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Liverpool vs. Manchester City, el partido del morbo

El Manchester City de Enzo Fernández aplastó al Liverpool de Alexis Mac Allister por 3-0 como visitante, en el "partido del morbo" por la Premier League de Inglaterra.

12 de octubre, 2026 | 15.23

El fútbol jugó ayer en Liverpool uno de los partidos más morbosos de la era moderna. Manchester City, acusado del mayor fraude en la historia del fútbol inglés (su década más exitosa con balances falsificados), jugaba por primera vez desde que hace dieciocho días fue condenado por la trampa, que ya apeló, y cuya sanción (desde una multa a quita de títulos, descenso de categoría y hasta expulsión de la Liga) se conocerá en pocos días más. Y su partido de ayer fue, justamente, en la casa del club más damnificado por su estafa, el gran Liverpool que dirigió en esa etapa el alemán Jurgen Klopp.

El micro con el plantel del City entró ayer por una puerta secundaria para evitar la furia de la multitud. Dentro del estadio, cientos de carteles que recordaron los 114 cargos por los que fue condenado (“Cheats: guilty 114 charges”) y con logo de Oasis, la banda de los hermanos Gallagher, fanas del equipo que dirigió Pep Guardiola. Otros con IA que dibujaron con ropa de presidiarios al equipo ganador desde la temporada 2009-10 a la 2017-18 y a su dueño, Khaldoon al- Mubarak, dinero de Abu Dabi. Y que clamaban por la sanción que más esperan: el descenso a la Segunda división bajo un coro de casi todo el estadio que decía “City’s going down with a billion in the bank” (El City al descenso con mil millones en el banco).

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Hinchas del City, algunos veteranos, de cuando el equipo era pobre y jugaba efectivamente en el ascenso, llegaron escoltados en su viaje al estadio, con carteles que decían “In Khaldoom we trust” (En Khaldoon confiamos) y entonando su propio coro desafiante: “We’re Man City, we’ll cheat when we want” (Somos Manchester City, haremos trampa cuando querramos). No son tiempos de hooligans, echados desde hace años de las canchas por los precios dorados de las entradas de la era moderna, más que por el accionar policial. No hubo entonces choque de hinchadas. Solo violencia verbal, carteles y cantos que aluden también a esta nueva era de fútbol-negocio y de dueños foráneos (Liverpool pertenece a capitales de Estados Unidos que incluyen ahora a Jeff Bezos, una de las fortunas más grandes del planeta).

Hubo claro silbidos estruendosos cuando salió el City a la cancha, que se hicieron siempre más intensos cada vez que la pelota llegó a los pies de Enzo Fernández, nueva estrella del City, que pagó a Chelsea más de 140 millones de euros por su pase. Fueron silbidos que recordaron seguramente la pose desafiante de Enzo tras su golazo ante Inglaterra en el Mundial. Enzo jugó un buen partido y ganó la batalla de mediocampo ante Alexis Mac Allister, que rindió de más a menos, en un Liverpool que se desmoronó tras la expulsión a los 61 minutos (segunda amarilla discutible) del volante neerlandés Ryan Gravenberch.

La goleada de Manchester a City a Liverpool, el partido del morbo.

Esa media hora final con un hombre más fue un show del City que ahora dirige el italiano Enzo Maresca, ex colaborador de Guardiola. El partido terminó 3-0 y podría haber sido casi 5-0. Primer gol del infaltable Erling Haaland, gigante noruego, y luego dos golazos del belga Jeremy Doky y del francés Rayan Cherki, una ráfaga de diez minutos en un estadio que quedó mudo, pero que al final despidió al City asegurándole que la goleada fue inútil, porque serán castigados en pocos días más con el descenso a la B.

Desde que se conoció el dictamen de culpabilidad, la Premier League entró en una especie de VAR inmenso, que pone bajo interrogantes los ocho títulos ingleses que acumuló en la década condenada. Qué se hará con ellos y qué sucederá ahora mismo con el propio club, si será descendido (o multado o expulsado) y cuándo. Y qué harán los clubes damnificados, Liverpool el número uno, si irán a los tribunales ordinarios buscando reparación o a los deportivos exigiendo títulos que ahora sienten que deben reasignarse.

Es un escándalo que puso bajo la lupa a los controles de la propia Premier, por lo que se considera una reacción tardía a los dineros inflados que permitieron al City formar uno de los equipos más poderosos de la era moderna. Y un escándalo que, finalmente, implica también al propio primer ministro actual del Reino Unido, el laborista Andy Burnham, quien debió rectificar sus generosas declaraciones iniciales sobre los jeques del City cuyo dinero ayudó también a reformar la ciudad justamente cuando el político fue alcalde del Gran Manchester. Fútbol moderno. Y un 3-0 final inesperado, que, así suele ser el fútbol, premió al villano y contrarió a toda corrección política.     

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