Winona Riders acaba de editar su quinto disco 0%, otro más en una seguidilla que ya parece desafiar cualquier lógica de la industria, y lo primero que aparece es esa pregunta inevitable: ¿cómo hacen para sacar tanto material en tan poco tiempo? “Primero puede ser porque somos muchas personas y segundo es que cuando pudiste juntar una cantidad de canciones… salen”, dicen. No hay misterio ni estrategia, hay acumulación, descarte y una idea clara de identidad. “Gran parte se va abandonando en el camino y queda lo mejor de lo mejor o lo que más nos representa”.
Los WR no planifican una carrera, la empujan. En un contexto donde todo parece diseñado para el algoritmo (singles, colaboraciones, duraciones breves), ellos hacen exactamente lo contrario. Discos largos, canciones de seis minutos, cero concesiones. “Tenemos temas, los juntamos, los metemos en un disco o en un concepto… y salen”, explican. Y si eso choca con la lógica del mercado, mejor. “La industria se tendría que acomodar un poco a la creatividad de la gente”.
No hay pose en esa postura. Tampoco ingenuidad. Saben perfectamente dónde están parados, pero no están dispuestos a negociar el impulso creativo por una playlist. “Hay un montón de personas creando que se frustran porque no llegan a la playlist. La playlist no te va a dar nada”.
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"0%" el disco más directo, reflexivo y filoso de Winona Riders
Si algo cambia en este nuevo álbum es el peso de las palabras. Menos metáfora, más filo. Más presente. “Este disco toma un poco más por las astas todos los temas”, aseguran. “Las letras tienen algo más para decir”. Y ese “algo” tiene que ver con un clima general, bronca, cansancio, fastidio. “Creo que cada vez vivimos más fastidiosos por todo lo que nos rodea”, sueltan. Y ahí aparece una de las líneas más resonantes del álbum: “somos la generación que cuestiona y no perdona” (Adiós, track 1 del álbum).
La explicación no baja línea, sino que abre preguntas. “Toda la juventud siempre tiene algo para decir… pero al final nunca pasa nada. Es como una olla que está aguantando y nunca explota”. En ese mismo terreno se inscribe V.V (No hagas que me arrepienta, 2024) , el tema que menciona a la vicepresidenta Victoria Villarruel y que generó ruido dentro y fuera de la escena. La reacción, para ellos, fue parte del proceso: “Si se dividen las aguas y hay gente que decide bajarse del barco, bienvenidos sean”.
Lejos de buscar consenso, Winona parece encontrar sentido en el conflicto. “Hay algo gratificante en ver gente enojada con lo que hacés”.
Críticas, redes y la idea de enemigo
Las críticas no son nuevas. Tampoco los adjetivos. Los llaman arrogantes, provocadores, contestatarios. La banda escucha, pero no se detiene ahí. “Somos humanos que estamos haciendo y creando”, dicen. “Y del otro lado hay alguien que ni siquiera es alguien, es un pixel”.
No es indiferencia, es perspectiva. “Si tenés un mal día y te ponés a leer cosas, te puede arruinar. Pero también es la vida que elegimos. Si estuviese todo bien, sería mucho peor”. Esa lógica también se traslada a lo político, aunque evitan el lugar común. No se trata de bajar un discurso, sino de incomodar estructuras. “El sistema tiende a catalogar y a venderte de la manera que le sos útil”.
Y cuando se les pregunta por el rol del artista frente a lo que pasa en el país, incluso cuando figuras como el presidente Javier Milei ataca públicamente a músicos, la respuesta es directa: “Me parece un asco… es algo que no tiene contenido ni sustancia. El problema es que es influyente”.
Obras: el pico de su carrera y la vuelta a lo chico
El 2025 tuvo un punto de quiebre, su show en Obras. Cuatro horas, toda su discografía, una apuesta que rozó lo épico. “Fue una jugada muy ambiciosa”, reconocen. “No se hacía algo así desde hace mucho. Pappo fue la última persona en tocar más de 4 horas en Obras antes de nosotros”. Este hecho ocurrió en 1993, cuando el Carpo deslumbró con un concierto de cinco horas y media en el mítico estadio del barrio de Núñez.
Pero el efecto para ellos no fue el esperado. O mejor dicho, sí lo fue, pero no en el sentido clásico. No hubo salto al mainstream ni cambio de escala permanente. Hubo otra cosa. “Lo que más nos impactó de Obras fue volver a tener ganas de tocar en lugares chicos”, dicen.
La imagen es clara, la cercanía, el sudor, el detalle mínimo. “Poder verle los dedos a tus compañeros, la transpiración… eso no se compara con tener a todos lejos”. Por eso ahora el plan es otro, van a realizar una serie de shows donde revisitarán disco por disco, en salas más chicas, en contacto directo. El primero de ellos será el próximo 18 de abril en Salón Pueyrredón donde tocarán su primer álbum Esto es lo que obtienes cuando te cansás de lo que ya obtuviste, luego le seguirá un show en Matienzo el 30 de mayo con El sonido del éxtasis, su segundo disco.
Al final, todo vuelve a lo mismo. A esa idea que ya tenían hace un año y que hoy, dicen, se confirma. “No solo no cambió, sino que lo acentuamos más”. Winona Riders no busca ser la banda más grande ni la más correcta. Busca ser una banda que haga. Que diga. Que incomode. Que se contradiga si hace falta. En un ecosistema donde todo parece calculado, ellos siguen apostando a otra cosa: tocar hasta que algo pase. Aunque ese “algo” no le guste a todo el mundo.
