En casi 30 meses de gobierno, Javier Milei puede exhibir un programa económico con superávits gemelos. Saldos positivos en las cuentas fiscales y en el balance comercial. De acuerdo con el consenso dominante entre los economistas, incorporado como mantra de la abundancia por gran parte de los analistas y del establishment, esta condición definirá el sendero de crecimiento sostenido sin que nada y nadie pueda detener el destino de la prosperidad. El saldo de las principales variables económicas en el ciclo liberal-libertario está desafiando este postulado elevado a categoría de mandamiento bíblico.
La administración económica durante el gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007) es ponderada por miembros de la ortodoxia económica por contabilizar superávits gemelos (fiscal + comercial), aunque en esos años se lo minimizaba diciendo que sólo tenía “viento de cola” externo o “suerte”. Ahora afirman con determinación que los superávits fueron el factor determinante de la recuperación extraordinaria de la economía en el primer mandato del kirchnerismo, que fue explicada con la muletilla de crecimiento a tasas chinas. Pero omiten el aspecto más importante: cómo se obtenían esos saldos positivos, como si hubieran sido conseguidos por mandato divino.
El contraste entre la experiencia Kirchner y la de Milei empuja a plantear un interrogante sencillo: ¿por qué si el superávit gemelo es la pócima mágica de una gestión económica, Milei está registrando pésimos resultados, mientras que Kirchner pudo mostrar una evolución fabulosa?
Vamos primero a exhibir las cifras de ambas experiencias políticas, con el objetivo de entregar evidencias con datos duros, para luego profundizar en cuestiones estructurales de los motivos por los cuales existe esta divergencia.
Néstor Kirchner 2003-2007
- Crecimiento económico: Aumento anual del PIB en torno al 8%/9% durante el período. La economía salió de la depresión posconvertibilidad con expansión sostenida.
- Tasa de desempleo: Bajó de 20,4% al inicio del ciclo a 7,8% hacia el final del gobierno.
- Inversión privada: La formación bruta de capital fijo pasó de 14,2% del PIB en 2004 a 16,6% en 2007. Hubo una recomposición inversora en el ciclo de crecimiento.
- Salario real: Se recuperó con fuerza con la caída del desempleo y la expansión de la actividad. El salario real medido a través del RIPTE (Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables) mostró una suba acumulada superior al 30% a lo largo de todo el período, impulsada por negociaciones paritarias anuales y el establecimiento de sumas fijas.
- Empresas: Se crearon 183.690 nuevas unidades productivas.
- Empleo: El saldo neto fue la creación de más de 1,5 millones de empleos registrados.
- Deuda pública en dólares: Quedó prácticamente estable en términos nominales, pero se desplomó en relación al PIB: de unos 178.269 millones de dólares en 2003 a 178.893 millones en 2007, mientras la relación deuda/PIB bajó de 125% a 62%.
- Tipo de cambio: El dólar oficial se mantuvo relativamente estable, en 2,90/3,00 pesos al inicio y cerca de 3,15 pesos al final de 2007. Fue un esquema de tipo de cambio real alto y competitivo.
- Consumo masivo: La evolución de las ventas en supermercados entregó un alza de 9,6% en el 2003, fue estable en el 2004 y el 2005, registró una suba de 17,9% en 2006 y un 10% en 2007.
- Inflación anual: 2003: 3,7%; 2004: 6,1%; 2005: 12,3%; 2006: 9,8%; y 2007: 8,5%
- Mora crediticia en el sistema financiero: En 2003, la cartera irregular superaba el 18%-20% de las financiaciones hasta bajar al 4,1% en 2007.
- Reservas internacionales del BCRA: Pasaron de 11.048 a 45.566 millones de dólares, pese a la cancelación de la deuda con el FMI por 9.810 millones.
Javier Milei diciembre 2023-mayo 2026
- Crecimiento económico: En 2024 la caída fue de -1,3%, mientras que en 2025 el alza fue de +4,4%. Durante el primer trimestre de 2026, la economía contabilizó un crecimiento de +1,8% respecto del mismo período de 2025.
- Tasa de desempleo: Durante el cuarto trimestre de 2023 fue del 5,7% de la población económicamente activa, mientras que en el primer trimestre de 2026 fue de 7,7%.
- Inversión privada: La formación bruta de capital fijo bajó del 18,5% en 2023 al 15,9% en 2024. En 2025 fue de 16,4%, nivel similar al del primer trimestre de este año.
- Salario real: Acumula una caída promedio cercana al 9% al comparar los últimos datos del Índice de salarios del INDEC con los valores previos al cambio de gobierno.
- Empresas: Destrucción neta de 24.180 unidades.
- Empleo: La caída del empleo registrado privado fue de 317.179 puestos.
- Deuda pública en dólares: La deuda bruta de la Administración Central llegó a 496.676 millones de dólares en abril de 2026. Respecto de noviembre de 2023, subió en 71.383 millones.
- Tipo de cambio: El dólar oficial, al comienzo del gobierno, subió de 360 a 800 pesos. A fines de mayo de 2026, el mayorista estaba en 1.430 pesos.
- Consumo masivo: Cayó 13,9% en 2024 y 2,6% en 2025, según la consultora Scentia. En marzo de 2026, las ventas en supermercados a precios constantes bajaron 5,1% interanual y acumularon -3,1% en el primer trimestre.
- Inflación anual: En diciembre de 2023 fue de 25,5% mensual; 117,8% anual en 2024; 31,5% anual en 2025, y entre enero y abril de 2026 fue de 12,3%. El acumulado desde diciembre de 2023 hasta abril de 2026 es del 304%.
- Mora crediticia en el sistema financiero: En marzo de 2026, la irregularidad del crédito al sector privado fue del 7,0%. En familias llegó a 11,5%, acumula 17 meses consecutivos al alza, y en empresas, a 3,1%.
- Reservas internacionales del BCRA: Las reservas brutas del BCRA pasaron de USD 21.200 millones (diciembre de 2023) a un pico de USD 47.908 millones, y las netas pasaron de -11.500 a -6.500 millones de dólares, continuaron en terreno negativo. En lugar de cancelar deuda con el FMI, se sumó más por un total de 20.000 millones de dólares.
Las diferencias son abismales
El contraste es muy fuerte. En el ciclo Néstor Kirchner, los superávits gemelos convivieron con crecimiento elevado, caída del desempleo, mejora real del salario, aumento de la inversión, expansión del consumo masivo, creación de empleo de calidad, acumulación de reservas y reducción de la morosidad bancaria.
En el ciclo Javier Milei, el superávit fiscal y comercial convive con caída o fragilidad del salario real, derrumbe de la industria, el comercio y la construcción, destrucción de empresas, pérdida de empleo registrado, desplome del consumo masivo, aumento de la mora de familias y empresas, expansión de los sectores de una economía de enclave (Energía, Minería, Agro) y de las Finanzas.
¿Cuál es la explicación para diferencias tan notables si ambos ciclos muestran el fetiche económico de los superávits gemelos? ¿No será que existen otros factores más relevantes para ordenar la gestión económica?
La evaluación sería superficial si quedara planteada apenas como una comparación entre dos gobiernos que tuvieron superávits gemelos, pero con resultados opuestos. Es necesario subir un escalón en el análisis. Los superávits gemelos no son una política económica en sí misma, sino el saldo de una determinada política económica, en el marco de una determinada fase del ciclo económico local e internacional. Aquí aparece la diferencia abrumadora.
En los dos casos hubo condiciones favorables. Kirchner tuvo precios internacionales elevados, capacidad industrial instalada ociosa después del derrumbe de 2001-2002, un tipo de cambio real competitivo, bajo nivel de importaciones por el punto de partida recesivo y margen político para reordenar la deuda.
Milei también tiene un contexto favorable con cosechas récord del agro después de la sequía del 2023, sustancial mejora del saldo comercial energético por Vaca Muerta, buenos términos del intercambio, un firme apoyo financiero y político del FMI y de Estados Unidos, y un saldo comercial positivo explicado, además, por la caída de las importaciones asociada al ajuste recesivo del mercado interno.
El mismo viento a favor, resultados opuestos
La diferencia, entonces, no está solo en el contexto. Está en qué hizo cada política económica con ese escenario positivo. Kirchner transformó un viento a favor en un ciclo expansivo; Milei lo convirtió en un período contractivo.
En 2003-2007, el superávit fiscal y externo no surgió de una poda permanente sobre salarios, jubilaciones, obra pública y consumo masivo. Surgió de una economía que crecía a tasas elevadas, generaba empleo, ampliaba la recaudación impositiva, recomponía ingresos de trabajadores y jubilados, y sostenía un tipo de cambio competitivo.
En la experiencia de Milei ocurre lo opuesto. El superávit fiscal se consigue con un ajuste demoledor del gasto público, que reduce jubilaciones, salarios públicos, transferencias a provincias, inversión pública, subsidios y partidas sociales. Se obtiene debilitando componentes centrales de la demanda agregada. El superávit comercial, a su vez, proviene de importaciones comprimidas por la debilidad de la actividad interna, de la maduración de inversiones en Vaca Muerta y de un panorama favorable en producción y precios internacionales en el sector agropecuario. Los superávits gemelos no expresan una economía dinámica, sino una de ajuste permanente y acelerado deterioro sociolaboral.
Néstor Kirchner aprovechó el escenario económico internacional favorable para ordenar la economía apuntando a un rumbo de elevado crecimiento, con tipo de cambio competitivo, retenciones a las exportaciones, renegociación de la deuda en default, recuperación del salario, impulso de las paritarias, expansión de la obra pública, recomposición del empleo y fortalecimiento del mercado interno. Es válido discutir límites y tensiones de esta estrategia, pero el resultado expansivo es innegable.
Javier Milei, en cambio, el contexto favorable lo está dilapidando con un ajuste fiscal permanente, atraso cambiario, bicicleta financiera, apertura importadora, licuación de ingresos de trabajadores y jubilados, reducción del Estado, endeudamiento y subordinación al FMI. En lugar de usar la extraordinaria lluvia de dólares comerciales y financieros para definir las bases de un crecimiento económico sostenido y mejoras en el bienestar general, esos recursos se pierden en la especulación y en la consolidación de una economía de enclave.
El desafío es debatir sin consignas ni dogmas
La proclama de tener superávits gemelos como si fueran determinantes para el éxito de la gestión económica constituye una confusión teórica, una equivocación de cuál es la esencia de la política económica y, en definitiva, es una trampa política. La clave del debate pasa por precisar para qué se buscan esos superávits, cómo se obtienen y al servicio de quién.
En la experiencia de Kirchner los saldos positivos en materia fiscal y comercial fueron parte de una estrategia de recuperación económica y recomposición social. En la experiencia de Milei son presentados como trofeo de administración eficiente mientras la economía real exhibe un constante retroceso.
Los superávits gemelos dejan de ser una herramienta importante de la política económica y se convierten en un fetiche. No explican por sí mismos el éxito o fracaso de una gestión económica; lo decisivo es cómo se construyen, para qué se usan y qué dinámica productiva y social generan.
Cuando la economía se maneja con dogmas y consignas superficiales, el saldo no será otro que el fiasco, como está quedando en evidencia en estos años de experimento liberal-libertario.
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