No lo hace por maldad: por qué tu gato rasca los muebles y cómo evitar que destruya el sillón

Muchos dueños creen que se trata de un capricho, pero rascar es una conducta natural e indispensable para los gatos. Qué explica este comportamiento y qué estrategias recomiendan los especialistas para proteger los muebles sin afectar el bienestar del animal.

29 de julio, 2026 | 17.19

Quienes conviven con un gato probablemente hayan vivido la misma escena más de una vez: el sillón nuevo, una silla de madera o el marco de una puerta terminan marcados por las uñas del felino. Aunque la primera reacción suele ser pensar que se trata de una travesura o un acto de rebeldía, los especialistas coinciden en que rascar forma parte del comportamiento natural de los gatos y cumple funciones esenciales para su salud física y emocional.

Lejos de ser un hábito que deba eliminarse, el desafío consiste en entender por qué ocurre y ofrecer alternativas para que el animal pueda expresarlo sin dañar el mobiliario. Veterinarios y etólogos explican que impedir que un gato rasque o castigarlo por hacerlo puede aumentar su nivel de estrés y empeorar el problema, ya que esta conducta es una necesidad biológica y no una elección.

Por qué los gatos necesitan rascar

Rascar les permite mucho más que afilar las uñas. Al hacerlo eliminan la capa externa desgastada de las garras, estiran la musculatura de la espalda, los hombros y las patas, liberan tensión acumulada y dejan señales visuales y químicas gracias a las feromonas que poseen en las almohadillas de sus patas. Es decir, además de cuidar su cuerpo, utilizan el rascado como una forma de comunicarse y sentirse seguros dentro de su territorio.

Este comportamiento se mantiene incluso en los gatos que viven exclusivamente dentro de un departamento. Aunque ya no necesiten defender un territorio de otros animales ni trepar árboles para sobrevivir, conservan los mismos instintos que desarrollaron sus ancestros salvajes. Cuando el ambiente resulta poco estimulante o atraviesan situaciones de estrés, la necesidad de rascar puede intensificarse.

Diversos estudios indican que los cambios en la rutina del hogar pueden influir directamente en la frecuencia con la que un gato rasca muebles u otros objetos. La llegada de una nueva mascota, un bebé, visitas frecuentes, una mudanza o incluso modificar la disposición de los muebles pueden alterar la percepción de seguridad del animal y llevarlo a marcar con mayor intensidad su entorno.

Los especialistas también observaron que el estrés felino puede manifestarse de otras maneras, como un aumento del apetito, exceso de acicalamiento, sensibilidad a los ruidos, agresividad o problemas digestivos. Por eso, cuando el rascado aparece de forma repentina o se vuelve excesivo, conviene prestar atención al contexto general y no únicamente al daño que producen las uñas.

Cómo evitar que destruya los muebles

La solución no pasa por prohibirle rascar, sino por ofrecerle lugares adecuados para hacerlo. Los veterinarios recomiendan colocar rascadores en las zonas donde el gato suele descansar o cerca de los muebles que ya eligió para afilar sus uñas. De esa manera, el animal encontrará una alternativa atractiva sin perder la posibilidad de expresar un comportamiento completamente natural.

También resulta importante enriquecer el ambiente con estructuras para trepar, estantes elevados, escondites y juguetes que estimulen su instinto de caza. Varias sesiones cortas de juego a lo largo del día ayudan a reducir el aburrimiento y a canalizar la energía, especialmente en gatos que viven exclusivamente en interiores.

No lo hace por maldad: por qué tu gato rasca los muebles y cómo evitar que destruya el sillón.

Uno de los consejos en los que más insisten los especialistas es no retar ni castigar al gato cuando rasca un mueble. Levantar la voz, rociarlo con agua o utilizar otros métodos de corrección puede aumentar su ansiedad y hacer que el comportamiento se repita con más frecuencia. En cambio, premiar el uso del rascador mediante caricias, juegos o pequeños premios favorece que el animal lo incorpore como su lugar habitual para afilar las uñas.