A finales de 2024, la Iniciativa de Estudios Interestelares impulsó un concurso con un objetivo ambicioso: diseñar una nave capaz de transportar a la humanidad en un viaje de 400 años y recorrer 39 billones de kilómetros hasta llegar a Próxima Centauri b, el exoplaneta potencialmente habitable más cercano a la Tierra. El proyecto ganador fue bautizado como Chrysalis.
La propuesta plantea una estructura colosal de 58 kilómetros de longitud, equipada con un sistema de gravedad artificial. Aunque la nave tendría espacio para miles de personas, el plan contempla embarcar inicialmente a 1.000 humanos. La razón es clara: el viaje está concebido como una travesía generacional. La población crecería a bordo hasta alcanzar el destino, por lo que comenzar con un número reducido evitaría problemas de sobrepoblación durante el trayecto.
Un diseño pensado para un trayecto de 39 billones de kilómetros
Chrysalis no se limita a la escala de su estructura. Su diseño incorpora cilindros rotativos que girarían a la velocidad necesaria para generar una fuerza centrífuga equivalente al 90% de la gravedad terrestre. También incluye sistemas orientados a minimizar el riesgo de colisiones con cuerpos celestes y un sistema de propulsión basado en fusión nuclear, utilizando isótopos de helio y deuterio.
El proyecto se apoya en fundamentos científicos y tecnológicos sólidos, aunque reconoce un punto clave: hoy por hoy, esas tecnologías no están disponibles a la escala necesaria. Incluso más allá de los sistemas internos, el simple desafío de poner en órbita una nave de 58 kilómetros de longitud representa una barrera técnica monumental.
El desafío técnico y el dilema ético
Los responsables del diseño son conscientes de que la humanidad podría desarrollar, en algún momento, los avances necesarios para construir una nave como Chrysalis. Sin embargo, no existe certeza sobre cuándo sería posible concretarlo.
A las dificultades técnicas se suma un debate ético inevitable. Las 1.000 personas que iniciarían el viaje podrían hacerlo por decisión propia, pero sus descendientes nacerían y vivirían en una misión sin retorno que no habrían elegido. Una vez abandonada la Tierra, no habría posibilidad de marcha atrás.
