¿Por qué la mayoría de animales argentinos que se trasladan a santuarios se mueren? La pregunta no nace de una cifra al azar, sino de una reciente investigación que reveló que el 96,4% de los animales derivados al extranjero fallecieron.
La cifra surge de un relevamiento realizado por Alejandra Juárez, fundadora de Guardazoo Argentina y directora del Proyecto Carayá, con los datos de mortalidad recolectados entre el 2002 y el 2024. Dos años más tarde, el fallecimiento de la elefanta Puppy en un santuario de Brasil —seis meses después de su derivación— y de la tigresa Flora a comienzos de abril—solo dos meses después de ser rescatada del exzoológico de Lujan y llevada a Países Bajos— muestra la tendencia negativa de los traslados.
En diálogo con El Destape, diferentes especialistas analizaron la dicotomía entre la vida en cautiverio y el estrés de estos procesos, ante las altas cifras de mortalidad de los animales que se llevan al extranjero. ¿Son los traslados la mejor opción para los animales? ¿Qué otras alternativas existen?
¿Es un final feliz?: la muerte de Flora expone un resultado negativo de los traslados
La muerte de la tigresa Flora es un ejemplo de cientos de ejemplares que fueron trasladados fuera del país y al poco tiempo fallecieron. A pesar del resultado negativo dos meses después del operativo, Luciana D’Abramola, directora de la organización Four Paws que la llevó a Países Bajos, insistió en que la medida “fue lo mejor para la tigresa”. El animal había sido rescatado del exzoológico de Luján con heridas abiertas, patas encarnadas y problemas dentales por los cuales había sido operada. "Dejar a Flora en las condiciones de las que fue rescatada solo hubiera prolongado su sufrimiento y le hubiera impedido acceder al cuidado especialista que necesitaba con urgencia", apuntó en un comunicado.
Sin embargo, Víctor Fratto, licenciado en Gestión Ambiental y director del Centro de Rescate Refaunar, disiente de la decisión. “Es fuerte decir un porcentaje porque te da una idea del fracaso de llevar a los animales fuera del país”, lamentó en diálogo con este medio frente a la mortalidad del 96,4% de animales.
De acuerdo al experto, es clave tener en cuenta cómo no solo el traslado, sino también los cambios de hábitat pueden generar estrés en el animal e impactar en su salud. “En el caso de Flora la sacaron de Buenos Aires, que tiene estaciones bastante marcadas, y la llevaron a un lugar donde hay casi una misma estación durante todo el año y las condiciones de humedad cambian”. En ese sentido, el licenciado advirtió que los santuarios no siempre son la solución: "Un lugar más amplio no siempre es sinónimo de bienestar animal".
“Por más de que en las imágenes muestren al animal saliendo de la jaula y corriendo por un predio largo, hay que saber interpretar realmente qué es lo que le está pasando. No siempre es ‘estoy corriendo de felicidad’, sino ‘estoy corriendo porque estoy asustado, porque esto me estresa, porque el clima cambió, porque este no es el lugar donde yo estuve toda mi vida’”, describió.
A él se le sumó Rubén Quintana, investigador superior del CONICET y profesor IIIA (CONICET-UNSAM), quien opinó que el traslado “no es lo más adecuado” si se busca el bienestar animal, especialmente cuando son ejemplares de edad avanzada. “Estamos hablando de animales que en muchos casos son ancianos, que obviamente acarrean problemas de salud desde hace mucho tiempo, en situaciones de abandono en algunos casos”, remarcó.
Asimismo, consideró que "no es la mejor medida llevarlos a un lugar que está muy alejado" porque "todo caso implica un viaje largo en condiciones estresantes”. “Por otro lado, muchos de estos santuarios no están en sus lugares de origen, o sea, no son en el área de distribución original de estos animales, con lo cual habría que evaluar qué condiciones ambientales tienen”, reflexionó Quintana.
El riesgo del cambio: cómo el estrés de los traslados puede afectar la supervivencia en santuarios
Durante los traslados, a pesar de la preparación del animal, aparece un componente clave del viaje que puede afectar el bienestar de los ejemplares: el estrés.
Ante la consulta de si este factor podría llevar a la posterior muerte de los animales, Quintana no lo descartó. “Solo el estrés ya puede predisponer mal al animal para que después sufra determinadas enfermedades. Nos pasa también a los humanos, puede bajar las defensas y afectar el sistema inmune”, explicó el investigador del Conicet, aunque señaló que también puede haber otros factores adicionales que desencadenen su muerte.
Fratto coincidió al sostener que el estrés se da por el viaje y por dejar atrás un espacio que conocían cómo funcionaba por completo.“No es solamente enseñarle a entrar a una caja y, cuando está adentro, lo subimos a un avión, porque nunca le enseñaste cómo era andar en avión y cómo era vivir en un ambiente completamente distinto”.
“No hay que santificar tanto a los santuarios, el cambio es muy drástico para un animal y le genera estrés que lo termina matando, porque hace que un animal esté mucho más susceptible a las enfermedades”, apuntó tajante.
Sin embargo, para Isabel de Estrada, periodista y creadora de Fundación Zorba -una organización sin fines de lucro en contra de maltrato animal- los traslados siguen siendo la respuesta, a pesar de que admitió que el estrés puede llevar a la muerte de ejemplares porque “se relajan”. “El sufrimiento que es para un animal estar en cautiverio es enorme”, lamentó.
De Estrada señaló que, si bien "el estrés puede influir" otras veces mueren por "miles de enfermedades que tenían y que los fueron deteriorando”. Pero Fratto apuntó directamente contra esa idea: "Dicen que los animales ya estaban mal y por eso se murieron, pero si los animales que están trasladando están mal y seguimos trasladando, van a seguir muriendo”.
¿Una inversión mal destinada?: qué alternativa existe para los traslados
Para Fratto y Quintana, la clave se encuentra en invertir los recursos utilizados para derivaciones de animales dentro de Argentina. “La solución está en mejorarles las condiciones en el lugar donde están y no someterlos al estrés del traslado”, resumió Fratto, quien señaló que si los centros donde se encuentran los animales no cuentan con el espacio necesario, se deberían trasladar a otro lugar dentro del país, cuidando su bienestar.
Claudio Bertonatti, museólogo, naturalista y especialista en gestión ambiental, coincidió y amplió: “Se invirtió mucho en esos traslados, cuando todo ese dinero podría haber servido para mejorar las condiciones de bienestar de esos animales dentro del país, ya sea en las mismas instituciones que los alojaban o creando otras nuevas”.
El experto señaló que, además de espacios adecuados para animales exóticos, Argentina necesita más centros de rescate, porque hay muchos animales silvestres que se decomisan del tráfico de fauna o de falsos zoológicos. “Un país serio debe hacerse cargo de estos seres vivos, disponiendo recursos materiales y humanos para salvarlos, asegurarles bienestar, incorporarlos a proyectos —por ejemplo, de reproducción, conservación, repoblación o reintroducción— y educar comunicando las historias de vida de esos animales para atacar las causas de los problemas que los afectan, generando aprecio, admiración y respeto por ellos y por el resto de la naturaleza”.
En ese sentido, Fratto subrayó que invertir dinero en mejorar centros ya existentes o en crear nuevos “es una apuesta a futuro”, ya que todavía hay muchos animales en Argentina.
