El precio internacional del petróleo volvió este miércoles a tomar impulso en medio de la incertidumbre global. El barril de Brent del Mar del Norte, referencia para el mercado argentino, superó los 119 dólares y alcanzó su valor más alto desde los primeros meses de la guerra en Ucrania. El movimiento no responde a una dinámica aislada del mercado energético, sino a un factor recurrente en la historia reciente: la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel, los dos principales aliados internacionales de Javier Milei.
Según informó la agencia de noticias AFP, el Brent trepó más de 7% en una sola jornada, impulsado por el temor a un bloqueo prolongado en el estrecho de Ormuz, un punto estratégico por donde circula una parte sustancial del petróleo mundial. En paralelo, el barril de WTI, referencia estadounidense, también mostró un salto similar, superando los 107 dólares.
El estrecho de Ormuz funciona como una válvula del comercio energético global. Cualquier interrupción —incluso parcial— impacta de forma inmediata en los precios. En este contexto, los mercados reaccionan más a las expectativas que a los hechos consumados. La posibilidad de un conflicto extendido opera como un factor de presión permanente.
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Desde la Casa Blanca, el presidente Donald Trump volvió a endurecer su discurso hacia Irán. “¡Más les vale espabilar pronto!”, advirtió, en referencia al programa nuclear iraní y a la continuidad de la guerra. La declaración no solo refuerza el tono político del conflicto, sino que también introduce un elemento de incertidumbre adicional en los mercados.
Los analistas, según agencias como Bloomberg, coinciden en que el escenario actual combina estancamiento militar con ausencia de una salida diplomática clara. La referencia al “estancamiento” no implica calma. Por el contrario, describe una situación donde la falta de resolución prolonga los efectos económicos del conflicto. En ese marco, el petróleo funciona como termómetro y amplificador: traduce la incertidumbre en precios más altos.
El trasfondo del conflicto se remonta al 28 de febrero, cuando comenzaron los ataques coordinados entre Estados Unidos e Israel contra Teherán. Desde entonces, el saldo en vidas humanas se mide en miles, principalmente en Irán y Líbano. Pero las consecuencias no se limitan al plano humanitario: el impacto económico ya se extiende a escala global.
En el mercado financiero, el alza del petróleo convive con otros factores de tensión. La Reserva Federal de Estados Unidos decidió mantener sin cambios la tasa de interés en el rango de 3,50% a 3,75%. La decisión era esperada, pero no logró disipar la cautela de los inversores.
El informe de PPI señaló que “el mercado espera que la Fed mantenga inalterado el rango de tasas hasta fin de año, con una probabilidad de apenas 14% de hacer un recorte de 25 puntos básicos en la reunión de diciembre”. La política monetaria, en este caso, aparece condicionada por un contexto internacional volátil.
La figura de Jerome Powell también atraviesa un momento de transición. Cuestionado por Trump, su mandato al frente de la Fed finaliza en mayo. Su eventual reemplazo por Kevin Warsh suma otro elemento de incertidumbre institucional. A su vez, el mercado energético sigue de cerca la decisión de Emiratos Árabes Unidos de abandonar la OPEP. Aunque los analistas no prevén un impacto inmediato, el movimiento introduce interrogantes sobre la coordinación futura de los principales productores.
