Revisar los chats de la pareja, exigir contraseñas de redes sociales o pedir acceso al teléfono celular son prácticas que muchas veces se presentan como muestras de confianza o interés. Sin embargo, especialistas y organismos de seguridad advierten que estas conductas forman parte del abuso digital y pueden convertirse en formas de control que afectan la privacidad y el bienestar de las personas.
El fenómeno gana relevancia en un contexto en el que gran parte de la vida social, laboral y afectiva transcurre en plataformas digitales. Acciones que parecen inofensivas, como monitorear la actividad en redes sociales o solicitar explicaciones constantes sobre contactos y publicaciones, pueden ser señales de ciberacoso dentro de una relación.
Qué conductas son consideradas abuso digital
Entre los comportamientos más frecuentes identificados por especialistas se encuentran obligar a la pareja a agregar a la otra persona en todas sus redes sociales, intentar obtener contraseñas para leer mensajes privados, controlar quién comenta las publicaciones o exigir la eliminación de determinados contactos.
También se considera una forma de abuso presionar para borrar fotografías, cuestionar permanentemente las interacciones en línea o demandar acceso a correos electrónicos y conversaciones privadas. Aunque estas acciones suelen justificarse como una forma de cuidado o interés, representan una invasión a la intimidad y pueden convertirse en mecanismos de vigilancia constante.
Otro indicador preocupante es el uso de amenazas vinculadas con contenido íntimo. Por ejemplo, condicionar a la pareja mediante la posibilidad de publicar fotografías o información privada en internet para obtener algún beneficio o imponer determinadas conductas. Este tipo de situaciones puede generar daños emocionales significativos y vulnerar derechos fundamentales relacionados con la intimidad y la protección de datos personales.
Otros delitos y riesgos que existen en el entorno digital
Además del ciberacoso, existen otras modalidades de violencia y delitos digitales que pueden afectar a las personas. Entre ellos se encuentran la difusión no consentida de imágenes o videos de carácter sexual, el grooming —que involucra el contacto de adultos con menores mediante medios tecnológicos con fines sexuales— y la suplantación de identidad en redes sociales y servicios digitales.
La suplantación de identidad es especialmente preocupante porque permite a terceros utilizar fotografías, datos personales o perfiles ajenos para engañar a otras personas, cometer fraudes o perjudicar la reputación de la víctima. También pueden producirse accesos no autorizados a cuentas, robos de información y distintas modalidades de phishing destinadas a obtener credenciales o datos sensibles.
Los expertos recomiendan proteger la privacidad mediante contraseñas seguras, autenticación en dos pasos y límites claros respecto al acceso a dispositivos y cuentas personales. Reconocer estas conductas a tiempo es clave para evitar que el control digital se convierta en una forma más de violencia dentro de una relación.
