibles impactos climáticos.

Qué son El Niño y La Niña y cuáles son sus diferencias

El Niño y La Niña son las dos fases opuestas del ENOS. Entre ambas puede presentarse una fase neutral, cuando las condiciones de temperatura del océano Pacífico tropical se mantienen cerca de los valores habituales.

El Niño es la fase cálida del fenómeno. Se caracteriza por un aumento inusual de la temperatura de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental, asociado al debilitamiento de los vientos alisios que soplan de este a oeste.

La Niña, en cambio, es la fase fría. Se produce cuando las temperaturas superficiales del océano en esa misma región se encuentran por debajo de lo normal y los vientos predominantes del este se intensifican.

Los dos fenómenos pueden modificar la circulación atmosférica y alterar los patrones habituales de lluvias y temperaturas. Sin embargo, sus consecuencias dependen de la intensidad y la duración de cada episodio, de la época del año y de la interacción con otros factores climáticos.

De acuerdo con la OMM, las transiciones entre las distintas fases suelen producirse cada dos a siete años. Los episodios de El Niño pueden durar hasta 18 meses, mientras que los de La Niña pueden extenderse hasta tres años. Por lo general, comienzan a desarrollarse entre marzo y junio y alcanzan su apogeo entre noviembre y febrero.

Cómo afectan El Niño y La Niña al clima y qué consecuencias pueden tener

Los efectos del ENOS varían según la región. En algunas zonas, El Niño suele favorecer un aumento de las precipitaciones y las inundaciones, mientras que en otras puede generar condiciones más secas y aumentar el riesgo de sequía.

En América del Sur, El Niño se asocia con mayores precipitaciones e inundaciones en determinadas áreas. También puede provocar condiciones de sequía en regiones de Australia, Indonesia, el sur de África y partes del sur de Asia. La Niña puede modificar estos patrones, aunque no implica que todas las regiones experimenten necesariamente el efecto contrario.

La OMM también señala que El Niño suele ejercer una influencia de calentamiento sobre la temperatura media mundial y sus efectos más pronunciados pueden observarse durante el año posterior al inicio del episodio. En 2024, por ejemplo, el récord de temperatura global se produjo por la combinación del intenso El Niño de 2023 y 2024 y el calentamiento global provocado por las actividades humanas.

Lluvias en Buenos Aires.

No obstante, el organismo aclara que el cambio climático no necesariamente aumenta la frecuencia o la intensidad de los episodios de El Niño. Sí puede amplificar sus consecuencias, ya que las temperaturas más elevadas del aire y los océanos aportan más energía y humedad a fenómenos extremos, como las olas de calor y las lluvias intensas.

Por eso, incluso durante una fase neutral del ENOS pueden registrarse eventos meteorológicos extremos. El fenómeno es un factor importante para elaborar pronósticos estacionales, pero no explica por sí solo todo lo que ocurre con el clima.

El Niño en 2026: qué advierte la Organización Meteorológica Mundial

La OMM informó el pasado 8 de octubre que El Niño se estaba fortaleciendo y que se esperaba que las temperaturas superficiales del Pacífico tropical central y oriental alcanzaran valores excepcionalmente elevados durante el último trimestre del año.

Según el organismo, la probabilidad de que el episodio persistiera hasta febrero de 2027 era prácticamente del 100%. Los pronósticos también anticipaban que el fenómeno alcanzaría su punto máximo alrededor de diciembre y que podría ubicarse entre los episodios más intensos registrados desde, al menos, 1950.

La OMM advirtió que este escenario podría favorecer temperaturas superiores a la media en amplias regiones del planeta y modificar la distribución de las precipitaciones, con un aumento del riesgo de sequías e inundaciones en distintas partes del mundo.

Para evaluar su evolución, los especialistas monitorean las temperaturas de la superficie del mar y utilizan modelos de predicción estacional. La información permite anticipar tendencias climáticas con meses de antelación y ayuda a sectores como la agricultura, la salud y la gestión de emergencias a planificar medidas preventivas.

Los pronósticos no determinan con exactitud qué tiempo hará en cada ciudad en un día específico: permiten estimar tendencias y probabilidades a escala regional. Por eso, conocer la evolución de El Niño es una herramienta importante para prepararse, pero debe complementarse con los informes meteorológicos locales.

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