“La vida es muy importante, pero también es frágil; lo aprendí como socorrista y como promotor de salud, por eso no podía ser indiferente”, dice Milton Tolomeo a través del teléfono del penal federal de Marcos Paz donde está detenido con prisión preventiva, acusado de haber tirado bombas molotov frente al Congreso, el 11 de febrero de este año.
Milton es masajista y tenía un trabajo formal como auxiliar de portería, aquel día había estado en la plaza como la mayoría de los miércoles para acompañar la marcha de jubilados, pero también para protestar contra la reforma laboral que terminó aprobándose mientras los camiones hidrantes y los lanzagases apuntaban contra la gente.
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“Yo soy un trabajador con más de un laburo, soy un militante de base contra las injusticias, iba a la plaza todos los miércoles para cuidar a las personas mayores que luchan porque es mi responsabilidad cuidar la vida. No soy terrorista”, dice e intenta que la voz no se le quiebre porque hace ya cuatro (4) meses que está preso y su causa no tiene competencia firme. Y porque todavía lo angustia el recuerdo del primer mes de esta condena anticipada que pasó en el régimen de “alto perfil”, una calificación que se usa para designar a personas detenidas por integrar bandas de crimen organizado y que implica estar encerrado en celdas diminutas, individuales, con el inodoro pegado a la cama durante 20 horas por día y sin acceso siquiera a un libro.
"Tengo pareja, tenía un trabajo, tengo familia; no tengo plata para irme a ningún lado ¿qué peligro de fuga podría tener? Me pongo a disposición de la Justicia y creo que va a fallar a mi favor, pero no entiendo por qué no puedo atravesar el proceso en mi casa, en libertad", insiste.
- ¿Cómo fue tu detención?
- Me detienen cuando estaba terminando mi trabajo como masajista en un evento en el Club Avellaneda, Amor por el boxeo. Ya estaba guardando mi camilla, era tarde, cuando entraron al club unos 70 policías que se me vinieron encima, eran como una marea azul y me gritaban que entregue las armas. ¿Qué armas? Lo único que tenía era el gel para los masajes. Me asusté mucho porque el tipo que me agarró estaba muy excitado, muy agresivo.
- ¿Pero sabías por qué te estaban deteniendo? ¿Te lo comunicaron?
- ¡No! No mostraron ni orden judicial para entrar al club y además rompieron la puerta de atrás para sacarme. No entendía nada, pero no me resistí, le pedí que se calmara que iba a hacer lo que me pidieran. Estaba asustado, por supuesto. Me doblaron el brazo y me empujaron contra una pared con mucha fuerza, me sacaron de ahí casi sin que pueda tocar el piso, apenas pude gritar que le avisen a mis hermanos.
- ¿Sos de contextura grande como para que se necesiten tantos policías?
- ¡Peso 63 kilos! No era ninguna amenaza.
Le sacaron fotos muchas veces, cuando se lo llevaron del club, cuando lo subieron a una camioneta, en una estación de servicio donde lo pasaron a otro auto, después a un destacamento en Avellaneda, después a otro en la calle Azopardo donde por fin le tomaron los datos y las huellas y lo volvieron a trasladar a la Alcaldía de Madariaga 8, en Villa Lugano. Era 16 de febrero, primer feriado de carnaval, Milton tuvo que esperar hasta el primer día hábil siguiente para que el juez de primera Instancia en lo Penal, Contravencional y de Faltas de la Ciudad de Buenos Aires, Gonzalo Rúa, le dijera que lo acusaban incluso de intimidación pública, uso de elementos incendiarios, resistencia a la autoridad y también de terrorismo (art. 41 quinquie).
- No entendía nada. Sí, yo había estado en Plaza de Congreso, y también estaba con casco porque sé que hay cuidarse en esta época cuando vas a manifestarte. Cuando fue lo de Ley Bases tiraron gases adentro de la estación de subte, fue terrible y muy difícil auxiliar a la gente ahí. Y ya sabemos lo que le pasó a Pablo Grillo. Pero no soy un terrorista.
Ni el juez Rúa, ni la Cámara Criminal de Ciudad consideraron esa calificación por terrorismo. Sostuvieron las otras y entendieron que por el lugar de los hechos -Plaza Congreso, que es jurisdicción federal- y por el tipo de delito, le correspondía el fuero federal. Mientras esto se decidía, la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, ordenó el traslado de Milton a Ezeiza, al régimen de máxima seguridad dando por hecho lo que ningún juez había determinado: que era integrante de una banda de crimen organizado o que era terrorista. Y lo difundió así en sus redes: “El anarquista de la molotov, a máxima seguridad”.
- Durante un mes no tuve contacto con nadie, salvo una visita de procuración a través de un vidrio. No me dejaron ver ni a mi abogada (María del Carmen Verdú), ni a mi familia. Solo podía salir de la celda cuatro horas y ahí tenía que hacer todo lo posible: caminar, lavar mi ropa, que se seque, cocinar algo que no fuera la comida fría que me daban, ver un rostro humano, hablar por teléfono aunque escuchaban todas las llamadas. Los penitenciarios que están ahí están siempre con las caras tapadas con pasamontañas, que además tienen la bandera de Estados Unidos cosida.
- ¿Cómo?
- Sí, eso, tienen una bandera de Estados Unidos. Pregunté por qué y me dijeron: “Vienen así”.
Esa no iba a ser el único castigo extra que el ministerio de Seguridad le iba a provocar a Milton Tolomeo. El 13 de febrero pasado, tres días antes de su detención, Monteoliva anunció mediante un video en redes que había presentado una denuncia por “terrorismo” contra una serie de personas a las que mostró en imágenes y que nunca fueron imputadas. Milton no está entre ellas, pero la causa 599/2026 quedó radicada en el Juzgado Federal N.° 11 que subrogaba Julián Ercolini y con la actuación de la fiscalía de Carlos Stornelli.
“Como apelamos la prisión preventiva en el juzgado de Rúa -explica Verdú- y además hubo más detenidos (Eneas Garro), la declaración de incompetencia para que la causa de Tolomeo pase al fuero federal salió recién el 18 de junio. Pero en lugar de mandar el expediente a sorteo lo enviaron directamente al Juzgado 11”, explicó. El juez Ercolini quiso devolver el expediente por considerar que no se podía adjuntar la causa que se tramita contra Milton y Eneas a otra que no los tienen como acusados ni como imputados, “pero el fiscal Stornelli, que no es la primera vez que busca aplicar el artículo 41 quinquie, apeló la decisión del juez y recién este viernes 3 de julio volvimos a presentarnos las defensas de Tolomeo y Garro para que la causa vuelva al juzgado de Ciudad y finalmente se mande a la Cámara Federal para que se sortee el juzgado que debe intervenir”.
"Cuando escucho que me quieren aplicar ese artículo 41, que tiene penas de 10 a 30 años realmente no entiendo nada, no logro entender. Pero tengo que confiar en que la Justicia actúe de acuerdo a derecho. Confío en mi defensa también, y en la Coordinadora por los presos políticos que nos está acompañando a mí y a Eneas", apunt´.
El eco del pabellón se cuela por el teléfono, el temblor de la voz del masajista, la desproporción del castigo que se le impuso aun cuando todavía no hay un juez o una jueza ni una fiscalía determinada que pueda evaluar los hechos, las pruebas; todo eso parece agrandar la distancia que las voces desandan. Milton dice que lo sostienen sus afectos, su pareja, también las organizaciones de Derechos Humanos que denunciaron las condiciones de detención que padeció, el exceso en la aplicación de la prisión preventiva y el avasallamiento del derecho democrático a protestar. “Sí, yo iba a la plaza todos los miércoles, iba para asistir a las personas y para, en lo posible, protegerlas de la violencia del Estado. Gases, palos, balas de goma, toda esa violencia de parte del Estado contra viejos y a veces personas con discapacidad también. Yo entiendo que era mi responsabilidad, como alguien que cuida la vida, proteger a esas personas", manifestó.
- ¿Qué te gustaría decirle al Poder Judicial ahora?
- Que no ejemplifiquen conmigo, que no quieran hacerle creer a toda persona que lucha la van a convertir en criminal, porque eso es lo que quieren, criminalizar la protesta. Y la Justicia no tendría que ser cómplice de esto.
