Dante Gebel pasó unos días por Buenos Aires con una cargada agenda de reuniones con las cuales buscó terminar con las especulaciones para dar paso a la puesta en escena de un armado político que ya trabaja, a cielo abierto, en su proyección para 2027. El comunicador y showman mediático vino a tantear empresarios industriales, caciques de la CGT y gobernadores, moviéndose con una viscosidad estratégica ya que se posicionó por el centro, esquivó la confrontación directa, pero marca una distancia ética y de gestión con Javier Milei.
Gebel llegó al país escoltado por su mano derecha y socio en River Church, Daniel Darling. Acá lo esperaban Juan Pablo Brey (Aeronavegantes), su principal armador político; el "Vasco" Minaberrigaray (SETIA) y el legislador Eugenio Casielles, uno de los fundadores de La Libertad Avanza que Karina Milei echó al llegar a Casa Rosada. Gebel buscó mostrarse como un híbrido entre la alta dirección de una multinacional y el pragmatismo del conurbano. Antes de subir al avión de regreso a Estados Unidos, dejó definiciones que sus colaboradores repiten como un mantra ante quienes buscan encasillarlo.
Gebel apuesta a su figura pública y se muestra como un caso de éxito en su rubro, sin miedo a admitir su desconocimiento técnico asociado a la "casta" sino que desde su lugar de líder carismático utiliza un lenguaje llano, casi de café, lejos de diagnósticos económicos. “Busquen un equipo técnico que sea tan sólido que funcione para cualquier cuatro de copas. Después buscás la cabeza de playa”, pidió a sus allegados según pudo reconstruir El Destape. Y les puso como plazo el próximo Mundial de Fútbol para que le presenten un plan de gobierno que lo seduzca a dar el paso. La confirmación de si irá o no por el sillón de Rivadavia la dará en el segundo semestre y no se descarta que sea en la cancha de River donde encabezará "El Superclásico de la Juventud" como ya lo hizo en otras tres oportunidades.
En la intimidad de los cónclaves con la dirigencia sindical, Gebel fue tajante al rechazar la posibilidad de ir someterse a las PASO, hoy en discusión por el proyecto del Gobierno para eliminarlas. “No me busquen en el peronismo ni me quieran llevar a una PASO; si bajo a la cancha es con mi propio equipo y sin negociar la cabeza”, les notificó a los caciques que ya soñaban con una gran primaria opositora. Esa postura, que en privado suena a ultimátum, encontró su correlato público en el prime time televisivo. Ante Luis Novaresio en A24, el showman de California terminó de dinamitar cualquier puente con la estructura del PJ: “No tengo nada que ver con el peronismo. Sería un partido absolutamente nuevo”.
Quienes lo trataron en estos días aseguran que a Gebel no le gusta "hablar para el político" sino que, como hacía el fallecido periodista Bernardo Neustadt, le habla a "doña rosa". En sus conversaciones con empresarios, Gebel se alejó de los los números volcados en una planilla de cálculo y usó la figura de Argentina como cuerpo herido. “El país es un paciente que entró a la sala de guardia con traumatismo de cráneo y costillas fracturadas. Los médicos saben que antes de preguntar de qué partido es el herido o si tiene las uñas sucias, hay que estabilizar los signos vitales. Y hoy, estabilizar es que la gente coma y los abuelos tengan sus medicamentos”, transmitió a quienes lo escucharon. Una pirueta para describir un escenario crítico del país producto de años de inflación elevada aunque profundizada por la política económica de estos más de dos años aunque sin cargar las tintas contra Milei.
Viscosidad política: De Milei a Cristina Kirchner
Es en esa equidistancia táctica donde Gebel se siente cómodo ya que en la misma entrevista reconoció que, en la soledad del cuarto oscuro, “entre Massa y Milei, tal vez hubiese votado a Milei por lo disruptivo”, pero aclarando de inmediato que hoy no se siente cerca de ninguno de los dos.
Sin embargo, esa cercanía simbólica con el cambio no le impide ser lapidario con la gestión actual de La Libertad Avanza, a la que le achaca una falta de sensibilidad social alarmante. Para Gebel, el gobierno nacional se olvidó de la “ley de la proximidad”: la idea de que al ciudadano le importa más el bache de su esquina que el superávit fiscal.
Y si de declaraciones calculadas se trata, el capítulo sobre Cristina Kirchner es uno de los que mostró mayor cuidado en esos encuentros. “No tengo una opinión formada porque no me metí de lleno en la causa”, respondió en la intimidad de sus encuentros cuando le consultaron si un eventual indulto sería tema de su campaña. Sin embargo, esa neutralidad técnica se quiebra cuando el análisis pasa de lo judicial a lo simbólico.
El discurso apegado al sentido común de Gebel pareciera querer ir a buscar el desencantado, no ese voto ideologizado. Por eso admite que hubiese votado a Milei, aunque a la hora de dar una definición pública de los escándalos que rodean a Manuel Adorni por el origen de su patrimonio no duda: “Me parece que está bueno dar un paso al costado bajo investigación. Si me tocara a mí, le diría: hacete a un costado”.
Gebel regresó a Estados Unidos tras exhibir sus credenciales ante el círculo rojo. Se retiró con la satisfacción del outsider que sabe que la investidura política tradicional está en default, pero que la dureza técnica del oficialismo demuestra ausencia de sensibilidad social. Mientras coquetea con el desembarco definitivo, Gebel espera. No solo aguarda un plan de gobierno sólido que le aporte su equipo, sino que testea si su discurso gerencial logra hacer pie en una sociedad que, según su diagnóstico, empieza a percibir que detrás de la macroeconomía también hay un paciente que necesita signos vitales. Gebel apuesta a que en los próximos meses su ascenso sea inversamente proporcional a la caída de la imagen de Milei.
