Por momentos parece un festival de música. Por momentos, una convención de cultura pop. Y a veces, simplemente una excusa para que miles de personas se junten a compartir lo que les gusta. En esa mezcla rara, y muy generacional, se mueve Superfly, el festival creado por Juan Ruffo, periodista, streamer y una de las caras reconocibles del ecosistema de Blender.
La charla arranca con entusiasmo. Ruffo todavía parece sorprendido por lo que logró armar, hay grupos que no se pueden explicar con palabras. “Hay bandas que tenés que ver. Las escuchás y te pueden gustar o no, pero cuando las ves en vivo entendés todo”, dice sobre la tercera edición que tendrá lugar en el C Art Media el próximo sábado 21 de marzo.
Aunque hoy Superfly empieza a instalarse dentro del mapa de festivales alternativos de Buenos Aires, su origen fue mucho menos calculado de lo que parece. “El festival nace muy a mi pesar”, admite Ruffo. “No es algo que yo haya buscado”.
La idea empezó a tomar forma a partir de su trabajo en streaming y en medios. Ruffo se volvió una figura reconocible dentro de la escena digital y esa exposición lo llevó a algo inesperado, que la gente empezara a tomar muy en serio sus recomendaciones musicales. “Yo recomendaba bandas y la gente me decía: ‘Che, tenés que hacer un festival’. Me lo dijeron tantas veces que en un momento pensé: bueno, quizás tengo que hacer un festival”.
Así nació la primera edición de Superfly, hace apenas tres años. Y lo hizo, según él mismo admite, con más inconsciencia que planificación. “Me mandé a hacer un Art Media sin tener ningún apoyo más que el de la propia comunidad. Fue medio una mandada, a ver qué pasaba”.
El espíritu de recomendar música
Desde el principio, el festival tuvo algo muy claro, la idea de recomendación. Como si fuera una playlist gigante hecha en vivo. “Somos medio enfermitos de la música”, dice Ruffo. “Esos que están todo el tiempo diciendo: ‘Tenés que escuchar esto, tenés que escuchar aquello’. Somos insoportables”.
Pero hay algo hermoso en eso, agrega, y es compartir algo que te hace feliz. “Superfly es un poco eso. Armar un line-up pensando qué le puede gustar a la gente”. Las primeras ediciones estuvieron muy marcadas por bandas cercanas a él o a su círculo. Grupos como Mujer Cebra o Fin del Mundo aparecían naturalmente dentro de ese universo de recomendaciones.
Con el tiempo, el festival fue ampliando el radar. La tercera edición propone un mapa mucho más amplio. Conviven nombres históricos como Los Brujos con proyectos nuevos como Homogénica que vienen creciendo dentro de la escena. A primera vista, el combo puede parecer heterogéneo. Pero Ruffo tiene claro cuál es el hilo conductor. “Para mí el denominador común es la experiencia en vivo”, explica. “Todas estas bandas tienen shows que son espectaculares”.
Algunas lo hacen desde lo visual, otras desde la potencia musical o la ejecución técnica. Pero todas comparten algo, generan un impacto cuando suben al escenario. “Homogénica tiene un show demoledor, de estadio. Los Subtítulos tienen una precisión técnica impresionante. Pyramides es una banda que cada vez que la ves te vuela la cabeza, lo mismo Dietrich. Lo que busco es que cada recital sea una experiencia premium”.
Superfly no es solamente un festival de recitales. Desde el comienzo incorporó otras áreas: microcine, videojuegos, DJs, espacios audiovisuales. Incluso este año sumaron una LAN party de Counter-Strike. “La idea es que siempre haya algo para hacer”, explica Ruffo. “Si no querés ver una banda, te vas al microcine. O a jugar videojuegos. O a la fiesta”.
El objetivo, dice, es simple pero ambicioso. “Quiero que la gente tenga la mejor noche de su vida”. Con tres ediciones encima, el festival empieza a instalarse. Cada vez más personas hablan de él, cada vez más bandas quieren participar.
Ruffo lo sabe, pero no quiere apurar los tiempos. “No sé si vamos a crecer, achicarnos o salir de gira por el país. Me lo piden mucho: Córdoba, Rosario, Uruguay. Pero es otra logística”. Lo que sí tiene claro es que el proyecto va a seguir existiendo. “El sello Superfly va a seguir vivo”, porque, al final, todo vuelve a la misma idea: compartir música.
Ese momento en el que alguien le dice que vio una banda en el festival y le encantó. “Cuando pasa eso”, dice Ruffo, “siento algo en el pecho y pienso: ya está. Para eso hago todo esto”.
