El nombre de Lucas Torreira volvió a instalarse en el mundo Boca Juniors después de una declaración inesperada del propio jugador. El mediocampista uruguayo, que actualmente milita en el Galatasaray, reconoció nuevamente su deseo de vestir la camiseta azul y oro, pero también remarcó que nunca recibió ningún llamado desde el club que preside Juan Román Riquelme. Sus palabras reflejaron ilusión, aunque también cierto cansancio por repetir una historia que, por ahora, no tuvo avances concretos.
Desde hace años, Torreira no oculta su pasión y amor por Boca. El versatil volante, con pasado en Arsenal, Atlético de Madrid y Sampdoria, entreo otros, ha manifestado en varias ocasiones su anhelo de jugar en el club de La Ribera, incluso cuando su carrera estaba consolidada en el fútbol europeo.
En las últimas horas volvió a hacerlo público. En una entrevista concedida desde Turquía al programa Las Voces del Fútbol por El Espectador Deportes, el jugador, de 30 años, dejó una frase que resonó entre los fanáticos xeneizes. “Siempre dije que mi mayor sueño es jugar en Boca. Pero tampoco puedo seguir repitiéndolo si del otro lado nadie me busca”, explicó.
La declaración dejó al descubierto que, más allá de su ilusión, el contacto con la dirigencia encabezada por Riquelme nunca existió de manera formal para una negociación. De hecho, el propio futbolista remarcó que jamás recibió una comunicación del club.
El mensaje que dejó entrever su cansancio
El mediocampista oriundo de Fray Bentos de Italia no solo habló de su deseo, sino también del desgaste que implica repetir el mismo mensaje sin obtener respuesta. “Todo el mundo sabe que quiero ir a Boca, lo dije millones de veces y ya me cansé de decirlo”, sostuvo.
Torreira explicó que su carrera continúa con normalidad y que, si bien la ilusión sigue vigente, no depende únicamente de él concretar ese sueño. “Más allá de lo que yo desee, si nadie me quiere, no va a pasar nada. Mi vida seguirá igual”, afirmó. La frase fue interpretada como una señal de resignación por parte del futbolista, quien dejó en claro que la decisión final está del lado de Boca Juniors.
Una carrera consolidada en Europa
Mientras el sueño xeneize permanece en pausa, la carrera de Torreira continúa desarrollándose en el fútbol europeo. El volante acumula una extensa trayectoria en el continente desde que dejó Uruguay en 2015. Su recorrido incluye pasos por varios clubes importantes. Primero se destacó en el Pescara y luego dio el salto a la Sampdoria, donde su rendimiento llamó la atención de los equipos más poderosos.
Posteriormente llegó al Arsenal de Inglaterra, donde vivió uno de los momentos más destacados de su carrera. Más tarde también vistió las camisetas del Atlético de Madrid y la Fiorentina, hasta desembarcar en el Galatasaray, uno de los gigantes del fútbol turco.
En el conjunto de Estambul se ha consolidado como una pieza importante del mediocampo e incluso recientemente tuvo el honor de lucir la cinta de capitán en un partido ante el Alanyaspor. En ese encuentro, además, fue protagonista directo del triunfo: marcó un gol y aportó una asistencia.
El sueño pendiente antes del retiro
Pese a su extensa carrera internacional, Torreira mantiene un deseo que todavía no pudo cumplir: jugar en Boca. Su vínculo con el club no es reciente. En varias oportunidades se lo vio posando con la camiseta azul y oro e incluso existen fotografías junto a Juan Román Riquelme. Sin embargo, la posibilidad de concretar su llegada nunca pasó del terreno de los rumores.
Actualmente el mediocampista tiene contrato con Galatasaray hasta mediados de 2028, lo que hace que cualquier operación sea compleja desde lo económico. Además, el futbolista también tiene otro objetivo deportivo en el horizonte: ganarse un lugar en la selección de Uruguay para disputar el próximo Mundial.
Pensando en el futuro, Torreira también dejó abierta otra posibilidad. El volante imagina regresar a su país antes de retirarse para cerrar su carrera cerca de su familia. Pero antes de ese momento, reconoce que le gustaría cumplir el sueño que arrastra desde hace años.
“Seguramente el día que me retire me voy a quedar con la espina de no haber jugado ahí”, confesó. Sus palabras reflejan que la ilusión sigue intacta, aunque hoy parece lejana.
