Alejandra Perlusky: del anonimato al gran protagónico, el éxito de Billy Elliot, la fama y la validación que la hizo llorar

En una entrevista mano a mano con El Destape, la respetada actriz habla del fenómeno Billy Elliot y su largo camino hasta llegar a un presente soñado.

24 de julio, 2026 | 21.44

Alejandra Perlusky todavía recuerda a la nena que, con apenas cinco años, descubrió en la danza clásica un lugar donde era plenamente feliz. Soñó con bailar, terminó encontrando en la actuación su verdadera pasión y, después de décadas de trayectoria en los musicales más exitosos (Cabaret, Chicago, Casi Normales, Falsettos, Mamma Mía, entre muchos otros), hoy vive uno de los momentos más importantes de su carrera al protagonizar Billy Elliot en el Teatro Opera. Allí interpreta a Mrs. Wilkinson, una profesora de baile tan áspera como entrañable, frustrada por los sueños que no pudo cumplir y decidida a cambiarle la vida a un chico que desafía todos los prejuicios.

El personaje, admite, no solo la desafía por su exigencia física, sino también porque encuentra en él un espejo de su propia historia. Al igual que Billy, Perlusky también debió enfrentarse a las expectativas familiares cuando eligió el arte. Hija de un médico y hermana de un abogado, recuerda que en su casa la noticia de que quería ser actriz no fue recibida con entusiasmo. En diálogo con El Destape, la actriz habla de su primer gran protagónico, de la fama que nunca persiguió, de la polémica que atravesó al musical y de la emoción que sintió cuando, después de tantos años, recibió la validación más esperada: la de su propio padre.

¿Cómo te conectaste con Mrs Wilkinson?

- Pasé por varias instancias. Primero sentí una inseguridad enorme, porque yo nunca bailé profesionalmente y todo lo que hice en ese campo, en los musicales Mamma Mía o Astor, Piazzolla eterno, fue muy simple. Cuando me dijeron que había quedado para ser la profesora de baile le pedí a Dios poder estar a la altura. Y la verdad es que tengo que agradecer enormemente al equipo creativo, porque ellos confiaron más en mí que yo misma.

Mrs Wilkinson en Billy Elliot.

¿Habías visto la película?

- Sí, y en la peli la profe de danza no baila nada. Es una señora pueblerina, baila mucho menos que en la comedia musical. En mi caso pasó que en los ensayos fui encontrando en el cuerpo una memoria y eso lo veía a medida que iba respondiendo a las piruetas y al eje. Obvio que hubieron cosas que me costaron un poco más, pero había una base que no se había ido y eso me permitió confiar en mi cuerpo.}

Es una obra muy física…

- Súper física: me subo a una silla en zapatos de taco, salto a la soga en tacos, bailo y canto al mismo tiempo, es un rol muy complejo. Ahora que lo tengo dominado estoy tranquila, pero llegué a pensar que no iba a poder hacerlo.

El personaje oscila entre la monstruosidad y la ternura. 

- Me fascina esa convivencia entre esas dos facetas, porque hablan de un personaje no lineal y eso siempre es más divertido de explorar. Ella es monstruosa, pero eso tiene que ver con la frustración y agotamiento que carga por estar en un pueblo minero, cuando sus pretensiones son más burguesas. Es una profesora bruta aunque tiene buen corazón y se enoja cuando no ve talento, pero todo eso cambia cuando aparece Billy, que le renueva su ilusión.

¿Quién fue tu primer gran maestro en la actuación?

- Carlos Kaspar, en el secundario.

¿Carlos Kaspar, el actor?

- Sí, él era profesor de teatro y profesor de contabilidad en un colegio alemán antroposófico, bajo un sistema de enseñanza Waldorf-Steiner. Yo no tenía ni idea de quién era Carlos y por él empecé a ir al Teatro Payró. Me acuerdo de ver a Rita Cortese y Virginia Innocenti en el Payró y querer ser ellas. Y Carlos me incentivó, él fue una Wilkinson mía y siempre creyó en mí.

Vuelvo a Billy Elliot. La obra tiene muchas significaciones más allá de la trama: incluye a personas LGBT, contiene a personas excluidas del sistema e interpela a aquellos con una mirada más justa del mundo. No se ven seguido propuestas comerciales con este tipo de ambiciones…

- Lo que más me enamora del espectáculo es justamente la profundidad y el mensaje que tiene, porque aplica a cualquier hogar donde un niño no sea validado. No importa el ámbito sociocultural. Es imposible no sentirse interpelada por eso. A veces los padres no comprenden los deseos de sus hijos. En el caso de Billy, su padre es de clase obrera -es minero- y eso hace que sea inadmisible que su hijo quiera hacer ballet.

¿Cómo le explicaron este planteo a los menores de edad del elenco?

- Los chicos lo entienden mejor que los adultos (se ríe). Ellos tienen una sabiduría y una liviandad en recepcionar cosas que son tremendas. Hay una escena que a mí me fascina y es cuando leo la carta de la mamá muerta de Billy… por dentro me descompongo de la emoción. Yo le digo “debe haber sido una mujer muy especial” y él me responde, “no, solo mi mamá”. A veces las personas más jóvenes tienen una mirada mucho más simple de las cosas, menos dramática y eso los hace más maestros que nosotros.

¿Cuántos elencos de niños hay en la obra?

- Son tres grupos, con tres Billys distintos y cada Billy viene con un grupo de alumnas distintas y con otro Michael. El período de ensayos fue de una esquizofrenia total (se ríe).

Retrato de Alejandra Perlusky

Semanas atrás hubo una crítica de Clarín al espectáculo que se hizo viral, donde se le exigía a un menor de edad “ser más masculino”. ¿Qué pasó entre el elenco con este artículo?

- Creo que el crítico no entendió de qué va la obra. No importa si Billy es o no es afeminado, la obra no habla de eso sino de justamente todo lo contrario. El musical se enfoca en temas como la homofobia y los prejuicios contra el ballet. Después, la verdad es que los chicos lo tomaron con entereza y no les importó nada.

¿Pero hablaron con el protagonista?

- Los coaches, los padres y la producción se encargaron de hablar. El elenco adulto estuvo para contener y no volver al tema.

El apoyo en redes sociales fue unánime.

- Sentimos mucho apoyo, estuvo bueno eso. Más allá de que una persona tenga el poder de plasmar una opinión, las redes sociales tienen una impunidad a veces y no hay registro del daño que se le puede generar a otro. Es peligroso cuando todo el mundo se siente capacitado para opinar de todo. Me parece fundamental la libre expresión, pero también debe haber límites de empatía y cuidado en lo que se dice. Y me parece que eso se perdió… por eso yo me protejo de la actividad en las redes sociales.

"La fama no es mi motor, pero sirve porque te dan más bola"

¿A qué edad arrancaste en el musical?

- Empecé a los 19 años, con Pepito Cibrián. Nunca pensé en dedicarme al musical, se fue dando solo.

Pepe tiene fama de ser un maestro exigente…

- Muy, fue una gran escuela Pepe. Tiene un rigor increíble. Pero en todos los años que llevo en el género nunca hice algo tan complejo como Billy Elliot, que es diferente en todos sentidos.

¿En qué lugar ves al género hoy en Argentina?

- Hubo un crecimiento y se abrieron muchas escuelas con formaciones integrales, pero todavía siento que la actuación todavía es un poco enclenque y no se le presta mucha atención. No digo que sea en todos lados así, pero es algo que sucede mucho.

Mrs Wilkinson en Billy Elliot.

Por lo menos ya no se discute si es un género de nicho.

- Es cierto, pero también lo es que en Argentina todavía no hay una industria como en Nueva York o Broadway. Creo que los gringos nacen dentro de un musical; a nosotros nos cuesta un poco más porque no tenemos la cultura del musical. De hecho, muchos de ellos son extranjeros.

Trabajaste acompañando a grandes figuras protagonistas: Florencia Peña, Humberto Tortonese, Diego Peretti. ¿En algún momento te pesó habitar el rol soporte?

- Sí, porque es difícil hacerse ver cuando no sos famoso. Y eso pasa porque, a veces, el público porteño es cholulo y pide figuras mediáticas. Eso me convirtió en una actriz que está en las sombras frente a un medio que no me conoce. Recién ahora, a mis 48 años y gracias a Billy Elliot, se me está dando la posibilidad de habitar un protagónico.

La fama nunca fue mi motor en lo profesional, pero tengo que admitir que sirve y ayuda muchísimo, porque te dan más bola.

¿Perseguís un rol soñado?

- Tengo muchas ganas de volver a trabajar con Dennis Smith, que él me dirija o que sea mi partenaire. Dennis me parece distinto y a mí me gusta ir por los caminos más periféricos, alternativos y singulares. Me gusta el teatro comercial, pero también me gusta descansar un poco del musical, con alguna obra de texto. Disfruto mucho de ir por los caminos raros.

La última: al principio de la charla mencionaste que tu decisión de ser actriz provocó resquemor familiar. ¿En qué momento se alivió la inquietud paternal?

- No fue el año pasado, pero casi… pasa que a mis papás siempre les preocupó la actualidad de nuestro país y saber si iba a poder vivir de la actuación.

Mi papá este año me vino a ver al Teatro Colón este año, cuando hice Astor, Piazzolla eterno, y me mandó un audio llorando de emoción y me regaló flores, cosa que nunca había hecho. “Soy tu admirador número uno”, me dijo. Casi me muero en el camarín. Ese día sentí una gran validación de mi papá por mi camino de actriz.