El peligro invisible del invierno: los síntomas del monóxido de carbono que muchos confunden con estrés o una gripe

Dolor de cabeza, náuseas y sueño pueden ser señales de intoxicación por monóxido de carbono, un peligro invisible que aumenta durante el invierno.

03 de junio, 2026 | 10.32

Con la llegada de las bajas temperaturas, miles de hogares vuelven a encender estufas, calefactores y otros sistemas de calefacción para combatir el frío. Sin embargo, junto con el invierno también reaparece un riesgo silencioso que cada año provoca intoxicaciones y muertes evitables, el monóxido de carbono.

Se trata de un gas altamente peligroso que tiene una característica que lo vuelve especialmente traicionero, no tiene olor, color ni sabor. Por eso, muchas personas no advierten su presencia hasta que comienzan a experimentar síntomas que suelen confundirse con problemas cotidianos como el cansancio, el estrés o incluso una intoxicación alimentaria.

Los especialistas alertan que uno de los primeros signos suele ser un dolor de cabeza persistente que aparece al permanecer durante varias horas en ambientes cerrados y calefaccionados. También pueden presentarse mareos, somnolencia, debilidad, náuseas y una sensación general de malestar.

"La intoxicación por monóxido de carbono suele pasar desapercibida porque sus síntomas iniciales son muy inespecíficos. Muchas personas creen que están cansadas, engripadas o que comieron algo en mal estado", explicó la médica clínica Lorena Alanis, de Boreal Salud.

Las señales que no hay que ignorar

Una de las claves para detectar el problema es observar el contexto en el que aparecen los síntomas. Si varias personas de una misma vivienda comienzan a sentirse mal al mismo tiempo o si las molestias mejoran al salir al aire libre, podría tratarse de una intoxicación por monóxido de carbono.

Los especialistas alertan que uno de los primeros signos suele ser un dolor de cabeza persistente que aparece al permanecer durante varias horas en ambientes cerrados y calefaccionados.

En los casos más graves pueden aparecer vómitos, dificultad para respirar, visión borrosa, dolor en el pecho, desorientación e incluso pérdida del conocimiento. Los grupos más vulnerables son los niños, los adultos mayores, las personas embarazadas y quienes padecen enfermedades respiratorias o cardiovasculares.

Además, existe un momento especialmente crítico, la noche. Los expertos advierten que el monóxido puede acumularse mientras las personas duermen, sobre todo cuando se utilizan braseros o artefactos de calefacción defectuosos en ambientes con poca ventilación.

Cómo prevenir una intoxicación

La prevención sigue siendo la herramienta más efectiva para evitar accidentes. Entre las principales recomendaciones se encuentran:

  • Mantener una ventilación permanente en los ambientes.
  • Realizar controles periódicos de estufas, calefones y calefactores con gasistas matriculados.
  • No tapar rejillas ni salidas de ventilación.
  • Evitar el uso de braseros o artefactos sin salida al exterior en espacios cerrados.
  • Verificar que la llama de los artefactos sea siempre azul. Si es amarilla o anaranjada, puede indicar una combustión deficiente.

Ante la sospecha de intoxicación, los especialistas recomiendan abrir puertas y ventanas de inmediato, apagar los artefactos a combustión y acudir rápidamente a una guardia médica.