Teresa Parodi abre una nueva etapa artística con Hasta que amanezca, un trabajo en el que dialogan el chamamé, el rap, la canción popular y distintas generaciones de músicos argentinos. La artista presentará el álbum el próximo 21 de mayo en La Trastienda, en un show que reunirá invitados especiales, cruces musicales y parte de ese universo sonoro que atraviesa el disco.
En diálogo con El Destape, la histórica referente de la música popular habló sobre el presente del folklore argentino, la relación entre los payadores y el rap, sus colaboraciones con artistas como Soledad Pastorutti, Lisandro Aristimuño y Susana Baca, y también reflexionó sobre el contexto social y cultural actual. “La música popular se recicla todo el tiempo porque está viva”, aseguró al defender los cruces entre las nuevas generaciones y las raíces folklóricas.
Mano a mano con Teresa Parodi
¿Cómo estás viviendo las repercusiones de este disco después del lanzamiento?
- La verdad es que estoy viviendo con mucha alegría, mucha emoción. Muy bien recibido el trabajo, el disco, las canciones. Y bueno, como todo disco nuevo, se provoca una gran expectativa. Igual soy una veterana en esto, es mi disco número 34, pero siempre que aparece un trabajo nuevo hay tanto puesto en esas canciones nuevas que empiezo otra vez como si nunca hubiera grabado un disco. Es muy loco, pero es muy lindo que te pase eso.
¿Qué te mueve distinto este disco, después de tantos años de carrera?
- Porque pude dialogar de forma muy natural y espontánea casi con las nuevas generaciones y las nuevas formas de la música popular. La música popular fue tomando lo que el pueblo le fue dando. Entonces creo que hay un fluir natural y que para nada pueden dialogar perfectamente los distintos ritmos como si hubieran estado juntos toda la vida. Porque la genera el mismo pueblo.
Por ejemplo, el cruce con algunos raperos en este disco fue maravilloso. El rap es una forma de improvisación magnífica que existe en nuestra cultura desde hace años, con los payadores. Ahí encuentro una relación que celebro mucho porque es tremendamente enriquecedora”.
Además ambos géneros tienen como premisa visibilizar las realidades de los márgenes y de los trabajadores.
- Claro, y por eso me amalgamo yo con ellos, porque toda mi vida hablé de los márgenes y visibilicé eso, lo invisible. Me encanta y lo incluyo con toda naturalidad. Entonces no es “ah, bueno, se quiso modernizar”. No. Nace naturalmente en las canciones y queda perfecto cuando aparece el rap porque completa el mensaje que venimos a decir juntos los que hablamos de la marginalidad.
Este disco también sale en un contexto en el que el folklore volvió a tener mucha presencia. ¿Lo notás?
- Sí, yo creo que el folklore volvió a tener presencia, aunque en realidad siempre estuvo. Es muy central porque todos queremos escuchar todo eso. Y las nuevas generaciones, sobre todo los pibes que vienen del interior, escucharon folklore en sus casas. Es el caso de Milo J, por ejemplo. Él ama el folklore y se vincula con él como si fuese una chacarera más. Canta con Mercedes y uno siente que Mercedes Sosa, si estuviera viva, lo hubiera hecho igual.
La música popular se recicla todo el tiempo porque está viva. Vamos volviendo a decir lo mismo con herramientas distintas, con otros ritmos, con la vorágine del tiempo que vivimos.
En el disco aparecen muchos paisajes del interior del país, especialmente del litoral. ¿Cómo seguís conectada con eso viviendo hace tantos años en Buenos Aires?
- Porque no me lo puedo sacar del corazón ni de los ojos. Hay tres chamamés en el disco. Está La Negra Eulogia, que canto con Susana Baca para remarcar la raíz afro que hay en toda América. Después está el paisaje del sur en La Belleza es Soledad, en una canción que dialoga con los pueblos originarios y el vínculo con el hábitat. Ahí invité a Lisandro Aristimuño, cuya voz está totalmente vinculada a ese paisaje.
También está Siempre a la misma hora, el chamamé atravesado por un rap de Octavio, y Chamamé cantor, junto a Soledad Pastorutti. Es un chamamé nostálgico, pero que en el estribillo se transforma en un grito de celebración.
¿Y cómo fue trabajar con Soledad?
- La quiero muchísimo. Ella siempre me contaba que de chica cantaba mis canciones y que después tuvo que dejar de escucharme porque me imitaba demasiado. Cuando cuenta eso me hace reír mucho. Es una artista hecha y derecha, que nunca se traiciona. Le propuse grabar un chamamé nuevo y ella me dijo: “Vamos por lo nuevo, Teresa”. Grabó desde su pueblo y me mandó varias tomas, propuestas de voces. Fue amorosa.
¿Qué podés adelantar del show en La Trastienda?
- Me gustaría que esté todo, pero no se puede. Mayo es un mes de muchos conciertos y giras, pero va a estar Julia Zenko, va a estar Maggie Cullen, va a estar Moca, que rapea en el primer tema del disco. También estarán los músicos que tocaron en el álbum y mi banda, que está integrada por mis tres nietos: Emilia, Ezequiel y Lautaro. Es muy hermoso para mí darme vuelta y verlos ahí. Son músicos tremendos, comprometidos, estudiosos. Hay un diálogo con esa generación que para mí es muy importante.
Por último, ¿qué reflexión te genera el contexto social argentino actual?
- Creo que lamentablemente estamos viviendo un tiempo en el que el odio ganó de una manera sorprendente el discurso cotidiano. Cuando no hay argumentos, se agrede, se ataca, se infama. La violencia está imperando no solamente acá, sino en el mundo entero.
Pero la defensa de la educación pública, de la salud pública y de la universidad pública como derecho humano no la van a poder destruir. Yo soy docente, vengo de una familia de docentes y milité toda mi vida por eso. Estoy segura de que el pueblo argentino no va a resignar esos derechos.
