El ginkgo biloba es una de las especies más antiguas del mundo y también una de las más llamativas durante el otoño. Con cerca de 750 ejemplares censados en la Ciudad de Buenos Aires, este árbol se destaca por el color amarillo intenso que adquieren sus hojas antes de la llegada del invierno.
Originario de China, existe desde hace más de 200 millones de años y es considerado por especialistas como un "fósil viviente", ya que logró sobrevivir prácticamente sin cambios a lo largo de millones de años de evolución.
Por qué las hojas del ginkgo se vuelven doradas
Una de las características más reconocibles de esta especie son sus hojas en forma de abanico, que durante gran parte del año presentan un color verde intenso. Sin embargo, con la llegada de las bajas temperaturas y la reducción de las horas de luz, la clorofila comienza a degradarse y deja al descubierto los pigmentos amarillos.
Este proceso natural, conocido como senescencia foliar, ocurre cada otoño y convierte al ginkgo en uno de los árboles más llamativos del paisaje urbano porteño. Durante algunas semanas, sus copas adquieren una tonalidad dorada antes de que las hojas caigan por completo.
Un dato fascinante es que el ginkgo es una especie reconocida por su resistencia. De hecho, algunos ejemplares ubicados a menos de dos kilómetros del epicentro de la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima en 1945 lograron sobrevivir y rebrotar tiempo después. Por ese motivo, en Japón es considerado un símbolo de supervivencia y esperanza.
Dónde ver ginkgos en la Ciudad de Buenos Aires
Los ejemplares más conocidos de la Ciudad pueden encontrarse sobre la calle Junín, junto al Cementerio de la Recoleta. Otro de los puntos es sobre la avenida Jorge Newbery, en las inmediaciones del Cementerio de la Chacarita, donde también es posible observar varios ejemplares de esta especie.
Además, los ginkgos están presentes en espacios verdes como el Jardín Japonés, Plaza Sicilia, Plaza Holanda, el Parque Paseo de las Américas y la Plaza República de Chile. En este último hay árboles declarados notables por la Ciudad debido a su valor histórico y simbólico.
Asi que, si bien están presentes durante todo el año, la mejor época para ver ginkgos en su máxima expresión es durante fines del otoño, cuando sus hojas adquieren ese dorado tan característico.
