Sonny Rollins, el "coloso" del saxofón, muere a los 95 años

26 de mayo, 2026 | 04.05

El saxofonista Sonny Rollins, ​quien de joven pasó más de dos años practicando en soledad en un puente de Nueva York para reinventar su estilo y convertirse en uno de los gigantes del jazz, falleció el lunes a los 95 años, según informó su representante.

Rollins había grabado en ‌1956 el álbum, de título ambicioso,  "Jazz Colossus". Sin embargo, el ‌saxofonista seguía atormentado por su inseguridad.

Así que, en el verano de 1959, empezó a tocar en el paso peatonal del puente de Williamsburg, en Nueva York, azotado por el viento.  Lo que al principio era una forma de no molestar a su vecina embarazada se convirtió en su lugar de ensayo durante horas y horas.

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"Lo que me llevó a retirarme y a ir al puente fue cómo me sentía respecto a mi propia forma de tocar", dijo Rollins al periódico The Guardian en 2022. "Sabía que no estaba satisfecho".

Acabó pasando más de dos años allí, a menudo 14 o 15 horas al día.

"Claro, a veces bajaba para ir al baño, o me acercaba a un bar que me gustaba a tomar un coñac", dijo. "Pero luego volvía ​enseguida".

El disco resultante, "The Bridge", no supuso una ⁠ruptura total con su estilo anterior, pero llevó sus solos y su improvisación a un nuevo nivel. Una reseña publicada en el Jazz ‌Journal en aquella época afirmaba que Rollins era capaz de "extraer hasta la última gota de significado de una frase ⁠concreta tomada de la melodía".

Ese trabajo marcó también el camino que lo llevaría a ⁠convertirse en uno de los músicos más aclamados de su generación, junto a John Coltrane y Wayne Shorter.

Rollins murió en su casa de Woodstock, en el estado de Nueva York, según un comunicado difundido el lunes.

INMERSO EN LA MÚSICA

Nacido el 7 de septiembre de 1930, Walter Theodore Rollins creció en ⁠Harlem rodeado de música.

Tanto su hermano como su hermana estudiaban violín y piano. El pianista Fats Waller vivía en el barrio. ​Sonny, como se le conocía desde niño, recordaba que supo de forma instintiva que aquella música era ‌para él “como un bebé al que le dan un biberón”, dijo a ‌PBS NewsHour.

Su ídolo, el saxofonista Coleman Hawkins, también vivía cerca.

De camino al colegio, Rollins pasaba por delante del Cotton Club y del ⁠Savoy Ballroom, dos locales situados en el corazón del mundo del jazz neoyorquino. "La verdad es que ya estaba inmerso en todo ello desde el principio", dijo.

Niño prodigio, Rollins recibió la influencia del saxofonista Charlie Parker y tuvo como mentor al pianista Thelonious Monk. Las primeras oportunidades lo llamaron a finales de la década de 1950, cuando tocó con artistas de jazz de primer orden como Art Blakey, Bud Powell y Miles Davis.

Compuso algunas de las ​primeras piezas más conocidas ‌de Davis, entre ellas "Oleo" y "Airegin".

"Saxophone Colossus" incluía "St Thomas", inspirada en el calipso, lo que marcó el inicio de una larga relación con la música que tanto amaban sus padres, originarios de las Islas Vírgenes de los Estados Unidos.

Sus largos y potentes solos, a menudo de carácter casi maratoniano, le valieron la reputación de uno de los mejores improvisadores del jazz.

Contó a PBS que subía al escenario con la mente en blanco y sin un plan previo para sus solos, más allá de conocer la estructura de ⁠la pieza. “La improvisación la dejo completamente en manos de las fuerzas”, dijo. “A veces me sorprende lo que sale”.

Rollins también innovó al utilizar su saxofón como instrumento de la sección rítmica.

Entre sus álbumes se incluyen la banda sonora de la película "Alfie" y "East Broadway Run Down", ambos grabados en 1966.

Sus composiciones desenfadadas para "Alfie" captaron el ambiente de la película con tanto éxito como lo había hecho la evocadora música de Davis para "Ascensor para el cadalso", de Louis Malle, ocho años antes.

“SOY EL ÚLTIMO”

Las cosas podrían haber sido muy distintas para Rollins. En 1950 fue detenido por robo a mano armada y pasó diez meses en prisión.

“Con el tiempo, lo veo como el primero de mis ‘retiros sabáticos’. A diferencia de los otros, no fue voluntario. Pero fue un lugar de aprendizaje”, recordaba sobre esa ‌etapa en una entrevista con la revista Uncut.

“La cárcel era un lugar brutal, pero por suerte yo estaba centrado en la música y logré evitar en gran medida esa violencia”.

En 1952 volvió a ser arrestado por incumplir las condiciones de su libertad condicional al consumir heroína, un hábito que más tarde sustituyó por una disciplina basada en el ejercicio y el yoga, alejándose de las noches interminables que arruinaron la carrera de tantos músicos.

En otro de esos “retiros”, que comenzó en 1969, pasó una temporada en Japón y en India —incluida una estancia en un monasterio— antes de reaparecer a comienzos de los años setenta ‌para grabar nuevos discos.

Lucille, con quien se casó en 1965, fue su representante. Permanecieron juntos hasta la muerte de ella en 2004. No tuvieron hijos.

Rollins grabó más de 60 álbumes como líder y colaboró con grupos como los Rolling Stones, aportando improvisaciones en tres temas de su disco Tattoo You (1981). Sin embargo, más tarde ‌declaró a The New York Times que ⁠no se sentía identificado con la música de los británicos, que consideraba “simplemente una derivación del blues negro”.

Tras ganar dos premios Grammy de la Academia Nacional de las Artes y las Ciencias de la Grabación, además de un galardón a ​toda una carrera, una enfermedad respiratoria le obligó a dejar de tocar. Se retiró en 2014.Rollins era consciente de su lugar como el último gran superviviente de la era del jazz marcada por Parker, Monk y Coltrane.

“Soy el último, pero en cierto modo no lo soy, porque cuando yo falte mi música seguirá aquí”, dijo a PBS en 2011. “Seguimos todos aquí, seguimos todos aquí”.

(Edición de Olivier Holmey y Rosalba O'Brien, edición en español de Jorge Ollero Castela)