La idea de una Argentina fragmentada en dos realidades laborales contrapuestas que enfrentan al Área Metropolitana de Buenos Aires y el Interior va a contramano de la evidencia estadística. Lejos de registrarse un impacto focalizado o una desconurbanización virtuosa, la recesión económica y el freno total de la obra pública golpearon de forma generalizada a las economías regionales. El derrumbe del empleo formal privado es una realidad transversal que afecta de manera crítica al entramado productivo de las provincias.
El mito roto de las dos Argentinas: la desocupación es federal
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Una de las narrativas más difundidas durante el último año sugería que el impacto del ajuste económico se concentraba casi con exclusividad en los grandes centros urbanos del AMBA, mientras el interior del país lograba mantenerse al margen gracias a sectores dinámicos. Sin embargo, el último monitor sociolaboral desarrollado por el Centro de Estudios del Trabajo y el Desarrollo (CETYD) de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) expone una geografía del desempleo marcadamente homogénea y federal.
De acuerdo con el relevamiento estratégico del CETYD, entre septiembre de 2023 y septiembre de 2025, la contracción del mercado de trabajo privado formal se extendió como una mancha de aceite por todo el mapa nacional: 318 de los 498 departamentos que integran la Argentina perdieron puestos laborales registrados. Si bien el AMBA resignó la mayor cantidad de posiciones netas en términos absolutos, al contabilizar más de 60.000 empleos menos, la medición de la tasa de desocupación relativa demuestra que la crisis golpeó con una fuerza significativamente superior fuera de las fronteras bonaerenses, ensañándose con las estructuras provinciales menos diversificadas.
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El norte argentino: la región más golpeada por la crisis
Los datos oficiales procesados por el centro de investigación revelan que las regiones del Nordeste (NEA) y el Noroeste (NOA) sufrieron el impacto más severo sobre sus mercados laborales debido a su alta dependencia de la obra pública y la construcción. Al no contar con matrices industriales densas, el freno de la actividad generó un efecto dominó inmediato sobre el comercio local.
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Región NEA: Registró un desplome del -7,1% en el empleo asalariado formal privado, lo que representó la pérdida neta de 21.292 puestos de trabajo.
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Región NOA: Sufrió un retroceso relativo del -3,4%, traduciéndose en 16.252 trabajadores formales menos volcados a la calle.
Al analizar los grandes aglomerados urbanos del interior profundo, las cifras que maneja el CETYD encienden alarmas urgentes a resolver por el Gobierno Nacional, quien, sin embargo, sigue negando la gravedad de la crisis o desconoce su responsabilidad frente a las provincias. Formosa lideró el ránking de vulnerabilidad con una caída del -12,1% de su plantilla laboral privada (-2.343 puestos), seguida muy de cerca por el Gran Resistencia en Chaco, que anotó una contracción del -11.9% (-6,367 puestos). En el centro del país, el Gran La Plata experimentó un retroceso del -6,3%, perdiendo más de 7.200 empleos registrados.
El tamaño del territorio: las ciudades chicas sufren más
El informe derriba además otra hipótesis común: la supuesta migración virtuosa del empleo hacia localidades intermedias. Los departamentos de tamaño medio y pequeño sufrieron un impacto proporcionalmente mayor al de las metrópolis. Mientras que los grandes aglomerados urbanos promediaron una caída del -1,8%, las áreas suburbanas y ciudades intermedias retrocedieron un -3,2%, y las ciudades pequeñas junto a los departamentos rurales exhibieron la peor performance con una contracción del -3,9%.
A nivel nacional, solo dos provincias consiguieron mantenerse en terreno positivo gracias al empuje de actividades extractivas muy puntuales: Neuquén (impulsada por el desarrollo hidrocaucarífero de Vaca Muerta) y Río Negro. Sin embargo, departamentos específicos ligados a la minería o la agroindustria, como Confluencia o General Roca, operaron como excepciones aisladas que no lograron modificar la tendencia de la desocupación general del país.
Proyección 2026: el crecimiento económico no genera puestos
El análisis del CETYD avanzó sobre los primeros meses de 2026 y advirtió sobre una alarmante anomalía del ciclo económico actual: el rebote de la actividad no está traccionando la demanda de personal. Aunque el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) reflejó una importante recuperación en marzo (+3,5% intermensual desestacionalizado), dicha mejora no tuvo correlato en las oficinas de recursos humanos.
A través del Indicador Predictivo del Empleo (IPE-CETYD), el organismo anticipó que las variaciones mensuales de abril y mayo mantendrán el signo negativo (-0,10% y -0,12% respectivamente). El fenómeno es todavía más crudo en la actividad industrial, donde el empleo asalariado registrado acumula más de un año consecutivo de caídas mensuales de entre el -0,2% y el -0,5%. Con salarios disponibles condicionados por la suba de tarifas fijas y un empleo de calidad en retroceso, el mapa sociolaboral de las provincias ratifica que la salida de la recesión se enfrenta al complejo desafío de un crecimiento que prescinde de los trabajadores.
