En el año de cumpleaños número 60, Ediciones de la Flor anunció su cierre definitivo con un contundente mensaje en la Feria del Libro. El sello que fue el hogar de Quino, con todas las tiras de Mafalda, Roberto Fontanarrosa, Rodolfo Walsh, y cientos de autores más, y que se caracterizó siempre por tener una mirada visionaria dentro de la literatura argentina, se despidió de su público con una carta abierta en su stand. Esta pérdida responde a la crisis editorial que acompaña a Argentina hace años y golpea de lleno la cultura, ya que se trata de la pérdida de un pedazo de historia: una de las únicas editoriales independientes que subsistieron en manos de sus creadores, sin haber sido absorbidas por un grupo editorial con más capital.
“El mundo de los libros no es el mismo, y nosotros no somos los mismos", se puede leer en una de las paredes del stand stand 1509 de la Feria, en el Pabellón Amarillo, intervenida por la propia editorial como una carta abierta. Y es que la situación editorial en Argentina ya es complicada en general, pero Ediciones de la Flor ya cargaba con algunos problemas previos que, en suma con el panorama, fueron el detonante para la despedida: Franco, el hijo de Fontanarrosa, eligió que la obra de su padre se publique en Planeta, los herederos de la obra de Quino optaron por Penguin Random House y Nik, autor de Gaturro, se mudó también al mismo grupo editorial. Así, el sello perdió a su best seller y a su long seller al mismo tiempo. Además, llevaban 12 meses sin imprimir nuevos títulos.
"Nuestros autores más importantes han sido nuestra familia, pero sus herederos eligieron otros rumbos. Editar libros en la Argentina siempre fue una carrera con vallas y hasta aquí hemos llegado a los saltos. Hoy la tecnología y el estado de la economía exigen nuevos y muy diferentes desafíos, que resultan determinantes para una editorial que ha mantenido su independencia como bandera”, continúa la carta abierta. De esta manera, confirmaron la noticia que golpea a la industria editorial: esta será su última Feria como así también su último año en actividad.
Finalmente, sentenciaron: “Nos despedimos sabiendo que nuestro legado vive en las nuevas editoriales fundadas por jóvenes que crecieron con nuestros libros, y que, esos libros que editamos con convicción y amor todos estos años, seguirán en las bibliotecas y la memoria de nuestros lectores”. Por primera vez, el stand de Ediciones de la Flor se encuentra despojado de Mafalda y Gaturro, pero como última muestra de amor a sus lectores, decidieron liquidar todo lo que le quedaba en stock: se pueden conseguir libros desde $5000 de autores como Guillermo Saccomanno, Rubem Fonseca, Daniel Guebel, entre otros.
Ediciones de la Flor cierra sus puertas, pero deja algo que no se liquida en una feria ni se mide en ventas: una forma de leer, de editar y de entender la cultura.
Ediciones de la Flor: un ejemplo de la resistencia de las editoriales independientes
Nacida en 1966 en manos de Daniel Divinsky y Ana María Kuki Miller, la editorial se caracterizó por su mirada visionaria dentro de la industria editorial argentina. Aunque es popularmente conocida por sus publicaciones gráficas, fue el primer sello en traer varios libros significativos de la literatura mundial al español, como El Nombre de la Rosa de Umberto Eco.
Ediciones de la Flor no solo carga con un valor cultural, sino también con un valor histórico para el país: formaron parte de todas las ediciones de la Feria del Libro, que se inauguró cuando la editorial ya llevaba 10 años de antigüedad. Incluso, siguieron presentes cuando sus fundadores tuvieron que exiliarse a Venezuela, entre mediados de 1977 y fines de 1983, luego de ser detenidos por el gobierno militar y pasar cuatro meses presos. ¿El motivo? Sus libros. No solo apuntaban contra Mafalda, quien empezó a ser publicada en el sello en 1970, sino también contra su catálogo infantil, acusado de "adoctrinar" a los niños. En consecuencia, se censuraron varios de sus títulos, entre los que destacaban Cinco dedos, de la Colección Libros para niños de Berlín, y Ganarse la muerte de Griselda Gambaro.
Sin embargo, los años de exilio no acabaron con la editorial: siguió en pie a la distancia y con el manejo local de Elisa, mamá de Kuki. Así, la empresa logró mantenerse con su carácter familiar y con la esencia diferencial de poner el ojo donde otros no: no solo fue la casa de Mafalda, sino que también le dio espacio a las primeras obras de otros icónicos humoristas gráficos locales como Roberto Fontanarrosa, Caloi, Liniers, Sendra y Maitena.
En 2009, y tras cerca de 40 años de matrimonio, Divinsky y Miler se divorciaron y, por un tiempo, siguieron siendo socios y codirigiendo De la Flor. Sin embargo, en 2015, Divinsky anunció que le cedería su parte de la editorial a su exmujer "a precio irrisorio". El acuerdo entre ambos estipuló que Divinsky, que entonces tenía 73 años, no podría publicar libros durante tres años (salvo de forma anónima), para evitar la competencia directa con el sello que creó.
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Así, Ediciones de la Flor se mantuvo en pie hasta el 2026 con la dirección de Miller, quien mantuvo en pie la esencia de la editorial. Sin embargo, con 82 años y sin herederos interesados en seguir con el legado, sumado a la situación crítica del país y la pérdida de sus autores más importantes, la directora decidió despedirse.
Ediciones de la Flor no solo editó libros: construyó una manera de entender la literatura y el oficio editorial. Su cierre, entonces, no marca únicamente el final de una empresa, sino la transformación de un ecosistema donde cada vez hay menos lugar para proyectos sostenidos por convicción antes que por rentabilidad. La pregunta que queda abierta no es solo qué se pierde, sino qué tipo de industria editorial está quedando en pie.
