A pesar de los avances, el año pasado 1,2 millones de personas contrajeron el VIH

"La pandemia no terminó. Es más, sin una acción urgente, podría resurgir", dijo Winnie Byanyima, directora general de Onusida, y advirtió que la financiación se desploma justo cuando la ciencia ofrece sus mejores herramientas de prevención y tratamiento

27 de julio, 2026 | 22.10

(Desde Rio de Janeiro).– El nuevo informe de Onusida que se dará a conocer este jueves cuenta dos historias contrapuestas. La primera es la de un progreso científico extraordinario, la de una medicina preventiva tan eficaz que, si se logra que llegue a todos los que la necesitan, es factible poner fin al sida como amenaza para la salud pública. Pero la segunda no es tan optimista: en este mismo momento, los recortes al financiamiento, el aumento de la desigualdad y ataques a los derechos humanos están poniendo en riesgo décadas de avances.

Lo adelantó Winnie Byanyima, directora general de Onusida, durante la conferencia de prensa inaugural de AIDS 2026, la Conferencia Mundial de Sida que se celebra esta semana en esta ciudad (por primera vez en un país de América latina). El trabajo, titulado “Unidos para terminar con el sida”, presenta datos impactantes: desde el pico de la epidemia, las nuevas infecciones cayeron un 65 por ciento y las muertes relacionadas con el sida, un 73 por ciento. Gracias al tratamiento antirretroviral (que hoy reciben más de 32 millones de personas, la cifra más alta de la historia) se salvaron más de 28,5 millones de vidas. 

En el centro, Winnie Byanyima, directora general de Onusida

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“Este es uno de los mayores logros de salud pública de nuestra generación –dijo Byanyima–. Pero seamos claros: progreso no es lo mismo que victoria. Nuestro informe muestra que el año pasado 1,2 millones de personas contrajeron el VIH, murieron 570.000 por enfermedades relacionadas con el sida y todavía hay 8,9 millones de personas viviendo con VIH sin el tratamiento que les salvaría la vida. Entre ellos, casi el 45 por ciento de los chicos que viven con VIH. Cada uno de estos números es una vida humana. Es un niño, una madre, una pareja, un amigo. Y detrás de ellos hay una verdad incómoda. El progreso se está desacelerando. Las nuevas infecciones están aumentando en tres de las cinco regiones del mundo, y en 21 países. Cada día, alrededor de 3.400 personas contraen el VIH en todo el mundo y alrededor de 1.600 mueren por enfermedades relacionadas con el sida. La pandemia del VIH no terminó. Es más, sin una acción urgente, podría resurgir”.

Líderes de Naciones Unidas, ministros de salud, representantes de la sociedad civil y organismos regionales presentes en el evento coincidieron en el diagnóstico: el mundo cuenta hoy con la ciencia necesaria para terminar con el VIH, pero hay factores que ponen en riesgo esa meta. Los recortes en la financiación son un aspecto, otro es el retorno de ideas que estigmatizan: en la actualidad, 66 países castigan las relaciones entre personas del mismo sexo, 168, el trabajo sexual y 14 a las personas trans.

Erika Castellanos, directora ejecutiva de Global Action for Trans Equality (GATE, Acción Global para la Equidad Trans), habló de su propia experiencia. Activista beliceña de 50 años, vive con VIH desde 1995. “Hablo como madre, como hija, como hermana, como esposa, como mujer trans –afirmó–. Sé lo que significa entrar a sistemas que nunca fueron diseñados pensando en personas como yo. ¿Se respetará mi nombre? ¿Se juzgará mi cuerpo? ¿Seré humillada? ¿Seré salvada? ¿Recibiré atención? Atravesé más de 30 años de promesas, avances científicos y funerales. Vi morir a muchos de mis amigos aunque los medicamentos ya existían. La ciencia no les falló, la política, sí. Hoy nos dicen que el financiamiento para la respuesta global al VIH se desplomó. Pero no cayó solo. Esto no fue un terremoto ni un desastre natural. Estados Unidos tomó la decisión política de retirar su apoyo. Otros gobiernos donantes ricos tomaron decisiones políticas de no dar un paso adelante”. Castellanos pidió que las comunidades afectadas participen en la toma de decisiones. Y concluyó: "Los derechos humanos son fundamentales para la infraestructura de la respuesta al VIH. Yo estoy viva hoy gracias a la ciencia, al activismo y a una comunidad que se organizó. Financien esta respuesta como si de eso dependieran vidas, porque es así”.

El viceministro de Salud de Sudáfrica, Joseph Phaahla, también presente en la rueda de prensa, confirmó que la caída del 25% en la financiación de donantes "no es una cifra abstracta": se siente en la disponibilidad de medicamentos, la profilaxis preexposición, los sistemas de vigilancia epidemiológica. Y advirtió que "ningún ministerio de finanzas africano puede reemplazar de la noche a la mañana la escala, la previsibilidad y la profundidad técnica" que aportó durante dos décadas la cooperación internacional. A lo que Byanyima agregó: “Los países que dependían de ella para casi el 60 por ciento de sus respuestas al VIH ya están recortando servicios. Las organizaciones comunitarias están cerrando. Los programas de prevención se están reduciendo. Los trabajadores de la salud están perdiendo sus empleos. Las consecuencias son totalmente previsibles. Cuando la prevención desaparece, las infecciones aumentan. Cuando el tratamiento se interrumpe, la gente muere. Ya vimos esto antes. Sabemos cómo termina la historia si no actuamos”.

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Mientras tanto, una batería de herramientas que incluyen pastillas e inyecciones mensuales o semestrales para interrumpir la infección antes de que ocurra acercan la posibilidad de terminar con la epidemia.

Dijo Jarbas Barbosa: “La pregunta ya no es si tenemos las herramientas para poner fin al VIH como problema de salud pública. Las tenemos. La pregunta es si podemos asegurar que lleguen a todas las personas que las necesitan, sin importar dónde vivan, quiénes sean o las circunstancias que enfrenten –destacó–. La innovación solo cambia vidas cuando las personas pueden acceder a ella”.

Según los últimos datos disponibles, las muertes relacionadas con el sida en América Latina y el Caribe disminuyeron un 46% entre 2010 y 2025. En 2024, el acceso al tratamiento antirretroviral evitó 117.000 decesos. Además el acceso a la profilaxis preexposición (PrEP) aumentó de 35.000 personas en 2020 a más de 326.000 en 2025.

“Las nuevas infecciones y las muertes por sida están en su nivel más bajo en tres décadas. Poner fin al sida para 2030 sigue estando al alcance", finalizó Tedros Adhanom Ghebreyesus, secretario general de la Organización Mundial de la Salud, pero también advirtió que ese progreso es frágil.

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Nora Bär