La escena porteña suma espacios que combinan identidad, historia y actualidad. En ese cruce aparece una cafetería que reinterpreta la tradición con mirada contemporánea y se consolida dentro de la gastronomía de Buenos Aires. Con una propuesta pensada para todo el día, este proyecto se convirtió en un punto de referencia del barrio.
Una cafetería que traslada la identidad de la gastronomía judía
Café Mishiguene surge como la versión diurna de Mishiguene, Cocina de Inmigrantes, el reconocido restaurante que posicionó a Tomás Kalika como una figura clave de la gastronomía judía contemporánea. Lejos de replicar el formato nocturno, el café propone una experiencia más relajada, luminosa y cotidiana, sin perder profundidad ni carácter.
El concepto se apoya en una idea clara: acercar platos con historia a un público amplio, en un formato ágil y accesible. La propuesta está pensada para acompañar distintos momentos del día, desde el desayuno hasta la tarde, integrándose al ritmo del barrio sin solemnidad.
El proyecto de tomás kalika y su equipo
Detrás de Café Mishiguene se encuentra Tomás Kalika, chef con más de 25 años de trayectoria y un trabajo sostenido de investigación y puesta en valor de la cocina judía. En este espacio, Kalika adapta ese bagaje cultural a una cafetería moderna, junto a un equipo encabezado por el chef ejecutivo Fernando Padua.
La cocina se presenta como honesta y versátil, con técnicas sólidas y sabores definidos. Cada plato busca mantener el espíritu original de la tradición, pero con una lectura actual que prioriza la simpleza, la calidad del producto y una experiencia cercana, pensada para el consumo diario.
Desayunos y meriendas con tradición panadera
Desde temprano, Café Mishiguene despliega una carta que rinde homenaje a la tradición panadera judía y al espíritu casero. La oferta incluye medialunas, croissants clásicos y rellenos, rolls de canela, bagels con queso crema, palta, tomate y huevos, además de avocado toast y pan de queso.
Entre las opciones más destacadas aparecen los huevos revueltos con lox de trucha y una amplia selección de café de especialidad, con variedades como espresso, americano, capuccino, cortado y lungo. La propuesta se completa con bebidas como chocolatada, soda con limón o masagrán, ideales para una pausa distendida.
Platos del mediodía y sabores para compartir
Al mediodía, la cafetería amplía su propuesta con platos pensados para compartir. La sección “Schmear, Nosh, Mezze” reúne pequeñas porciones de fuerte identidad, como pickles de verduras, gehakte leber, arenque a la crema, tabule, niños envueltos, latkes de trucha ahumada y falafels.
También se destacan los dips, con hummus en distintas versiones, babaganoush y guacamole con carpaccio de tomate. La carta suma sándwiches en pan recién horneado, como el de pastrón en pletzalej o los arayes de kebab de cordero, además de ensaladas frescas y preparaciones al horno de piedra, como manakish, kachapuri, lajmayin y burekas. Entre los platos principales figuran el schnitzel de pollo, la shakshuka, los varenikes y el guefilte fish.
Dulces, bebidas y dónde queda Café Mishiguene
El cierre dulce ocupa un lugar central, con clásicos de la repostería judía como babka, strudel, baklava, maamoul y cigarros de masa philo, junto a opciones más actuales como mousse de maracuyá, pastel Mishiguene, mini lemon pie y mini tarta de nuez. Por la tarde, la propuesta se completa con cócteles, vinos seleccionados y una etiqueta propia desarrollada junto a Bodega Catena Zapata.
