Defendamos el superávit de la balanza comercial

15 de noviembre, 2020 | 04.00

El ministro Martín Guzmán viene desarrollando un conjunto de medidas destinadas a restringir el uso de la emisión primaria de dinero como fuente de financiamiento del desequilibrio fiscal. En esa dirección, ha ejecutado una agresiva colocación de títulos públicos en el mercado nacional, nominados en dólares, en pesos y ajustables por índices de tipo de cambio y precios.

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Esta decisión de financiar el déficit de las cuentas públicas con ahorro disponible local se acompaña del retiro parcial de los complementos de los salarios formales e informales (Asistencia al Trabajo Privado-ATP e el Ingreso Familiar de Emergencia-IFE) como modo de ir normalizando la economía hacia la plena circulación de personas y bienes que ocurrirá en breve, cuando se despliegue el plan de vacunación que frene la propagación del virus.

Sin duda, la preocupación la conforman los tiempos entre los que ocurrirá la normalidad plena de la actividad estimada para el inicio del próximo otoño y el retiro inmediato de los soportes estatales de los ingresos populares. 

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Todos los pronósticos, aún los acérrimos opositores, aseguran un fuerte crecimiento de la economía el año próximo. Pero los beneficios de la recuperación se sentirán a pleno al promediar el 2021.  Por ende, una disminución de la inyección estatal de recursos antes de tiempo puede tensar la cuerda social innecesariamente. 

En columnas anteriores describíamos el tránsito que debía acometer el equipo económico hasta marzo o abril próximos, en que la expectativa favorable de la vacuna en los planes de negocios de las empresas se convirtiera en una realidad palpable.

También que ese puente entre el último trimestre del año y el primero del entrante lo constituía una elevación de las reservas internacionales del Banco Central que alejaran el ataque especulativo que sufría el peso y permitieran a la vez la continuidad de una política monetaria expansiva. 

Este refuerzo en las reservas internacionales de alrededor de u$s 5.000 millones podría reconocer diferentes fuentes, que en su momento reseñamos:

  1. El restablecimiento del equilibrio externo y fiscal con un programa de regulación estatal del flujo de divisas y una reforma tributaria progresiva, que fue descartado. La intervención directa del Estado en el comercio de granos, la administración de las importaciones y gravámenes a altos ingresos y patrimonios salió de la agenda gubernamental. Los u$s 11.600 millones de superávit comercial acumulados a septiembre no engrosaron las reservas ni se pudo acortar el déficit fiscal de un modo más progresivo que el presente.

  2. El acuerdo con el sector agropecuario más manufacturero consistente en una reducción de los derechos de exportación en el último trimestre a cambio de un aumento en las exportaciones. No se ha evidenciado aún un incremento de las reservas internacionales por esa vía.

  3. Hasta el momento se han descartado aportes de fondos frescos ya sea por el mecanismo de transformar en dólares líquidos la línea financiera de yuanes acordada con China o a través de recibir un desembolso adicional del FMI en el marco del crédito original acordado al gobierno de Macri.

Así las cosas, sin flujo positivo de dólares significativo en lo que va del último trimestre del año, se apeló a restringir los pesos disponibles que pudieran presionar sobre los distintos mercados cambiarios alternativos al oficial ampliando la brecha de cotizaciones. En esta necesidad perentoria se inscriben las recientes medidas de contracción fiscal y monetaria. 

Algo así como: “Si no aumentan los dólares, bajemos los pesos” parece indicar el programa económico de corto plazo para alcanzar el ansiado otoño.

La conclusión que se puede extraer de esta coyuntura -que se ha complicado innecesariamente- es la siguiente: sin un sector externo sólido, las tensiones sobre la economía interna se agudizan y complican cualquier programa de estabilización y crecimiento.

Decíamos también en otras columnas que en el año 2020 se habían dado las tres condiciones para consolidar las cuentas externas:

  1. Superávit abultado de la balanza comercial. Los u$s 11.600 millones a septiembre

  2. Cierre exitoso del programa financiero de deuda pública, reestructurando los vencimientos más pesados a partir del 2025 y reduciendo la tasa de interés promedio del 7,2% al 3,1%

  3. Control de la Cuenta Capital para la demanda de divisas para atesoramiento

Sin embargo, este programa externo adecuado no permitió aumentar las reservas internacionales a lo largo del año. Por el contrario, estas disminuyeron en u$s 5.500 millones. El punto flojo fue no administrar el comercio exterior. Sobre todo, permitir que los pagos al exterior por importaciones aumentaran un 27% en el lapso enero/septiembre de 2020 respecto de igual período en 2019. 

Se giraron al extranjero la friolera de u$s 6.500 millones más por pagos de importaciones que el año pasado. No obstante, la actividad económica acumuló una caída interanual del 12,5 % en ese tramo del 2020. Una inconsistencia relevante en el esquema.

A falta de dólares, sólo nos queda restringir los pesos parece decir el equipo económico mirando de soslayo al Banco Central.

A futuro no debiera repetirse este escenario, sobre todo porque el Presupuesto 2021 pronostica en sus supuestos macroeconómicos, superávit de la balanza comercial para el próximo trienio de u$s 15.087 millones para 2021, u$s 14.302 millones para 2022 y u$s 12.928 millones para 2023. 

Si esos saldos favorables de nuestro comercio exterior se diluyen por ausencia de regulaciones, como lo ocurrido en este 2020, el esfuerzo argentino será en vano. Sólo quedará por delante el ajuste fiscal, que como demuestra la historia es inviable para estabilizar la economía e impulsar el crecimiento.

La acumulación de reservas internacionales en el Banco Central, generada genuinamente con el comercio exterior, permite la autonomía de la política económica e inclusive una estrategia de desendeudamiento como la seguida en el año 2006 y el 2009, disminuyendo la presión que puedan ejercer los especuladores financieros y/o el propio FMI.

 

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Roberto Feletti

Actualmente es secretario administrativo del Senado de la Provincia de Buenos Aires. Desde 2015 hasta 2019 se desempeñó como secretario de Economía y Hacienda del Municipio de La Matanza. Anteriormente ha ocupado diversos cargos y funciones, entre los que se destacan: diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires y presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda de la Cámara baja (2011-2015);  viceministro de Economía de la Nación (2009-2011); vicepresidente del Banco de la Nación Argentina (2006-2009); ministro de Infraestructura y Planeamiento de la Ciudad de Buenos Aires (2003-2006) y presidente del Banco de la Ciudad de Buenos Aires (200-2003). Además es docente en la materia Administración Financiera en la Universidad Nacional de Moreno, tarea que ha desarrollado en otras universidades.