El Gobierno celebra una baja circunstancial en los precios mayoristas, aunque la minorista (la de bolsillo) la triplica: La inflación muestra señales de desaceleración respecto de los picos registrados tras la devaluación de fines de 2023, pero el proceso perdió velocidad en los últimos meses y genera interrogantes sobre la posibilidad de que continúe. Distintos informes del sector privado coinciden en que la baja no será lineal y que existen factores que pueden demorar ese sendero e, incluso, interrumpirlo para volver a espiralizarse.
Según estimaciones relevadas por consultoras y bancos, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) se mantiene en torno al 2,7%–3% mensual, sin lograr perforar ese piso en lo que va de 2026. Este comportamiento se da luego de un 2025 en el que la inflación anual descendió, pero con una dinámica mensual que dejó de desacelerarse hacia el final del año.
Tres trabas a la desinflación
En ese marco, los analistas empiezan a identificar una serie de factores que explican por qué la inflación encuentra resistencias para seguir bajando. Uno de los elementos señalados es la persistencia de la inercia inflacionaria. Aun con menor emisión y ajuste fiscal, los precios siguen moviéndose en base a expectativas formadas en períodos previos de alta inflación.
A esto se suma la falta de un ancla nominal clara. De acuerdo con un informe de la consultora Inviú,, “la falta de un ancla nominal” y una “recuperación más lenta de la demanda de dinero” aparecen como factores centrales detrás de la dinámica actual. Este punto resulta clave: sin un esquema que coordine expectativas —ya sea cambiario, monetario o de ingresos—, la desaceleración depende más del ajuste recesivo que de un cambio estructural en la formación de precios.
Otro factor relevante es la evolución de los precios regulados, según el informe de Inviú que consigna Bloomberg El proceso de quita de subsidios y actualización de tarifas de servicios públicos introduce presión sobre el índice general.
Estos ajustes responden a la política de recomposición de precios relativos impulsada por el Gobierno, pero al mismo tiempo impactan en la inflación mensual y dificultan una desaceleración más rápida. En contextos de estabilización, los precios regulados suelen actuar como un piso para la inflación, incluso cuando otros componentes muestran menor dinamismo.
Por su parte, en el frente financiero, advierten que la dinámica del riesgo país y su impacto sobre el tipo de cambio pueden trasladarse a precios. El indicador que releva la autoridad monetaria que conduce Santiago Bausili se mantiene en niveles elevados y con dificultades para perforar ciertos pisos, lo que “podría presionar sobre el tipo de cambio” y, en consecuencia, complicar la desaceleración inflacionaria. A esto se suma la expectativa de devaluación implícita en el mercado, que continúa siendo un factor relevante en la formación de precios, incluso en un contexto de relativa estabilidad cambiaria.
Los primeros meses del año suelen presentar registros más altos, lo que influye en la dinámica del primer trimestre, señala un informe de la consultora LCG. De acuerdo con esta entidad, algunos rubros clave —como alimentos y energía— mantienen una presión constante sobre el índice. La evolución de estos precios resulta determinante no sólo por su peso en la canasta, sino por su impacto en las expectativas.
El escenario internacional agrega otra capa de incertidumbre, lo que se verifica en la suba de combustibles, que en lo que va de marzo ya alcanza el 11%. La suba de commodities, como el petróleo, puede trasladarse a costos internos y afectar tanto la inflación como las cuentas externas. En ese sentido, informes recientes advierten que, aún con compras de divisas por parte del Banco Central, “la inflación se mantiene en el andarivel del 2,9% mensual” sin señales claras de una nueva fase descendente.
El conjunto de estos factores configura un escenario en el que la inflación continúa bajando respecto de los niveles críticos, pero sin lograr una reducción sostenida hacia niveles más bajos. En este contexto, la evolución de la inflación dependerá no sólo del ajuste fiscal, sino de la capacidad del programa económico para estabilizar expectativas, ordenar precios relativos sin generar nuevos shocks y consolidar un marco macroeconómico más previsible, según LCG.
