El “hada rosa” volvió a asomar en Mendoza y celebran su presencia en un área protegida

Un ejemplar de pichiciego menor, el diminuto “hada rosa” y armadillo más pequeño del mundo, fue registrado nuevamente en la Reserva de Biósfera Ñacuñán en Mendoza, reforzando la importancia de su conservación.

27 de febrero, 2026 | 10.52

En un hecho que entusiasma a científicos, ambientalistas y guardaparques, un ejemplar del pichiciego menor, popularmente apodado el “hada rosa”, fue registrado nuevamente en la Reserva de Biósfera Ñacuñán, en la provincia de Mendoza. Este pequeño armadillo, de vida casi subterránea y comportamiento nocturno, es una de las especies más esquivas de la fauna argentina y su avistamiento constituye un hito para la conservación local.

El pichiciego menor (Chlamyphorus truncatus), conocido por su inconfundible caparazón rosado pálido que le da su apodo, mide apenas entre 7 y 11 centímetros de largo, lo que lo convierte en el armadillo más pequeño del mundo. Su marcada adaptación a la vida bajo tierra y su nocturnidad hacen que cada registro visual sea extremadamente raro, incluso en áreas donde se sabe que existe.

Cómo se realizó el hallazgo del hada rosa

El hallazgo fue confirmado gracias a un video captado dentro de la Reserva de Biósfera Ñacuñán, donde guardaparques y pobladores dieron aviso a las autoridades ambientales. La presencia de este animal no sólo alimenta el entusiasmo por su singularidad, sino que también sirve como indicador biológico de la salud del ecosistema, ya que el pichiciego requiere suelos estables, arenosos y sin perturbaciones para excavar sus galerías.

Para los especialistas, la reaparecida del “hada rosa” refuerza la importancia de mantener y ampliar los espacios protegidos. La reserva de Ñacuñán, que abarca unas 12.600 hectáreas de algarrobales y jarillales en el Monte mendocino, ofrece no sólo flora nativa conservada sino también condiciones ideales para especies altamente sensibles como esta.

El hada rosa es una de las especies más esquivas de la fauna argentina y su avistamiento constituye un hito para la conservación local.

Además de su valor simbólico, el pichiciego cumple funciones ecológicas fundamentales: se alimenta de hormigas y larvas, ayudando a regular poblaciones de insectos, y sus excavaciones airean el suelo y mejoran la infiltración de agua, un recurso crítico en ambientes áridos como el del sur de Mendoza.

En Mendoza, la especie está legalmente protegida como Monumento Natural Provincial bajo la Ley N° 6.599, lo que implica un régimen especial de conservación. Las autoridades recuerdan que, ante un encuentro fortuito con esta criatura frágil, es fundamental no manipularla y avisar de inmediato a los guardaparques o a los servicios de emergencia.

Este nuevo registro del pichiciego menor no sólo celebra la reapertura de uno de los tesoros más singulares de la fauna argentina, sino que también pone en evidencia la relevancia de las políticas de conservación para garantizar la supervivencia de especies que, por su naturaleza esquiva, rara vez se dejan ver.