La última actualización del Banco Mundial sobre las perspectivas económicas ratifica una menor estimación de crecimiento para la Argentina para este año. El organismo multilateral proyecta que el crecimiento del Producto Bruto Interno será del 4 por ciento en 2026 y que se mantendrá en ese mismo nivel en 2027, lo que implica una corrección a la baja respecto de la estimación previa y una moderación frente al repunte registrado en 2025, cuando la mejora de la actividad fue calculada en 4,6 por ciento.
Según el Banco Mundial, la desaceleración prevista se explica por la incertidumbre política interna registrada hacia finales del año pasado, que derivó en episodios de presión cambiaria y en un aumento de las tasas de interés de mercado. Ese movimiento, señala el informe, tendrá impacto directo sobre la demanda interna y, por lo tanto, sobre el crecimiento. La secuencia es conocida: mayor tasa, menor crédito, consumo contenido y una actividad que pierde impulso aun cuando los indicadores macro muestran orden fiscal.
En el marco regional, América latina y el Caribe transitaron 2025 con tasas de inflación mayormente alineadas con los objetivos de los bancos centrales, y con una dinámica financiera que combinó recuperación de flujos de capital y mayor emisión de deuda soberana, favorecida por la baja de los diferenciales y la suba de los precios de las acciones durante el segundo semestre del año.
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El endurecimiento fiscal y monetario logró frenar la inflación, pero al mismo tiempo reforzó una dinámica donde el crecimiento depende de variables financieras más que de una expansión sostenida del mercado interno.
El informe también señala que varios países de la región retomaron la flexibilización monetaria, como Chile y México, mientras que Brasil mantuvo su tasa de política en el 15 por ciento ante expectativas inflacionarias persistentes. En el caso argentino, la presión cambiaria obligó a sostener condiciones financieras restrictivas, aun en un contexto donde la actividad muestra señales de fragilidad. La transición hacia una banda cambiaria, implementada en abril de 2025, es presentada por el Banco Mundial como un factor que aporta flexibilidad y permite absorber shocks, aunque esa mayor flexibilidad no elimina el efecto contractivo que generan las tasas elevadas sobre la economía real.
El apoyo de Estados Unidos, incluyendo la provisión de líneas de swap, fue clave para estabilizar las condiciones financieras en momentos de tensión. La estabilidad financiera lograda por esa vía no se traduce automáticamente en inversión productiva ni en una mejora del ingreso disponible, especialmente cuando el ajuste fiscal reduce el margen de maniobra del sector público y traslada el peso de la recuperación al sector privado en un contexto de consumo debilitado.
El Banco Mundial ubica a la Argentina entre los países de mayor crecimiento proyectado para 2026 en la región, solo por detrás de Panamá y República Dominicana. El dato, aunque relevante en términos comparativos, pierde fuerza cuando se lo analiza junto con la dinámica interna. Un crecimiento del 4 por ciento, luego de una recesión profunda y con un punto de partida bajo, no garantiza una mejora proporcional en el empleo ni en los salarios reales, especialmente si la expansión se apoya en sectores puntuales y no en una recuperación amplia de la demanda.
"A comienzos de los años 2000, la adopción de reglas fiscales rígidas en un contexto de recesión profunda terminó perdiendo relevancia y credibilidad, debido a la imposibilidad de acumular reservas fiscales antes del deterioro económico. La Ley de Solvencia Fiscal de 1999 y el intento posterior de instaurar una regla de déficit en 2001 se volvieron inaplicables cuando las condiciones económicas colapsaron", señala el informe del organismo.
El Banco Mundial reconoce que, en los últimos años, la implementación de normas fiscales fue más consistente y permitió alcanzar superávits primarios desde principios de 2024, junto con una reducción de los costos de endeudamiento, pero esa mejora convive con un escenario de crecimiento moderado y alta sensibilidad a los shocks financieros. A nivel global, el organismo sostiene que la economía mundial muestra mayor resiliencia de la prevista, pese a las tensiones comerciales y la incertidumbre política.
El crecimiento global se mantendría estable, con una leve baja al 2,6 por ciento en 2026 y una suba al 2,7 por ciento en 2027. Sin embargo, el economista jefe del Banco Mundial, Indermit Gill, advirtió que la resiliencia y el dinamismo no pueden desacoplarse de manera permanente sin generar efectos sobre los mercados de crédito y las finanzas públicas, en un contexto de niveles elevados de deuda.
