El Gobierno asegura que no hay recesión pero la industria está por debajo de 2023

Se prevé para el mes de octubre una baja de la actividad industrial en torno a 2% en términos interanuales, con una leve mejora respecto de septiembre (0,3%), según el último relevamiento de la UIA.

28 de noviembre, 2025 | 14.24

“En el promedio se ahogan los enanos” es el latiguillo que se utiliza para ilustrar que las estadísticas engloban inequidades que se pierden en los “promedios”. El Gobierno celebra haber zafado, en los números al menos, de su segunda recesión técnica al informar en febrero una mejora de la actividad económica del 0,5 por ciento. Sin embargo, el promedio del noveno mes del año se sustentó en un desempeño extraordinario del sector financiero, mientras que el resto de las actividades se mantiene por debajo de los niveles previo a la asunción de la administración libertaria. La actividad industrial en octubre se mantiene en un estado de contracción significativo, situándose aproximadamente un 10 por ciento por debajo de los niveles registrados en los períodos previos a la asunción de la gestión actual (2022 y 2023).

“De acuerdo a las estimaciones propias realizadas a partir de datos de consumo de energía eléctrica, demanda industrial y consultas a líderes del sector, se prevé para el mes de octubre una baja de la actividad industrial en torno a 2 por ciento en términos interanuales, con una leve mejora respecto de septiembre (0,3 por ciento) en la comparación mensual”, señala el último informe del Centro de Estudios Económicos de la Unión Industrial Argentina (CEU-UIA).

Los datos del INDEC demuestran que los sectores básicos de la economía- Comercio, Industria y Construcción- están retrasados respecto del promedio (EMAE) y el sector más favorecido es la Actividad Financiera. Los datos hablan por si solos. No hace falta saber estadística para darse cuenta que la argentina productiva corre muy por debajo de la argentina financiera. Así no se hace un país”, detalló Carlos Rodríguez, economista y ex asesor de Javier Milei, a través de su cuenta de X (ex Twitter). El dato de actividad, contradiciendo las estimaciones privadas de recesión, se conoció en momentos en que una marca emblemática en línea blanca, como Whirlpool, anunció el cierre definitivo.

El miércoles de esta semana Whirlpool anunció el cierre definitivo de su planta de lavarropas ubicada en el Parque Industrial de Fátima, en Pilar. La medida implicó el despido de 220 trabajadores, entre operarios, personal técnico, de control de calidad y administrativo. La compañía explicó que la decisión obedeció a “la pérdida de competitividad frente a productos importados” y a una fuerte caída en las ventas. En su comunicado, Whirlpool afirmó que abandonará la producción nacional para reconvertirse: de ahora en más su operativa en la Argentina se orientará exclusivamente a la comercialización, distribución y servicio, importando los electrodomésticos en lugar de fabricarlos localmente.

El cierre de Whirlpool en Pilar se produce apenas tres años después de la inauguración de la planta: en 2022 la empresa invirtió unos 52 millones de dólares con la expectativa de producir 300.000 unidades anuales de lavarropas, destinando gran parte a la exportación, y generando decenas de puestos de trabajo. Sin embargo, con la producción reducida notablemente (apenas la mitad de lo proyectado) y frente a un mercado inundado por importaciones, la operación local se volvió insostenible. Días antes, el titular del Grupo Techint, Paolo Rocca, advirtió públicamente sobre la “avalacha” de productos importados. Rocca señaló que la importación mensual de lavarropas había pasado de 5.000 a 87.000 unidades, mientras que la de heladeras creció de 10.000 a 80.000 al mes.

El cierre de la planta de Whirlpool deja en evidencia la presión de las importaciones, la pérdida de competitividad de la producción local y una reconfiguración del sector hacia un modelo orientado a la importación y comercialización.

La industria contra las cuerdas

El panorama de octubre revela que la mayoría de los segmentos productivos siguen en terreno negativo si se comparan con el mismo mes de años anteriores. La caída se siente con mayor crudeza en industrias clave para la cadena de valor nacional, como textiles, manufacturas pesadas y química y construcción. Solo dos áreas lograron mostrar una recuperación positiva acumulada frente al período anterior: la refinación de petróleo y la producción de motocicletas. A nivel sectorial cayeron siete de los dieciséis sectores que componen el índice en términos interanuales, y cayeron nuevo respecto al mes anterior.

El sector textil y el de indumentaria, calzado y cuero sufrieron descensos interanuales de 20,5 y 14 por ciento respectivamente, seguida por caídas en productos metálicos (-11,8 por ciento), caucho y plástico (-11,1 por ciento), y minerales no metálicos (-6 por ciento) también registran mermas importantes, señalando una desaceleración en la inversión y la obra y construcción, un motor tradicional de la economía, que se mantiene más de un 20 por ciento por debajo, reflejando la parálisis en la obra pública y privada.

“La persistencia de este déficit industrial se explica por una matriz de factores complejos que frenan la previsibilidad necesaria para la producción a largo plazo”, señala el informe de la UIA, que destaca entre las variables más citadas: 

  • Incertidumbre Política: La volatilidad generada por las discusiones de reformas estructurales y las expectativas electorales de mediano plazo continúan paralizando decisiones de inversión.
  • Volatilidad Macroeconómica: Las fluctuaciones en las tasas de interés y las expectativas cambiarias impiden la planificación de costos y precios.
  • Debilidad de la Demanda: Una demanda interna debilitada, producto de la contracción del poder adquisitivo, limita la capacidad de consumo de bienes intermedios y finales.
  • Restricciones Externas: La caída en la demanda de socios clave, particularmente Brasil, impacta directamente en las exportaciones industriales argentinas.

Mientras el sector energético y algunos nichos de maquinaria muestran resiliencia, el cuerpo principal de la industria argentina sigue operando con una capacidad instalada ociosa considerable, manteniendo “un agujero del 10 por ciento respecto a la normalidad pre-crisis”. En tanto, las exportaciones hacia Brasil cayeron respecto al mes de septiembre (-6,2 por ciento), influenciado en parte por la baja en las exportaciones de productos primarios luego de la disminución temporal de los derechos a la exportación cerealero- oleaginoso del mes anterior, lo que implicó una disminución en octubre de la liquidación de divisas agroindustriales (-80 por ciento).

“Con estos datos junto con las estimaciones, en el nivel acumulado la actividad industrial aún se encuentra estancada (en los mismos niveles del cuarto trimestre 2024 y en torno a un 10 por ciento por debajo de 2022 y 2023). Junto con una alta heterogeneidad sectorial al interior de la industria, con sólo dos sectores recuperándose respecto del mismo periodo acumulado de 2022: los vinculados a la refinación de petróleo y la producción de motos”, concluye el informe del centro de estudios de la UIA.