Cómo hacer el collar de caracoles que venden en la playa y ahorrarte unos pesos

Con materiales simples y técnicas básicas que circulan en tutoriales, es posible hacer en casa el clásico collar de caracoles de playa y ahorrar dinero.

21 de enero, 2026 | 09.09

Cada verano, los collares de caracoles se repiten en ferias y puestos playeros como uno de los souvenirs más buscados. Simples, artesanales y con aire veraniego, suelen tener precios elevados pese a estar hechos con materiales básicos. Lo que muchos no saben es que se pueden hacer fácilmente en casa, siguiendo técnicas que circulan en tutoriales de manualidades y bisutería avalados por especialistas en trabajos artesanales.

El primer paso es conseguir los caracoles o conchas. Si se recolectan en la playa, es importante elegir piezas limpias y en buen estado, evitando aquellas que estén quebradas o con bordes filosos. Antes de usarlas, se recomienda lavarlas con agua tibia y jabón para eliminar restos de arena o sal, y dejarlas secar completamente. Este procedimiento es clave para garantizar la durabilidad del collar y evitar malos olores con el paso del tiempo.

Luego llega la elección del hilo o cordón. Los más utilizados son el hilo encerado, el cordón de algodón o la tanza fina, materiales económicos y resistentes que se consiguen en mercerías y casas de manualidades. La longitud dependerá del estilo que se busque: corto tipo gargantilla o más largo, al pecho. Conviene medir antes de cortar y dejar unos centímetros extra para los nudos finales.

El paso a paso para armar un collar de caracoles 

En cuanto al armado, muchos caracoles ya tienen pequeñas perforaciones naturales, pero si no es el caso, los tutoriales recomiendan hacer un agujero con herramientas simples, como un taladro manual o una broca fina, siempre con cuidado para no romper la pieza. Otra alternativa muy difundida es envolver el caracol con hilo, sin necesidad de perforarlo, una técnica común en la bijouterie artesanal.

El collar de caracoles es un clásico veraniego que siempre marca tendencia.

Una vez preparados, los caracoles se ensartan en el hilo según el diseño elegido. Se pueden usar solos o combinarlos con cuentas de madera, perlas o separadores para darle un toque más personal. El cierre se resuelve con nudos firmes o con un nudo corredizo, ideal para ajustar el collar a distintas medidas y hacerlo más práctico.

El resultado es un accesorio similar al que se vende en la playa, pero hecho a mano y a bajo costo. Además del ahorro, la principal ventaja es la posibilidad de personalizarlo y darle un valor especial. Con pocos materiales y algo de tiempo, este clásico veraniego deja de ser un gasto impulsivo y se convierte en una creación propia.