El Banco Mundial recorta la expectativa de crecimiento argentino pero mantiene halagos

Si bien destacó a la Argentina como una excepción en la región por sus políticas ortodoxas, el organismo proyectó una expansión menor para este año, tal como sucedió el anterior.

08 de abril, 2026 | 14.16

En su último informe, el Banco Mundial se pelea entre seguir elogiando las recetas ortodoxas que se imponen al país y que el gobierno de Milei aplica a rajatabla y los verdaderos resultados que obtendrá Argentina con la aplicación de estos. Si bien ubica al país como uno de los pocos con perspectivas de crecimiento por encima del promedio regional, también confirma una desaceleración respecto del rebote reciente; algo que ya había ocurrido durante todo el 2025. La proyección de expansión del Producto Bruto Interno (PBI) para 2026 se ubica en 3,6 por ciento, por debajo del 4,4 por ciento anticipado como rebote el año pasado.

El organismo publicó su “Panorama Económico de América Latina y el Caribe”, en el que el organismo también prevé un crecimiento del 3,7 por ciento para 2027. Sostiene que las perspectivas regionales “siguen siendo limitadas”, con un avance estimado del 2,1 por ciento para 2026, lo que ubica a América Latina entre las zonas de menor dinamismo global.

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En ese marco, el BM señaló que “Argentina ha emergido como la principal excepción al alza, ya que la estabilización y las reformas han mejorado las expectativas y las condiciones financieras”. El diagnóstico respalda las políticas de ajuste del gobierno de Javier Milei pero con nuevas advertencias sobre los límites de ese proceso y la falta de una política industrial.

El informe destacó que “Argentina se destaca en este contexto” y atribuye parte de esa mejora al programa fiscal. En particular, señala que el ajuste “ha ayudado a anclar las expectativas de inflación y a comprimir el riesgo soberano”, con una caída del índice EMBI desde niveles cercanos a los 2200 puntos básicos en 2022-2023 a menos de 600 en marzo de 2026.

Certificado de buena conducta

Según el documento, el Gobierno “ha avanzado en una agenda pro-crecimiento que incluye una reforma tributaria” y medidas orientadas a atraer inversiones. Entre ellas menciona el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI), acuerdos internacionales y reformas laborales. El Banco Mundial sostiene que “la aprobación de reformas en el mercado laboral por el Congreso y esfuerzos en curso para mejorar el clima de negocios y el entorno regulatorio respaldan las perspectivas para la inversión”.

A esto se suma el impacto de factores coyunturales: “Una cosecha agrícola fuerte que está respaldando la actividad en el corto plazo”. Sin embargo, el propio informe introduce señales de alerta. La desaceleración del crecimiento proyectado aparece en paralelo a un contexto interno donde el consumo, el gasto y la inversión muestran dificultades para consolidar una recuperación sostenida.

El organismo advirtió que “los riesgos a la baja son significativos, particularmente dada las considerables necesidades de financiamiento externo de Argentina en un contexto de reservas internacionales netas negativas y acceso limitado a los mercados internacionales de deuda”. Este punto conecta con una restricción estructural: la escasez estructural de divisas.

También menciona la debilidad del crédito, un factor clave para sostener la actividad. “El crédito al sector privado en Argentina sigue siendo excepcionalmente bajo, en torno al 15 por ciento del PBI, lo que refleja una prolongada inestabilidad macroeconómica y el desplazamiento del crédito hacia el sector público”, señaló el informe. Sin mencionar, los elevados niveles de morosidad que muestran los créditos de familias y empresas, que en se ubican en niveles superiores a los de la pandemia.

El propio organismo reconoció que “la reciente consolidación fiscal tras el cambio de administración podría contribuir a liberar recursos financieros para el sector privado”, pero aclaró que “una recuperación sostenida del crédito dependerá de la continuidad del proceso de estabilización macroeconómica”.

El informe también sugirió que la mejora en las expectativas no se traduce de manera homogénea en la economía real. La desaceleración proyectada para 2026 coincide con un escenario donde el consumo interno sigue afectado por la pérdida de poder adquisitivo acumulada, mientras que la inversión depende en gran medida de incentivos específicos y condiciones externas.

Tras la recesión autoinfligida 2024 por el gobierno libertario para bajar la inflación, la producción de bienes sigue mostrando mayor debilidad frente a los servicios. Sectores como minería, intermediación financiera y agro presentaron los mayores aumentos en 2025, mientras el empleo formal privado se recupera lentamente, ya que se trata de sectores con bajo nivel de creación de puestos de trabajo, según el informe del grupo interdisciplinario que integran la UBA y el Conicet. 

En términos regionales, mientras países como Brasil o México crecerían por debajo del 2 por ciento, Argentina aparece con tasas más altas, aunque partiendo de un piso bajo tras años de caída. El propio Banco Mundial sintetizó esta dinámica al señalar que “estas medidas han modificado las expectativas considerablemente: el crecimiento acumulado pasó del -0,4 por ciento entre 2011-24 a un 12,2 por ciento proyectado para el período 2024-27”.