Sus abuelas mapuches nunca aprendieron a leer ni a escribir, pero ella convirtió sus historias en libros: Graciela Huiano, la mujer que cambió la mirada en la literatura

Primera escritora mapuche en integrar la Academia Chilena de la Lengua, Graciela Huinao convirtió la escritura en una forma de preservar la memoria de su pueblo. En diálogo con El Destape, reflexionó sobre la oralidad, la recuperación del mapudungun y el poder de la literatura para derribar prejuicios.

28 de junio, 2026 | 15.39

A sus 69 años, Graciela Huinao tiene una certeza: escribir también es una forma de hacer justicia. La primera escritora mapuche en integrar la Academia Chilena de la Lengua sabe que durante siglos la historia de su pueblo se transmitió de boca en boca y que muchas de esas voces estuvieron a punto de perderse. Por eso convirtió la literatura en su herramienta más poderosa: preservar la memoria de sus antepasados, romper los prejuicios que todavía pesan sobre el pueblo mapuche y dejar un legado para las próximas generaciones.

"Soy de una generación de abuelos que no escribían y no leían; a mí mis padres me dieron la herramienta fundamental que es la educación, la escritura, por lo tanto tengo suerte de haber aprendido a utilizar esa herramienta", reflexionó en diálogo con El Destape.

Esa herramienta, sin embargo, nunca fue un fin en sí mismo. Huinao la entiende como una responsabilidad. Creció escuchando los relatos de sus abuelas y bisabuelas, mujeres cuya sabiduría vivía en la oralidad pero que nunca tuvieron la posibilidad de dejar su historia por escrito. Su obra nace justamente de ese deseo de que esas voces no desaparezcan.

"Mis abuelas, mis abuelos y todos mis antepasados eran personas muy sabias en la oralidad, y de niña crecí escuchando esos relatos. Entonces, para que no se mueran conmigo, yo los he ido recogiendo, he hecho investigaciones y he podido acuñarlo y transmitirlo al papel para dejarlos para las futuras generaciones de mapuche que algún día van a leer", explicó.

Con emoción, reconoce que quizás ella tampoco esté cuando esas futuras generaciones abran sus libros, pero hay algo que permanecerá. "Mis abuelas, bisabuelas y antepasados pasaron por la sociedad 'sin pena ni gloria', y aunque yo el día de mañana no voy a estar, van a quedar sus voces. A mis abuelas, mis bisabuelas, nadie las conoció, pero las van a conocer a través de mis libros".

Ese compromiso atraviesa toda su producción literaria. Ha publicado novelas para adultos y libros infantiles porque entiende que la memoria también necesita distintos caminos para llegar a los lectores.

Recuperar una lengua que intentaron borrar

La escritura también le permitió acercarse a otra ausencia: la de su propia lengua. Su padre fue la última generación de la familia que habló mapudungun como lengua materna. Sin embargo, los castigos y la discriminación que sufrió en la escuela hicieron que decidiera no enseñársela a sus hijos, con la intención de evitarles ese mismo dolor.

Huinao no responsabiliza a su familia por esa pérdida. Al contrario: la entiende como la consecuencia de una política histórica de asimilación que atravesó tanto a Chile como a la Argentina. Durante seis años estudió mapudungun para recuperar parte de ese vínculo.

"Seis años estuve estudiando la lengua, la entiendo muy bien, me defiendo con mis textos, pero me falta ese sonido", confesó. Aun así, cada vez que debe leer o recitar frente a hablantes nativos siente que carga con una deuda que no le pertenece.

"Cuando yo voy a recitar ante las personas que son hablantes, yo les pido disculpas, porque no fue el error mío, sino que fue el error histórico de las sociedades, tanto chilenas como argentinas, que sometieron a los pueblos originarios a cambiarle no solamente la lengua, la religiosidad, todo lo que es su cosmovisión se la quisieron cambiar. Y afortunadamente, hoy día, se está volviendo a las raíces, se está recuperando tanto en este lado como en el lado de allá".

La literatura como puente contra los prejuicios

Para Huinao, escribir también implica disputar el relato construido durante siglos sobre los pueblos originarios. "Nosotros no somos ni más ni menos que otro pueblo, nosotros somos igual. Tenemos nuestras envidias, nuestros amores, nuestros rencores, cosas buenas y cosas malas, pero lamentablemente nos han encasillado viendo solamente la parte negativa de los pueblos originarios", lamentó.

Esa mirada, sostiene, todavía sobrevive en muchos discursos históricos y culturales. Por eso considera que la literatura tiene un papel fundamental: ofrecer otras narraciones posibles.

"Cuando nos describen, nos describen negativamente en la historia, entonces ya es tiempo de que esa mirada colonialista se quede en el pasado. Y para eso estamos nosotros, los escritores de lenguas originarias, para decir no, nosotros no somos así. Esa definición que ustedes nos hicieron hace 100, 200 años hay que echarla abajo".

Quizás esa sea la verdadera dimensión de su obra. No se trata solamente de escribir novelas o cuentos infantiles. Se trata de garantizar que aquellas voces que durante generaciones solo pudieron sobrevivir en la memoria oral encuentren finalmente un lugar en los libros. Porque mientras alguien las lea, esas historias seguirán vivas.