Existe un hábito muy común en la población general que, aunque pueda parecer inofensivo, tiene grandes riesgos para la salud. Hay muchos hábitos que las personas tienen naturalizados, sin tener noción de que están poniendo en riesgo a su organismo.
Este hábito es la onicofagia, es decir, morderse las uñas. Esta simple acción cotidiana para muchas personas puede pasar desapercibida: muchos lo hacen mientras esperan el colectivo, mientras trabajan, durante un examen o en cualquier momento del día en el que sienten ansiedad.
Onicofagia: por qué morderse las uñas puede ser muy nocivo para la salud
El hábito de morderse las uñas, que afecta tanto a niños y adolescentes como a adultos, suele empezar en edades tempranas y persistir durante muchos años. No solamente implica morderse las uñas, sino también la piel que las rodea. Algunas personas llegan incluso a comerse las uñas, lo que puede causar aún más daños.
Las causas más comunes de la onicofagia suelen ser estrés, ansiedad, aburrimiento y dificultades para regular las emociones, aunque no son los únicos. No se trata de una "falta de voluntad", sino de un hábito poco saludable al que es importante prestarle atención para tratarlo lo antes posible.
Sus consecuencias para la salud
A pesar de que se suele minimizar, puede tener grandes consecuencias físicas, emocionales y sociales, desde lesiones en las uñas y la piel hasta infecciones, desgaste dental y sentimientos de vergüenza o incomodidad.
Cuando la onicofagia se sostiene en el tiempo, puede provocar daños progresivos en las uñas y la piel que las rodea, mucho más allá de lo estético. Las mordidas constantes generan pequeñas heridas, inflamación y alteraciones en el crecimiento normal de la uña, debilitando la barrera natural de protección de la piel.
Con el paso del tiempo, esto puede derivar en uñas frágiles, deformadas o dolorosas, además de aumentar el riesgo de infecciones. Uno de los problemas más frecuentes es la entrada de bacterias, hongos y virus a través de pequeñas grietas o heridas abiertas.
La zona alrededor de la uña es especialmente vulnerable y puede desarrollar infecciones como la paroniquia, que se manifiesta con enrojecimiento, dolor, hinchazón y, en algunos casos, secreción.
A esto se suma que debajo de las uñas se acumulan microorganismos que, al llevarse repetidamente a la boca, pueden ingresar al organismo y provocar infecciones bucales o molestias digestivas.
También hay un gran impacto en la salud dental, ya que el contacto constante entre uñas y dientes favorece el desgaste del esmalte, pequeñas fracturas, molestias en la mandíbula e irritación de las encías.
Cómo dejar de morderse las uñas
Es fundamental identificar en qué momentos aparece este hábito para poder actuar antes de que el impulso se vuelva automático. Tomar conciencia de lo nocivo que es hacerlo suele ser el primer paso para poder modificarlo.
Existen estrategias prácticas que ayudan a reducir la conducta, como mantener las uñas cortas y cuidadas, protegerlas cuando están dañadas y reemplazar el acto de morder por otra acción menos perjudicial.
Cuando el hábito está muy instalado o genera consecuencias físicas frecuentes, el acompañamiento profesional es clave. En esos casos, la terapia psicológica, especialmente la cognitivo-conductual, puede ayudar a trabajar la ansiedad, los impulsos y los factores emocionales que lo sostienen.
