Rubén Szuchmacher: qué piensa de trabajar con chicos, por qué cree que Timothée Chalamet es un "tarado" y la charla con un taxista que le hizo ver una dura realidad del Teatro Colón

En un mano a mano con El Destape, el reconocido director teatral anticipa Billy Elliot, el musical, uno de los platos fuertes de la temporada teatral del 2026, en la Avenida Corrientes.

13 de marzo, 2026 | 20.15

El musical cobró una relevancia artística sorprendente en la última década en Argentina y son muchas -y muy variadas- las propuestas que se ofrecen año tras año en los teatros argentinos. Sin dudas, uno de los platos fuertes del 2026 será Billy Elliot, el musical, una adaptación de la película homónima que aquí dirigirá el reconocido Rubén Szuchmacher y que tendrá a 5 actores en el rol protagónico (en elencos rotativos). “Alguna vez, en algún momento de mi vida, pensé: ‘teniendo yo las calificaciones para poder hacer musicales, ¿por qué nunca hice uno?’”, señala en una entrevista con El Destape, a pocos días para empezar los ensayos de la historia que sigue a un niño que ama la danza clásica, pero vive en un contexto hostil que no comprende su deseo.

Llegó al musical por accidente, ya que en principio era Emiliano Dionisi quien iba a dirigirlo. “Estaba en una manifestación en Plaza de Mayo y recibí el llamado del escenógrafo Jorge Ferrari para preguntarme si tenía ganas de hacer Billy Elliot”, recuerda.

Asocio tu nombre a los autores clásicos, el teatro oficial, la ópera… me sorprendió enterarme que ibas a tomar la dirección de Billy Elliot, musical pensado para la escena comercial.

- Yo hice mucho teatro comercial, lo que pasa es que hice grandes obras. Hice Calígula, de Camus, con Imanol Arias en el Paseo La Plaza; Pequeños crímenes conyugales, con Jorge Marrale y Mercedes Moran; Rey Lear y Muerte de un viajante, las dos con Alfredo Alcón… Con esto quiero decir que “no le saque el culo a la jeringa” respecto al teatro comercial, cuando me pareció que eran obras interesantes. A mí no me preocupa tanto el circuito, no tengo una cuestión prejuiciosa con eso, pero sí considero que el material tiene que ser bueno.

¿Qué aspectos del texto de Billy Elliot te convocaron?

- Es una historia muy cercana. Cuando vi la película me gustó muchísimo porque aparecían dos cosas que me atraían muchísimo. Por un lado, la historia de Billy y su deseo de querer ser un bailarín a pesar de todas las dificultades. Y también hay algo que me conmueve profundamente que es la huelga de los mineros. No es algo secundario. La película está enmarcada dentro de una serie de filmes anti-Thatcher que hicieron los ingleses en determinado momento. Ese es un aspecto que me atrae muchísimo, porque es pensar la huelga de los mineros en los efectos del neoliberalismo en Inglaterra. Y en el medio de esa historia hay un pibe que quiere ser bailarín clásico, en un ambiente culturalmente hostil a esa idea.

Además, hay algo en la obra Billy Elliot que la acerca a este momento político de Argentina y es que uno puede trazar una relación entre la represión a los jubilados de todos los miércoles en el Congreso y ese contexto de huelga que se narra en la obra, con los mineros siendo golpeados por policías que representa a Thatcher.

Ojalá que el público también pueda hacer esa lectura…

- Yo no lo voy a forzar, pero es algo que está en el material. De hecho, hay un número donde le desean la muerte a Margaret Thatcher. Es un personaje dentro de la obra.

Otro buen enganche es que el musical tiene a Elton John como compositor, ¿son canciones de su repertorio o están creadas especialmente para la obra?

- Todo está creado para el musical. Elton John compone y Lee Hall es el libretista. Qué te puedo decir de Elton John… me encanta, es un músico extraordinario.

¿Ya conociste a los niños actores del musical?

- Sí, son tres elencos de chicos que vienen trabajando en una formación, en una academia, que lleva casi un año y donde fueron estudiando las diferentes disciplinas, sobre todo físicas, ya que tienen que saber bailar clásico, tap, además de actuar y cantar. Es un musical que tiene una enorme exigencia técnica. Estuve acompañando ese proceso desde fines del año pasado, cuando empecé a involucrarme en el proyecto. En febrero tuve algunos encuentros con ellos, pero los ensayos empiezan en conjunto con cantantes y elenco el 23 de marzo.

El año pasado cuando hice el Werther (hace referencia a la ópera de Jules Massenet, basada en la clásica novela Las penas del joven Werther, de Johann Wolfgang von Goethe, que montó en el Teatro Colón) ya había trabajado con un grupo de niños, pero tenían una escena muy corta. En Billy Elliot es todo lo contrario.

¿Lo pensás como un desafío?

- ¿Trabajar con chicos?

Sí. Me imagino que tendrás que adaptar tu forma de tratar o maneras de dirigir…

- Sin dudas, es algo en lo que no dejo de pensar. Yo no tengo hijos y mis sobrinos cuando tenían esas edades vivían fuera del país, así que no tuve la suerte de poder estar con ellos de chicos. Entonces, partiendo de esa base, va a ser un ejercicio personal de adecuación y adaptación enorme. Suelo definirme como una persona básicamente curiosa, así que creo que más que una dificultad va a ser un desafío interesante.

También, debo reconocer que me encontré con pibes que están dispuestos a escuchar. En una de nuestras primeras charlas les dije que si no entienden algo que les digo me lo hagan saber y buscamos otra forma de comunicarnos. Es un aprendizaje mutuo. Te confieso que no sé cómo voy a salir de esta, porque es mucho trabajo con chicos (se ríe).

"Una entrada al Teatro Colón está la mitad de un sueldo básico"

En las últimas semanas se hicieron virales la ópera y el ballet por dichos del actor Timothée Chalamet. ¿Escuchaste lo que dijo?

- Lo ví… es un tarado. No tengo otra expresión para calificarlo. Es una estupidez y con lo que dijo subió su popularidad, porque todo el mundo de la ópera y de la danza salió a hablar de él y ni siquiera hizo un tratado en contra de la ópera. Creo que también es una expresión de estos tiempos, porque en realidad se metió con algo que no sabe lo que es. El cine hoy es básicamente digital así que un actor puede ser modificado o alterado, pero en las artes escénicas si no cantás bien o no actúas bien o no bailás bien, no hay no hay inteligencia artificial que te salve.

Aun así, ¿no pensás que la danza o la ópera están teñidas por una capa de prejuicios, de parte de cierto sector de la sociedad que las vincula a públicos de clase alta?

- Es un tema ese… En una época que vivía más lejos del centro, tomaba taxis para ir a trabajar al Teatro Colón y hacía un ejercicio sociológico: le decía al chofer hasta donde iba y ahí chequeaba si sabía cómo llegar al teatro o si no sabía. Eso ya me parecía un dato fundamental. Pero una vez un chofer me preguntó: “¿Usted trabaja ahí?”. Ahí le conté que era director de escena hasta que le pregunté si había ido alguna vez al Colón. Su respuesta fue que nunca había ido. “Porque no tengo ropa”, me dijo. Y para mí esa es la respuesta más clara de lo que la sociedad imagina que es el Teatro Colón, un lugar donde no podés entrar si no tenés determinada ropa. Es una idea muy instalada, es triste eso.

También está el tema de las entradas, que son bastante caras -la mitad de un sueldo básico-, y de la representación del Colón en su público: hoy no se sabe muy bien para quién es, si es para los turistas, para la élite… definitivamente, es muy difícil que las grandes masas populares puedan acceder hoy al Teatro Colón. Eso no fue siempre así, pero hoy las cosas cambiaron.

Tengo el recuerdo de la última ópera que hiciste en el Teatro Colón, que se hizo una función especial para menores de 30. ¿Estuviste en ese día?, ¿qué viste?

- Estuve en todas las funciones y esa en particular tuvo algo que me gustó mucho: había un clima mucho más festivo en el teatro, los jóvenes aplaudían y había una especie de “desprolijidad” muy interesante. Ese “despeinar” la ópera es una forma de acceso. Cuando al ritual se le ponen reglas fijas, la gente joven dice “dejame de joder, esto no es el jardín de infantes”. A mí me parece que eso debería ser una práctica común y también creo que si haces La Traviata deberías hacer lo mismo y que las chicas entren más barato. Y las chicas que se llaman Violeta, entran más barato todavía. Y así con todo, hacer zigzags para que la gente acceda.

  • Billy Elliot, el musical se estrena en el Teatro Ópera (Avenida Corrientes 860, CABA). Entradas en venta por Ticketek y en boletería del teatro.