La suba en el precio del combustible que genera el conflicto en Medio Oriente encareció el costo de salir a trabajar para los monotributistas de aplicaciones como Uber, Rappi o Pedidos Ya. Mientras los gastos fijos se aceleran con fuerza al compás de la escalada inflacionaria, a la rama laboral precarizada que más creció durante el gobierno de Javier Milei se le hace cuesta arriba sostenerse.
Los precios de los combustibles registraron un nuevo aumento en todo el país esta semana y el litro de nafta súper ya supera los $ 1.800, luego de que las petroleras aplicaran un ajuste cercano al 4% en los surtidores, a menos de una semana del incremento anterior. Con esta actualización, tanto las naftas como el gasoil acumulan una suba próxima al 10% en lo que va de marzo, que se extiende a un 12% en lo que va del año.
El escenario está claramente influido por la suba del precio internacional del petróleo, que se ubica en U$S 108 por barril, y por una inflación que ya mostraba signos de aceleración en las primeros días del mes, en especial en el rubro alimentos.
El incremento impacta sobre los costos de transporte, logística y distribución, por lo que su efecto trasciende a quienes cargan combustible y puede trasladarse al resto de los precios de la economía. Los trabajadores de aplicaciones no son la excepción.
En cuanto a los valores actualizados, las principales compañías del mercado —YPF, Shell, Axion y Puma— ajustaron sus precios en todo el país. La nafta súper se ubica por encima de los $1.800 en todas las marcas, mientras que las versiones premium ya se posicionan en un rango que va desde poco más de $2.000 hasta superar los $2.080 por litro, dependiendo de la empresa y la ubicación.
Uber y Rappi, derrotados por la guerra
De acuerdo a estimaciones realizadas por un estudio de la UADE, en diciembre de 2025, cargar a nafta un auto al tope de su capacidad en ese período tuvo un valor promedio de $ 112.974. Con la suba acumulada en el primer trimestre y tras el zarpazo de marzo, ese precio se elevó a los $ 125.430.
En concreto, a un chofer de Uber se le encareció más de 10% su proyección de jornada laboral. El incremento se da en un contexto caracterizado por la explosión de la oferta en los celulares de los usuarios, lo cual genera una caída en el precio de los viajes. Por ende, se multiplica la cantidad de salidas necesarias para generar ingresos.
La misma dinámica se replica en el universo de trabajadores de reparto. Para diciembre de 2025, un documento de la Fundación Encuentro ya había advertido que quienes trabajan en este tipo de plataformas necesitaron casi un 8% más de pedidos comparado con el trimestre previo para cubrir la canasta básica, el monotributo, o la crianza de un hijo, entre otros gastos esenciales.
Entre los costos estructurales del reparto se encuentran variables como el combustible, el mantenimiento del vehículo, seguro, datos móviles y el pago mensual del monotributo. Con el impulso energético de 10% en marzo, el resultado para los obreros de las apps es una mayor carga horaria y desgaste físico para alcanzar el mismo nivel de subsistencia.
Si cargar 3,5 litros de nafta para una moto costaba $ 5.670 en diciembre, la misma medida ahora cuesta alrededor de $ 7.000. Esta es la proporción que suele utilizarse para circular en el área metropolitana.
Y cuánto cuesta vivir en medio de la guerra
Mientras para estos trabajadores es más caro hasta salir a trabajar, según un relevamiento de la consultora Focus Market, el gasto mensual en servicios para una familia tipo trepó a $ 2.980.339 en marzo, lo que implica una suba del 22,25% en comparación con noviembre del año pasado.
El informe no solo muestra la magnitud del aumento, sino también su composición: el alza prácticamente duplica la inflación acumulada en ese período, estimada por debajo del 10%.
El alquiler continúa siendo el principal componente del gasto. En el Gran Buenos Aires, un departamento de tres ambientes pasó de un promedio de $ 760.860 en noviembre a $ 827.599 en marzo. A lo largo de 2025, los alquileres acumularon un aumento del 51%, muy por encima de la inflación anual.
A este escenario se suman las expensas, que crecieron un 9,12% en el mismo período. Este gasto se volvió cada vez más relevante en los presupuestos familiares, generando incluso niveles de morosidad que alcanzan hasta el 20% en algunos consorcios.
En cuanto a los servicios públicos, la factura de electricidad sin subsidios subió de $ 37.098 a $ 53.744, mientras que el gas natural llegó a $ 27.276 bajo el esquema de tarifa plana. Por su parte, el servicio de agua y cloacas mantiene incrementos mensuales del 4%, elevando la boleta a unos $ 36.486 en marzo.
Entre los rubros con mayores subas se encuentran los servicios esenciales como salud y educación. La cuota de un colegio privado de nivel medio para dos hijos ronda los $ 605.794 mensuales, tras incrementos de al menos el 70% interanual. En tanto, una prepaga familiar básica asciende a $ 647.044, con ajustes vinculados a la inflación.
La conectividad también suma presión al gasto. El servicio de internet alcanza los $ 81.202, el cable básico unos $ 32.762 y las plataformas de streaming cerca de $ 26.698 mensuales.
En términos interanuales, la canasta de servicios acumula un incremento del 57,5% a marzo, superando ampliamente la inflación del mismo período. En conjunto, estos gastos reflejan una estructura de consumo cada vez más inalcanzable para la medida salarial.
Así, el viraje hacia el monotributo en plataforma como consecuencia de la destrucción masiva de empleo privado registrado enfrenta tres amenazas. Primero, el cuello de botella de las apps que se aproxima si la curva de caída de empleo formal se acentúa luego de encadenar siete meses en rojo; la ampliación de la brecha entre el salario generado y los gastos fijos que deben afrontar los trabajadores; y los daños colaterales en el ámbito internacional que pueden inflar el costo del trabajo a cuenta del propio laburante.
